Cuento
La Búsqueda: Quetzalcoatl en el juego de pelota
Para sorpresa de todos el nigromante y los bufones vencieron a cientos de hombres con la magia de la risa, los enloquecieron y clavaron sobre si sus lanzas.
La Búsqueda: Los rostros de Quetzalcoatl
Xólotl al tomar los huesos creyó vencer a los dueños del oscuro reino, y huyó de Mictlan, transformado en vampiro con garras de águila; logró pasar desapercibido por los nueve guardianes del Reino de la Muerte, pero al ser conocido el robo fue perseguido por un ejército de esqueletos.
Oswaldo Hevia Araujo
El puño de llaves y L’ Bon Homme
Era uno de esos días soleados y con olor a yodo, a Mar Caribe. De pronto, mis padres notaron que no estaba yo por allí, ni dentro ni fuera de la quinta, surgió la desesperación y la angustia que hubiese ido hacia el mar, que estaba precisamente frente a esa plaza.
La Búsqueda: El éxtasis entre sangre y dolor
La causa del viaje decían nuestros maestros que era comercial, desde hacía muchas lunas no se recibían los tributos que se esperaban de las tierras bajas, y en los jardines del Ombligo de la Luna empezaban a escasear los quetzales y los jaguares.
La búsqueda: Tlazolteotl, la diosa de la inmundicia
Nací un día de mal augurio, entre los cincos días nefastos. Esperaron mis padres cuatro días para presentarme a los dioses, vulgar treta de los adivinos para evadir la muerte.
Eduardo Planchart Licea: De palabra en palabra nació “La Búsqueda”
La obra fue reescrita y sintetizada para adecuarla a un formato lo más accesible a cualquier público y cada uno de los 20 capítulos es autónomo.
El Mago de la Niebla: Las capillas del filo del Tisure
Mientras se dormía siguió pensado sobre lo que sabía de la vida de Juan. Comenzó su retiro en El Potrero acompañado de Epifania Gil.
El Mago de la Niebla: Fotografías de Semana Santa en el Tisure
No se quedó tranquilo a pesar de lo ocurrido después de aquella desaparición y aparición de Ramón en la plaza, así que continuó por unos años realizando actos de equilibrista sobre cuerda con su inseparable amigo Ramón Malpica y un mono que le habían traído de las tierras calientes.
El Mago de la Niebla: Alma en pena
Habían oído que camino a Barinitas, por el río de los Muñecos, se llegaba a buenas tierras; fue a principios de siglo, cuando aún se construía la Transandina.
El Mago de la Niebla: El Nono Daniel
Mientras gran parte de la humanidad se preparaba para la destrucción, Juan Félix Sánchez se consagraba a la Virgen y a la creación.
El Mago de la Niebla: La Magia de la Niebla
Era Ramón Malpica. Juan sonreía por el éxito del acto. Al sentir el silencio que lo rodeaba comenzó a sospechar que algo estaba mal, pero no sabía qué era.
El Mago de la Niebla: Ronquidos de cochino
Estas palabras le sonaban muy serias a la gente para un personaje tan estrafalario como el que comenzaba a representar Juan.
El Mago de la Niebla: El ángel que coronaba a Juan Félix Sánchez
Pero cuando salgan del pueblo y vayan a Maracaibo, se darán cuenta de los cambios hasta en la forma de caminar y vestir de la gente.
El Mago de la Niebla: El fluir del Páramo
Entretanto, con sus delgadas piernas hacía unos extraños movimientos como si estuviera danzando al son de una música que él no podía oír.
El Mago de la Niebla: El chamán de Misteque
Tras desahogarse, amainó su furia. Al acercársele Asunción, Juan se abalanzó otra vez intentando atraparlo entre sus brazos. Justamente cuando pensaba que había logrado atraparlo, cayó de sus bolsillos el frasco en el que guardaba el díctamo real.
El Mago de la Niebla: Luna llena de enero
Mientras hablaba don Epifanio a Juan se le ocurrió otro motivo para dibujar en las paredes de su cuarto.
El Mago de la Niebla: Mistajá
En las selvas sagradas, en los adoratorios y en las riberas de las lagunas andinas, los piaches hacían ceremonias singulares a los ídolos, pero la reina continuaba enferma.
El Mago de la Niebla: El venado encantado
—Tú no cambias. Nunca te guardas nada, como buitre todo lo regurgitas. Pero eso sí, cuando estás frente a tu padre no abres la boca para nada, pareces ánima en purgatorio.
El Mago de la Niebla: El ángel exterminador
Las perlas eran comercializadas en Coro, ciudad costera de la Provincia de Venezuela, hasta que no pudo soportar las continuas incursiones de piratas ingleses y holandeses.
El Mago de la Niebla: De la tierra a la luna
Sin saberlo se reconocía en Wecelao, de ahí su resistencia a él y el porqué ocultaba las visiones que lo dominaron a sus compañeros.
