Opinión

¿Y si Cambio? El mundo interior del orador, pilar de éxito profesional

El éxito de un orador que impacta se construye todos los días. No es un destino, es un camino, es la vida misma.  
Yamilet PINTO
sábado, 27 febrero 2021

La oratoria es un arte que se cultiva con el conocimiento y la experiencia. Un arte que inspira respeto y admiración, por todo lo que encierra la responsabilidad de transmitir un mensaje que contribuya a la transformación del ser humano, que inspire, motive y enseñe valores, que despierte consciencia y genere un cambio.

El éxito de un orador que impacta se construye todos los días. No es un destino, es un camino, es la vida misma.

Para quienes sueñan impactar en la vida de alguien, han de saber que al primero que tienen que impactar es a sí mismo, transformar sus creencias, su diálogo interno y comenzar a experimentar la conciencia plena del momento presente, para que su voz, sus palabras y su cuerpo transmitan lo que su ser interno quiere decir.

En este nivel de oratoria el ego no tiene espacio, queda rezagado y solo se permite experimentar el gozo de saber que se está cumpliendo con la misión de vida, con un servicio al bien mayor, con un propósito que va más allá de reconocimientos o aplausos, los cuales son bienvenidos, pero no son el fin último de un orador que busca impactar la vida de alguien.

Elementos del mundo interior del orador

Hablar en público implica una gran responsabilidad, por ello la preparación de orador no debe ser sólo técnica, es imprescindible incluir elementos que contribuyan a una conexión interior, emocional, afectiva y espiritual, para que de esa manera se pueda tocar el corazón del interlocutor con firmeza, gentileza, agudeza y sentido de humanidad.

Para ello, el orador requiere: Humildad, aceptando el rol de servidor y no buscar ser servido, reconociendo con serenidad las propias limitaciones y cualidades. Deshaciéndonos de la arrogancia del ego.

Honestidad, para fortalecer la transparencia de sus palabras, sentimientos, conocimientos y emociones.

Apertura a los cambios, a las circunstancias y al conocimiento, sin resistencias que impidan fluir y avanzar hacia nuevos horizontes.

Conciencia del momento presente, soltando y dejando ir el pasado donde probablemente se experimentaron éxito o fracasos, aceptando la experiencia que ofrece el presente tal cual es.

Amor, por lo que se hace, por lo que se dice, por las personas y por el don de servir.

Sencillez, en las palabras, en la imagen, en el mensaje, lo cual no implica ser soez. Implica soltar la complejidad y dejarnos comprender.

Resiliencia, para tener la capacidad de levantarnos de las consecuencias del miedo oratorio, de las adversidades del pasado y continuar en plenitud.

Confianza en sí mismo y en el proceso, creyendo en que todo cuanto sucede forma parte de la experiencia como ha de ser. Es la certeza de que lo que ocurre sólo es.

Mente de Principiante, con apertura al aprendizaje, con ganas de dejamos sorprender con lo que ocurre y con lo nuevo que podemos aprender, abandonando la creencia de que sabemos todo y que nadie nos puede enseñar algo nuevo.

Paciencia, para vivir la experiencia como es y no como deseamos que sea. Soltando la impaciencia y reconociendo que todo tiene su momento.

Aceptación, con humildad de que lo que es, es. Amando lo que es podemos lograr libertad y tranquilidad

Respeto por nosotros mismos y por nuestra audiencia, eso implica no auto dañarnos, ni dañar al otro con nuestras palabras, gestos o comportamientos.

Compasión, una virtud fundamental para llegar al corazón de la gente. Poderles transmitir nuestra empatía y comprensión libre de juicios.

Conexión espiritual, con esa energía amorosa y compasiva que está más allá de nosotros, reconociendo nuestra grandeza y permitiendo que hablar desde el silencio del amor y de la sabiduría.

Pasos para fortalecer el mundo interior del orador

Lograr conexión con nuestro ser interior pasa por el despertar de la conciencia, hacernos responsables de nuestros pensamientos, emociones y acciones.

Necesitamos ser coherentes entre lo que decimos, sentimos y hacemos. Necesitamos honestidad y transparencia. Esa conexión es sencilla, gentil y sublime y se logra abandonándonos, soltando resistencias y fluir con la vida y nuestra misión como un regalo que se recibe a cada segundo. Es aprender a vivir desde la paz y para la paz.

¿Es imposible experimentar la paz y transmitir un mensaje inspirador desde esa dimensión, en un mundo tan competitivo, exigente, dirigido por el protagonismo, las comparaciones y el hambre de éxito?

Definitivamente no, no es imposible experimentar esa conexión y conocer el poder que tiene el mundo interior del orador, el cual está a su servicio y a su alcance, sólo tiene que quitarle poder al ego, al miedo y a la culpa, y permitirse fluir en misión de vida.

La forma para encontrar ese espacio y hablar desde allí para una mejor conexión con el público es:

1. Meditar todos los días, no antes de hablar en público y con desesperación querer relajar los nervios. No funciona así. Es hacer de la meditación un hábito.

2. Aprender a respirar conscientemente, sintiendo el diafragma y dejándose fluir con el aire y el movimiento consciente.

3. Fortalecer la inteligencia emocional y espiritual, lo cual implica sanar nuestro niño interior, las heridas del pasado, las comparaciones, humillaciones, bullying y cualquier experiencia que haya marcado nuestro desarrollo psicoemocional.

4. Cultivar la espiritualidad, sea cual sea la forma que la valores. Conecta con esa energía poderosa con ejercicios como la contemplación, la gratitud y la compasión.

5. Ponernos en modo “Misión de Vida”, es decir al servicio de los demás y de un mensaje potenciador.

Yamilet Pinto

Psicoterapeuta/Life Coach

@yamiletpinto

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