Opinión

¿Y si cambio… el silencio por palabras que salvan?

En nuestro contexto actual, donde el estrés parece ser el aire que respiramos, es vital entender que la salud mental no entiende de éxitos externos, sino de equilibrios internos.
Yamilet Pinto
jueves, 09 abril 2026

¿Y si cambio… el silencio por palabras que salvan?

Hay silencios que aturden. A veces, en nuestra comunidad, nos enfrentamos a noticias que nos dejan sin palabras, recordándonos la fragilidad de la vida y la complejidad de la mente humana. Son momentos donde el dolor colectivo se siente en el aire y las preguntas sobran. Sin embargo, en lugar de buscar explicaciones externas, hoy los invito a una reflexión integral: a mirar hacia adentro y hacia quienes caminan a nuestro lado.

Desde la Psiconeuroinmunología, sabemos que el ser humano es una unidad indisoluble. Lo que callamos en la mente, el cuerpo lo procesa como una carga biológica. En nuestro contexto actual, donde el estrés parece ser el aire que respiramos, es vital entender que la salud mental no entiende de éxitos externos, sino de equilibrios internos.

La depresión silente

Desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), entendemos la depresión no solo como tristeza, sino como una tríada de visión negativa sobre uno mismo, el mundo y el futuro. En este sentido, la  llamada “depresión silente” o de alta funcionalidad es particularmente compleja, ya que en medio de ella la persona mantiene sus responsabilidades, sonríe y alcanza metas, pero internamente experimenta un agotamiento profundo y una desconexión emocional. No es que la persona “mienta”, es que ha desarrollado una estructura cognitiva de supervivencia para no defraudar las expectativas de quienes le rodean.

Sus síntomas varían, desde una inflamación sistémica (dolores crónicos sin causa física), pasando por alteraciones del sueño y del apetito hasta la anhedonia (incapacidad de sentir placer). Aunque la pueden vivir ambos sexos, es más frecuente en el sexo masculino, debido a sesgos culturales, donde la depresión masculina suele “disfrazarse” de irritabilidad, ira, abuso de sustancias o exceso de trabajo. El hombre suele pedir menos ayuda, lo que eleva peligrosamente la letalidad en sus intentos de autolesión y con ello aumenta también la sensación de culpa de familiares o amigos.

El duelo por la Culpa: “No lo vimos venir”

A las familias y amigos que hoy se preguntan “¿Cómo no me di cuenta?”, les digo “No se castiguen: La depresión clínica es una enfermedad, no una falta de atención”.

La depresión silente está diseñada, precisamente, para no ser vista, de manera que la culpa es una distorsión que nos hace creer que podíamos controlar lo incontrolable. La mente humana tiene recovecos que a veces son invisibles incluso para los ojos más amorosos. No te culpes por no haber visto lo que estaba destinado a ser privado. Ten compasión de ti y reemplaza el “por qué no hice” por “qué puedo hacer hoy“, esto implica psicoeducarnos para que otros no pasen por lo mismo. Así que, si sientes que la esperanza se agota o conoces a alguien en esta situación, busca ayuda profesional de inmediato. Necesitamos romper el silencio y el estigma, además:

  • Haz exposiciones al sol matutino, durante 10 a 15 minutos y regula la melatonina y la vitamina D, claves en el estado de ánimo.
  • Dentro de tus posibilidades, prioriza alimentos reales sobre procesados. Esto es lo que se conoce como Alimentación antiinflamatoria, donde el eje intestino-cerebro es vital; recuerda que un intestino inflamado envía señales de depresión al cerebro.
  • Haz micro-descansos de noticias, el cerebro venezolano necesita períodos de “ayuno de crisis” para permitir que los niveles de cortisol desciendan.

¿Qué más podemos cambiar hoy?

A veces, quienes parecen más fuertes, más funcionales o más exitosos, son quienes cargan con las mochilas más pesadas en absoluta soledad. Viven una batalla silente. ¿Y si cambiamos la idea de que “poder con todo” es la meta? La verdadera fortaleza no radica en no quebrarse, sino en tener la valentía de decir: “Hoy no puedo solo”.

  • Cambiemos el juicio por la curiosidad: En lugar de asumir que alguien está bien porque “lo tiene todo”, preguntémonos genuinamente cómo late su corazón hoy.
  • Cambiemos el silencio por la red: Construyamos redes de apoyo donde sea válido estar triste, estar agotado o estar confundido.
  • Cambiemos la espera por la acción: No esperes a tocar fondo para buscar un espacio terapéutico. La prevención es el acto de amor propio más grande que existe.

Que este momento de reflexión nos sirva para recordar que nadie debería caminar solo en la oscuridad. Siempre, absolutamente siempre, hay una mano dispuesta a sostener la lámpara.

Psicóloga Yamilet Pinto

FPV. 16.092

@Yamiletpinto

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