Opinión

¿Y si Cambio? Decídete a ser feliz y gira entorno al círculo virtuoso de la vida

Entonces, ¿cómo podemos manejar y transformar esa resistencia en una conciencia y experiencia de pleno bienestar interior? La respuesta subyace en cada uno de nuestros pensamientos y acciones.
Yamilet PINTO
sábado, 05 junio 2021

Ser feliz es una decisión que parece cuesta mucho tomar, debido a la tendencia generalizada de enfocarnos más en las experiencias negativa que nos pasan que en lo positivas.

Muchos estudios se han hecho sobre la ciencia, filosofía o psicología de la felicidad y aun no hay respuestas absolutas que nos digan cuál es la receta, el secreto o la llave para sentirla y experimentarla en cada aspecto de nuestra vida. Hay quienes siguen buscando la felicidad fuera de sí mismos, sin saber que la fuente de la misma ya la tienen consigo, que está disponible para todos y que es nuestra resistencia a ella la que nos impide disfrutarla.

Entonces, ¿cómo podemos manejar y transformar esa resistencia en una conciencia y experiencia de pleno bienestar interior? La respuesta subyace en cada uno de nuestros pensamientos y acciones.

Tener claridad ilumina el camino para reconocer la felicidad

La felicidad muchas veces se ha confundido con placer, alegría y fortuna. Sin embargo, cuando se experimenta la plena felicidad nos podemos dar cuenta que la es mucho más que una sensación, una emoción o una percepción subjetiva.

Realmente definir la felicidad también ha sido muy complejo, hay quienes dicen que no existe, que es efímera, no permanente y no duradera.

Pero, ¿Es pasajera la felicidad, no es permanente? La respuesta es simple, depende desde donde se perciba. Si se le percibe sólo desde el placer de un momento, de una comida, de una compañía, de la edad, de la salud, de los bienes materiales, del status o del dinero, la felicidad es pasajera, no permanente y no duradera.

Al pasar los años, perderse la salud, la compañía o el dinero, la felicidad se pierde. Sin embargo, cuando la felicidad tiene un sentido, un significado y un propósito se convierte en un estado de permanente curiosidad, inocencia y bienestar interno, que influye en nuestra conducta y en nuestras respuestas frente a la adversidad.

Una persona feliz que le ha dado sentido y significado a su vida encuentra razones para levantarse cada día y seguir adelante con resiliencia, optimismo y esperanza, aunque las condiciones o circunstancias económicas, laborales, profesionales, de salud, del país o del clima no sean las deseadas.

Su conducta es adaptativa, no lucha ni se resiste a los hechos.

Una persona feliz:

• Agradece cada experiencia de su vida y las bendiciones que ha recibido.

• Deja ir en lugar de retener o apegarse.

• Refuerza sus fortalezas, cualidades, habilidades y capacidades.

• Aprende de sus errores, lo cual significa que se equivoca, no es perfecta, ni se culpa por lo que no fue. Suelta los deberías, los debí o los no debería o no debí. Simplemente acepta los hechos tal cual fueron y sabe que hizo lo mejor que pudo.

• Perdona a quienes en algún momento haya creído le hizo daño.

• Valora el pasado y le agradece sus aprendizajes, no lo niega, rechaza ni juzga;

• Conscientemente, se protege a sí misma y a los demás, cuidando su salud y la de quienes le rodea.

• Es capaz de afrontar riesgos y aunque tema da el primer paso.

• Enfrenta las conversaciones difíciles con Inteligencia Emocional.

• Es honesta y asume las consecuencias de sus actos;

• Reconoce que su felicidad no depende del clima, las circunstancias, las personas ni de la cantidad de ceros que tenga su cuenta.

Por muy subjetivo que parezca, la felicidad es una decisión

La vida está conformada de experiencias, que, según nuestro patrón mental, las valoraremos como buenas o malas, negativas o positivas. Son estos pensamientos los que determinarán la percepción de bienestar que podamos experimentar en la vida, los que definen nuestras emociones, nuestras conductas y por ende nuestros resultados.

Puede ser un circulo vicioso o virtuoso. Si nuestros pensamientos son principalmente negativos, limitantes y paralizantes, nuestras emociones transmitirán estados internos de igual dimensión, tristeza, angustia, miedo, frustración y rabia; de donde se desprenden conductas de agresividad, violencia, impotencia, conformismo o parálisis ante la vida, no se toman decisiones, no se acciona, se vuelve la vida una rutina y un cúmulo de quejas y sinsabores; y por ende los resultados son sueños truncados, metas no logradas, enfermedad, relaciones tóxicas, mala comunicación consigo mismo y con el entorno, la percepción es de “el mundo contra mí, por eso todo me sale mal”.

Mientras que, si nuestros pensamientos son positivos, esperanzadores, resilientes y motivadores, siempre tendremos una actitud distinta hacia la vida, experimentando emociones como la alegría, la satisfacción de lo alcanzado, la gratitud por lo que se tiene, las ganas de seguir adelante, motivados, inspirados por nuevas experiencias y donde se reconoce que la culpa es una pérdida de tiempo, que desgasta y limita, por lo cual se decide aprender de los errores, perdonar y perdonarse a uno mismo, para de manera consciente ser mejor; de donde se desprenden conductas positivas, proactivas, de contribución, apoyo y ayuda a otros, estudiando nuevos aprendizajes para ser mejores personas, mejores profesionales, trabajando con entusiasmo y compromiso, resolviendo los desafíos de los nuevos tiempos, con un estado de salud en permanente revisión, cuidados y bienestar físico, mental y espiritual; y donde los resultados son incuestionables, proyectos logrados y en permanente desarrollo, trabajo en disfrute y un proyecto de vida claro e inspirador.

No hay límites, no hay recetas, decídelo porque sí. No sigas resistiéndote a tu derecho de nacimiento, la felicidad.

Licda. Yamilet Pinto

Psicoterapeuta

Coach de Vida

@yamiletpinto

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