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La Búsqueda: El fin de la búsqueda

Llegó el momento esperado, debemos sacar la piedra de jade de las aguas del lago, para que nos revele sus secretos.
domingo, 24 abril 2022
Cortesía | El grito de guerra de Huitzilopochtli y sus guerreros

Solamente yo, Coaxonehuatl, podía descifrar el calendario y las profecías que se escondían en el lago del templo. Por esa razón había regresado de mi peregrinación. Pasé la mayor parte de mi vida preparándome para descifrar esos signos en lejanas tierras, hasta que finalmente los sabios del mayab, de las húmedas selvas, y de las cordilleras me hicieron comprender que las respuestas que buscaban nuestros sabios y Moctezuma estaban enterrados en el ombligo del lago del Xochipilli, enmascarado ocultaba su verdadero rostro y sus verdades.

Y por eso estaba en la orilla del lago cubierto de polvo, cuando la muerte me persigue. Estaba rodeado de los devotos del Dios. Sus rostros extáticos, no pertenecían a la tierra. En esos momentos vivían entre realidades. El amor parecía desbordarse. Las verdades que le habían sido reveladas las cantaría el pueblo en sus faenas.

Con paso lento, pero seguro, me fui acercando al lago, los devotos se apartaban al sentir mi cercanía. Al adentrarme en la orilla, volví el rostro al Sol, extendí los brazos y exclamé:

-En las cordilleras del Sur viven los Máma Kogi, ellos dicen que el mundo está cambiando y lo que existe hoy quizás no exista mañana. No será fácil distinguir el camino a tomar entre Mu y Se,

la derecha y la izquierda, el bien y el mal,

la vida y la muerte se mezclarán.

Será difícil encontrar el justo camino.

Aún más al Sur, donde las aguas templadas de la mar dominan y las llanuras selváticas gobiernan los Karaí, Tupi-guaraní que recorren esas tierras y son recibidos con palmeras a sus pies, mientras sus palabras son esperadas con angustia, en su búsqueda de la Tierra sin Mal, huyen del Uno y dicen:

Debemos desprendernos de las impurezas del cuerpo y el alma.

Es Tiempo de comenzar la peregrinación a la Tierra sin Mal.

Las cuatro palmeras que sostienen la tierra tiemblan,

debemos encontrar el lugar donde crece la quinta palmera.

Ella es el ombligo de la tierra.

El único sitio seguro para las tormentas que se acercan.

Solamente a través de la danza, la oración, el ayuno, y la compasión

se nos abrirán las barreras de la Tierra sin Mal.

Llegó el momento esperado, debemos sacar la piedra de jade de las aguas del lago, para que nos revele sus secretos. Al oír esto, los guardianes se acercaron a la orilla y extrajeron varias gruesas cuerdas, que jalaron con todas sus fuerzas para hacer surgir la piedra de las profundidades.

Al desvelarse el ombligo de jade, su forma semejaba el hinchado vientre de una madre pronta a dar a luz. Su superficie se encontraba cubierta de ideogramas, glifos y altorrelieves. Los guardianes del lago dejaron de tirar de las cuerdas y comenzaron a introducir en las aguas del lago el tronco de un árbol herido por los rayos de Tlaloc, sobre él que caminé hasta llegar a la piedra. Cuando comencé a descifrarla, mi cuerpo entró en tensión. Mis manos y mis ojos la escudriñaban minuciosamente, finalmente decidí hablar a los devotos de Xochipilli.

La piedra trae tristes nuevas.

Las mazorcas de maíz se pudrirán en lugar de madurar.

Las aguas infectadas sembrarán la muerte,

los sacerdotes y sacerdotisas invocan a la Gran Madre,

para que surja la gran boa y destruya el mal.

Se anuncia el fin de Era

Las ceibas sagradas están muriendo,

el último pilar del mundo que se mantiene rige el Sur.

Será el fin del dominio de los nahuas y de sus guerras floridas.

Así como del presuntuoso inca.

Debemos prepararnos para el fin de la Era,

espadas desconocidas mortíferas como el fuego,

traerán entre sus manos los hombres de la cruz enhiesta.

Llegarán en el katún 13 Ahua.

No llegará Quetzalcóatl sino un impostor

Sólo muerte y desolación traerán.

La sangre cubrirá la tierra,

el grito de Huitzilopochtli y sus guerreros no se volverá a oír.

Solo sangre cenizas, y dolor traerán,

los nuevos regentes.

La Diosa triple esconderá su rostro,

y en su lugar regirá un Dios sacrificado en una cruz.

En nombre de su cruz traerán la muerte

Las artes, los cantares serán olvidados.

Dominará el hijo crucificado y su madre

Solo sobreviviremos si antes de su dominio

Son sembradas las semillas de las ceibas sagradas,

Las semillas están en poder de la encarnación de la Diosa, nuestra Xóchitl

Ella las sembrará con sus virginales manos,

para que las profecías se cumplan…

El grito de guerra de Huitzilopochtli y sus guerreros.

no se volverá a oír…

El nuevo regente de la era, traicionará

Sus enviados traerán elocuentes palabras,

sólo destrucción y muerte traerán el año 1 acatl.

Los templos con sangre y dolor serán barnizados,

sus paredes derrumbadas y sus dioses mancillados,

todo esplendor será una lejana memoria.

La tierra será herida por la sangre de sus hijos.

Los sabios morirán entre hogueras junto a sus pliegos,

no volverá a oírse el batir de las hojas entre sus manos.

Nada escapará al amoroso abrazo de la cruz y la espada.

Los signos y las palabras de las profecías de la Diosa están esculpidos por los ancestros en el ombligo del lago cubierto de glifos que no hablan de un renacer como sería el retorno Quetzalcóatl, sino de una era proclamada en nombre del amor, pero que traerá muerte. Sobrevivirán los que logren escapar con Xochitl a las tierras del Sur. Son profecías desgarrantès que harán huir de mí el último soplo de vida. Intentó penetrar los hilos del futuro, pero se muestran sus nebulosas barreras.

Mi único alivio es saber lo vasto del universo y conocer que nuestro mundo es un pequeño fragmento de él, tras la ilusión de fugacidad que es la vida se encuentra la eternidad. Solo me ha abierto sus puertas de vez en vez, experiencias que atesoré amorosamente y ahora que seré arropado por ella por siempre, junto a la gran Ceiba, doy gracias a la vida por toda la alegría y el dolor que me dio. Retornan a mí los versos de un devoto canto a la eternidad cuando el cantor, comprendió que la muerte solo era un retornar al vientre de la tierra, para devolver lo que se había tomado de la madre tierra.

Si pudiera atar en un collar

los instantes en que me ha tocado la eternidad

momentos donde el tiempo se quebraba

y la eternidad invadía mi ser.

Si pudiera tener ese collar

Con qué amor te lo daría…

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