Opinión

¿Y si Cambio? ¿Y si la depresión es un llamado a escucharte?

Cada 13 de enero conmemoramos el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión y me llama la atención que muchos todavía creen que estar deprimido es solo 'estar triste'.
Yamilet Pinto
jueves, 15 enero 2026

Cada 13 de enero conmemoramos el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión y me llama la atención que muchos todavía creen que estar deprimido es solo ‘estar triste’, pero la realidad es más profunda. Es un estado donde nuestro sistema nervioso entra en modo de ‘ahorro de energía’ porque se siente agotado de luchar y agobiado por no encontrar una salida.

Cuando estamos deprimidos, se  debilita nuestro sistema inmunológico y por ende, nos enfermamos con más frecuencia, perdemos la fuerza y el mundo se siente pesado. Lejos de ser ‘falta de voluntad’ o ‘no echarle ganas’ —como muchos juzgan a la ligera—, es en realidad un cuerpo gritando por una pausa.

¿Te has detenido a pensar que tu cuerpo te habla a través de sus síntomas? Si fueras un carro, la depresión es esa señal en el tablero que te avisa que lo estás corriendo sin aceite; no es que el motor no quiera andar, es que no tiene con qué.”

 

Las raíces invisibles y temores sembrados

A veces, la depresión no es por lo que se vive hoy, sino por lo que no se sanó ayer. Esas heridas ‘olvidadas’ que aún duelen en silencio se resumen en tres raíces:

  1. Rechazo o abandono: El vacío de un padre ausente o la frialdad de una madre desconectada, crean la falsa creencia de que no somos suficientes o que otros siempre son más valiosos.
  2. Maltrato infantil: Crecer entre gritos y críticas configura un cerebro adulto inseguro, que se siente ‘poco merecedor’ de alegría porque aprendió que nada de lo que haga es suficiente.
  3. No aceptación: Pelearte con tu historia preguntando ‘¿por qué a mí?’ genera un desgaste inmenso. No aceptar el pasado es cargar una mochila de piedras que, tarde o temprano, termina en depresión.”

 

Temor a la soledad, otra arista de la depresión

Crecimos con la idea de que ser independiente era sinónimo de soledad, y que solo la vida en pareja garantizaba la plenitud. En medio de ese conflicto, el tiempo pasa y, al no concretarse una relación, aparece el miedo.

Quiero que sepas que el sufrimiento no nace de la soltería, sino del pensamiento catastrófico que construimos sobre ella. Al repetirte ‘me quedaré sola (o)’, activas una alarma de peligro constante en tu cerebro. Esa ansiedad por el futuro te roba el presente y, paradójicamente, te desconecta de los demás.

 

Cuando la incertidumbre se convierte en huésped

La depresión se nutre de escenarios internos, pero también de los externos. No podemos ignorar el contexto país: cambios bruscos y crisis económicas que quitan el sueño. Sentir miedo es una respuesta natural del sistema nervioso ante la inestabilidad, y el desafío es no permitir que la crisis externa gobierne la paz interna.

 

¿Cómo empezamos a sanar?

Sé que cuando te sientes en el fondo del pozo, cualquier escalera parece demasiado alta. Pero te aseguro que el sistema nervioso tiene una capacidad asombrosa de cablearse de nuevo, por su neuroplasticidad.

Te comparto algunas herramientas que trabajamos para salir de esta oscuridad:

  • Identifica el “ruido” mental: empieza a cuestionar lo que te dices. Cuando aparezca el “siempre estaré sola” o “no sirvo para nada”, detente y pregunta: ¿Es esto verdad o es mi herida hablando por mí? Los pensamientos son solo eventos mentales, no sentencias de vida.
  • Introduce el Mindfulness: Aprende a respirar de forma consciente durante el día.
  • Reconcíliate con tu historia: Acepta lo vivido, deja de esperar que el pasado cambie para que puedas ser feliz. La aceptación es la llave que abre la prisión del dolor.
  • Alimenta tu química interna: camina 15 minutos bajo el sol de la mañana (vitamina D) y busca conexión humana genuina. Abraza por 20 segundos y libera oxitocina, medicina natural contra el cortisol.

Para cerrar, te invito a cerrar los ojos, poner una mano en tu pecho y respira profundo. Al inhalar, siente cómo el aire llega a tu abdomen; al exhalar, suelta la tensión de los hombros. Esto le dice a tu sistema inmunológico y nervioso: “Estamos a salvo, puedes dejar de pelear”. ¿Qué tal eso?

Yamilet Pinto

Psicóloga

FPV. 16.092

@Yamiletpinto

yamipinto@gmail.com

 

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