Opinión

El Esequibo (III)

Se trata de un Territorio que tiene costas frente al Océano Atlántico y que en sus mares territorial y patrimonial tiene vastos yacimientos de petróleo liviano y gas.
viernes, 10 julio 2020

Extensión e importancia
Cuando hablamos del Territorio Esequibo no estamos hablando precisamente de un trocito de tierra situado en el extremo oriental de nuestro país, con cara al océano Atlántico. Para tener una idea del tamaño de este Territorio que estamos reclamando como nuestro, basta decir que en su extensión de 159.542 kilómetros cuadrados caben los estados Táchira, Mérida, Trujillo, Zulia, Portuguesa, Lara, Falcón y Yaracuy, y aún quedaría espacio para agregar los 433 kilómetros cuadrados del Distrito Capital. Igualmente, el Esequibo equivale a la superficie conjunta de Austria y Portugal. Pero no se trata solo de su gran extensión, sino de su gran riqueza en recursos naturales, y su importancia estratégica para Venezuela, porque se trata de un Territorio que tiene costas frente al Océano Atlántico y que en sus mares territorial y patrimonial tiene vastos yacimientos de petróleo liviano y gas. Para Guayana se abriría la posibilidad de llevar una línea férrea hasta la costa en la región de Barima, en el norte del Esequibo, y embarcar allí sus productos en un muelle de aguas profundas, obviando el alto costo y riesgo que significa la navegación por el Canal del Orinoco, que limita el paso solo a buques de mediano calado y capacidad. Aparte de las Bocas del Orinoco en el estado Delta Amacuro, Venezuela no tiene fachada atlántica, porque el acceso a Punta Barima, en el extremo más oriental del país, está muy limitado por el altísimo costo que implicaría construir una carretera en una zona cenagosa y llena de caños y ríos, y que además, por la característica de su costa, complicaría mucho la construcción allí de un muelle de aguas profundas.

La Rebelión de Rupununi
El 2 de enero de 1969, varios ganaderos y grandes productores agrícolas de la región esequiba de Rupununi, con el apoyo de sus trabajadores y varios centenares de indígenas, apresaron a los representantes del gobierno, declarándose independientes de Georgetown y pidiendo el apoyo militar de Venezuela. La líder de ese movimiento fue Valery Hart, que se autoproclamó Presidenta del Estado Libre del Esequibo. Los historiadores le han dado diversas causas a ese levantamiento, entre las que figura en primer lugar la incertidumbre acerca de la titularidad de sus tierras por parte de los productores agropecuarios, debido a que el gobierno no accedía a darlas en arrendamiento ni a venderlas, aparte del anuncio de que llegarían agricultores de Jamaica y Barbados, llevados por el gobierno, para explotarlas. A ello se suma la protesta por los altos impuestos, y la defensa de mayores derechos para los amerindios, todo lo cual configuró un escenario propicio para que, al amparo de la disputa con Venezuela por el Esequibo, estallara la rebelión. Valery Hart declaró que el Esequibo es venezolano y Guyana acusó a Venezuela de haberle dado armas y dinero para la sublevación. El gobierno de Georgetown movilizó policías y militares y a los dos días ya la rebelión estaba controlada, con el apoyo de avionetas artilladas, desde las cuales se masacró a los sublevados. De los varios cientos de rebeldes, hubo entre 70 y 100 muertos, casi todos de la etnia Makushi, y 150 prisioneros de esa etnia y de la Wapishana. Algunos cientos se internaron en la selva y escaparon, de los cuales 120 lograron llegar a territorio venezolano y fueron alojados en albergues en San Ignacio de Yuruaní, Las Claritas y San Martín de Turumban, en el sur del estado Bolívar. Luego se supo que Brasil había movilizado tropas hasta la frontera con Venezuela, Guyana y el Esequibo, en respaldo de Georgetown, que probablemente haya sido lo que determinó que el canciller de entonces, Ignacio Iribarren Borges, declarara que Venezuela no estaba involucrada ni aprobaba la Rebelión de Rupununi. Circularon numerosas versiones en el sentido de que el gobierno de Raúl Leoni se había comprometido a apoyar esa acción, pero que luego se retractó y los dejó solos. Valery Hart, junto a su esposo Jinmy, lograron llegar a salvo hasta Ciudad Bolívar

Valery Hart
Esta valerosa mujer debería ser considerada una heroína, por haberse declarado en rebeldía contra el gobierno de Guyana, declarando el Territorio Esequibo como venezolano. Su figura estará siempre ligada a nuestro reclamo, porque aparte de otras motivaciones para esa rebelión, se puso al lado de Venezuela y arriesgó sus propiedades y su vida. Valery nació en Rupununi en el año 34, de la etnia Wapishana, y adoptó el apellido de su esposo, el aviador Harry “Jinmy” Hart. Ambos eran dirigentes del Partido Amerindio de Guyana, que defendía mayor protagonismo de esa población en las decisiones políticas, contra el centralismo de Forbes Burnham, que favorecía a los afroguyaneses. Al ser derrotada la rebelión, Valery y su esposo lograron escapar a suelo venezolano y llegaron a Ciudad Bolívar en donde estuvieron unas semanas. Posteriormente estuvieron varios meses en Caracas solicitando apoyo para regresar a Rupununi, pero no lo lograron. Se fueron a Texas y posteriormente a Canadá, pero no se sabe si ella aún vive, ni dónde, a sus 86 años de edad.
Potencial agropecuario
Casi todo el Esequibo tiene en cierta forma vocación agropecuaria, pero de manera particular las tierras del sur tienen todas las características necesarias para la siembra y la cría, con buen clima, fertilidad y agua abundante. Las llanuras y piedemonte de la región de Rupununi, con 15.000 kilómetros cuadrados, son tierras parecidas a las zonas productoras de Portuguesa y Trujillo. Su clima puede permitir dos cosechas anuales de ciclo corto, porque tiene dos períodos de lluvia, uno entre diciembre y febrero, y el otro desde mayo hasta agosto. En las zonas selváticas hay lluvias todo el año, con intermitencias entre lloviznas y aguaceros fuertes, incluso con inundaciones de zonas bajas. La población de Guyana está concentrada básicamente en el norte del país, en y los alrededores de la su capital Georgetown, por lo que no explotan el potencial agropecuario de su región sur. Los bosques del Esequibo tienen millones de metros cúbicos de maderas finas, que están siendo explotados y exportados básicamente a Europa y Asia, mediante contratos otorgados ilegalmente por el gobierno a varias transnacionales europeas.

Represas hidroeléctricas
Los ríos del Esequibo tienen diversas caídas, aptas para el aprovechamiento hidroeléctrico, y el gobierno de Guyana tiene varios proyectos al respecto, todos por supuesto ilegales porque se trata de nuestro territorio. El más importante es una represa hidroeléctrica en los ríos Amaila y Kunbrong, en el sitio de las cataratas de Amaila, cerca de la confluencia de ambos cursos de agua. Eso está ubicado en el centro del Esequibo, en la región Cuyuni Mazaruni. El Kunvrong y el Amaila tienen un caudal promedio anual de 64 metros cúbicos por segundo, y en unos 20 kilómetros el desnivel es de 365 metros, de los cuales aproximadamente 70 metros están en las propias cataratas, de una gran belleza natural. El proyecto tendría un costo de 1.000 millones de dólares, para generar 154 megavatios que abastecerían el 90 por ciento del consumo de Guyana, que actualmente es generado en plantas termoeléctricas, cuyo combustible y mantenimiento le cuesta 200 millones de dólares anuales. El financiamiento estaba siendo gestionado ante el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Chino de Desarrollo. En 2015 Noruega le transfirió 80 millones de dólares al BID para cofinanciar este proyecto, cuyo contrato de construcción le había sido otorgado a la constructora Sithe Global. No hubo acuerdo político para la obra y en diciembre de 2019, luego de varias prórrogas, ese dinero fue devuelto a Noruega. El proyecto está paralizado, pero la empresa estatal Guyana Energy Agency sigue insistiendo en su construcción. El gobierno invirtió 6,3 millones de dólares en una carretera desde Linden, en Guyana, hasta Amaila, para facilitar la construcción de la central hidroeléctrica, lo que provocó una invasión de mineros ilegales que explotan bullas de oro y diamante en ese trayecto, así como la destrucción de los bosques, por madereras transnacionales. Aparte del de Amaila, hay otros dos proyectos, promovidos por el gobierno de Brasil, denominados Tumatumari y Moco Moco, ambos en el Esequibo, y paralizados.

(En la próxima entrega, este domingo; la ExxonMobil se lleva
nuestro petróleo)

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