Opinión

¿Y si Cambio? No volvemos a la normalidad, volvemos transformados

El trabajo no puede ser simplemente un refugio para evadir la realidad o un piloto automático para pagar cuentas.
Yamilet Pinto
jueves, 09 julio 2026

No volvemos a la normalidad, volvemos transformados

Apenas han pasado unas semanas desde que la tierra se movió bajo nuestros pies, fracturando no solo las paredes, sino también nuestros cimientos internos. Hoy, mientras los comercios vuelven a abrir sus santamarías, las oficinas retoman sus horarios y los emprendedores se reactivan, escucho repetidamente esta frase: «Es hora de volver a la normalidad».

Y cada vez que la escucho, siento un corrientazo en la cabeza y me pregunto ¿Normalidad?

¿Qué es la normalidad? ¿De verdad creen que podemos volver a ser igual? Definitivamente, no podemos volver a la normalidad. Quien pretenda regresar exactamente al mismo punto donde estaba antes del 24 de junio, definitivamente no ha entendido nada de lo que pasó dentro de nosotros.

La trampa de la “normalidad”

La normalidad es un analgésico que inventa la mente para evadir el impacto de lo vivido. Pero tras haber transitado por el “infierno” de la incertidumbre, el miedo a las réplicas y el tremendo dolor que causa ver a tantas personas en refugios o carpas, regresar idénticos sería un insulto a nuestra propia capacidad de evolucionar.

¡No estamos volviendo a la normalidad; estamos regresando TRANSFORMADOS!

Una cosa es retomar el trabajo y la rutina, y otra muy distinta es hacerlo con los mismos ojos. El trabajo no puede ser simplemente un refugio para evadir la realidad o un piloto automático para pagar cuentas. Hoy, el trabajo tiene que ser redefinido como una nueva forma de vivir y de dar. Tu oficina, tu taller, tu aula de clases o tu negocio son un espacio sagrado de restauración, donde puedes centrarte en hacer lo mejor que sabes hacer para contribuir al crecimiento de un país que nos necesita enteros, no rotos.

Reencuadrar el dolor para darle sentido

Tenemos mucho dolor, sí. Negarlo sería absurdo y contraproducente para nuestra salud mental y biológica. Pero la propuesta no es quedarnos a vivir en el lamento, sino ser lo suficientemente dúctiles —flexibles como el buen acero— para seguir adelante aun con el dolor a cuestas.

¿Cómo se logra esto? La Psicología y la Psiconeuroinmunología coinciden en un factor clave: el reencuadre y la búsqueda de sentido. El sufrimiento humano se vuelve intolerable cuando es estéril. Pero cuando decidimos darle un propósito a lo acontecido, el dolor se transforma en combustible. Darle sentido a esta experiencia es entender que cada minuto de vida que se nos otorgó es una responsabilidad. No nos salvamos para quejarnos por lo mismo de siempre; nos salvamos para valorar lo que realmente es importante.

El verdadero cambio empieza ahora, en lo más pequeño: No podemos controlar las placas tectónicas, pero sí tenemos el control absoluto sobre cómo elegimos levantarnos cada mañana a partir de hoy.

El camino de la transformación: Volver a la vida

Si no es normalidad, ¿a qué volvemos? Volvemos a la vida. Y este regreso consciente no requiere de grandes hazañas, sino de tres herramientas cotidianas y al alcance de todos:

  • Agradecer: El agradecimiento no es un optimismo ciego; es un acto de justicia biológica y espiritual. Despertar en una cama, tener un techo y poder abrazar a los tuyos hoy es un milagro tangible. Agradecer calma el sistema nervioso y apaga la hormona del estrés.
  • Orar: Independientemente de tus creencias particulares, la oración es el espacio donde depositamos la impotencia y recuperamos la fe. Es recordar que somos parte de algo mucho más grande que nuestros miedos.
  • Valorar las pequeñas cosas: Un café caliente por la mañana, la sonrisa de un hijo, el saludo de un vecino. La felicidad y la resiliencia nunca estuvieron en las grandes certezas materiales —esas que se pueden esfumar en segundos—, sino en la belleza de lo cotidiano.

Modificar nuestras rutinas y adoptar nuevas formas de convivir es el aprendizaje definitivo que nos deja esta sacudida. Venezuela no se va a levantar desde la parálisis de la culpa o el molde de la vieja normalidad. Se va a levantar cuando cada uno de nosotros decida cruzar el puente de la transformación personal.

Te pregunto, mientras te reincorporas a tus labores: ¿Y si en lugar de pedir que todo vuelva a ser como antes, elegimos ser mejores, más humanos, más despiertos y más entregados?

El suelo ya dejó de temblar; ahora nos toca empezar a construir.

Yamilet Pinto

FPV. 16.092

@Yamiletpinto

 

Ten la información al instante en tu celular. Únete al canal de Diario Primicia en WhatsApp a través del siguiente link: https://whatsapp.com/channel/0029VagwIcc4o7qP30kE1D0J

También estamos en Telegram como @DiarioPrimicia, únete aquí: https://t.me/diarioprimicia

Lea También:
error: