Opinión

Semana Santa en El Callao

Se veían desfilar a los hombres antillanos y su descendencia que iban a misa vestidos de blanco impecable, los criollos con sus Liquiliquis (el blanco representaba la honestidad y honorabilidad de los hombres) y sus sombreros Fedora hechos a mano, con acabados exquisitos.
domingo, 26 febrero 2023

Historias de mi pueblo y sus personajes

¡Soy una cuentacuentos de mi pueblo El Callao…!

“Un árbol sin raíces, la tormenta hace leña de él”

El Martes de Carnaval a las 12 de la noche se silenciaba el Tambor de Calipso, y daba paso a la Solemnidad de la llegada de la Cuaresma, ese pueblo que era un total volcán el día anterior, el Miércoles de Cenizas estaba en total silencio, las calles vacías, solo algún rezagado que corría para alcanzar el Expreso El Callao, o La Cochinera que seguro lo llevaba a su destino final.

Esa afluencia de distintas tradiciones que hicieron de El Callao un pueblo inmensamente rico culturalmente se conjugaban en este periodo, la Cuaresma, los 40 días previos a la Semana Santa, donde los callaoenses se preparaban espiritualmente para reconciliarse con Dios, pedir perdón por los pecados,  era el símbolo de la tristeza, el dolor, la penitencia, el duelo y el sacrificio, por esos motivos, no se escuchaba el Tambor de Calipso, no se celebró nunca  una Octavita de Carnaval como en otras partes del mundo. Cuentan que muchos iban al “Cerro El Papelón” y “Cerro El Brujo” a realizar ayunos y penitencias.

Se veían desfilar a los hombres antillanos y su descendencia que iban a misa vestidos de blanco impecable, los criollos con sus Liquiliquis (el blanco representaba la honestidad y honorabilidad de los hombres) y sus sombreros Fedora hechos a mano, con acabados exquisitos.

Las Madamas desfilaban con sus mejores atuendos donde predominaba el color morado, sombreros importados o hechos a la medida muy lujosos con influencia directa de Francia e Inglaterra, con sus libros de “Himnos Religiosos” y los “Rosarios” más hermosos, elaborados por los orfebres de El Callao con el Oro sacado de lo más profundo de nuestras tierras. Las mujeres criollas lucían sus “Mantillas” o “Velos” muy a la usanza de España, que llevaban en sus hombros hasta llegar a la Iglesia.

En ese mestizaje cultural, se arraigaron los Juegos Tradicionales Venezolanos, muchos de ellos creados por los Indígenas y llevados a El Callao por los Criollos.

El único bullicio que se escuchaba era el de los niños y muchachos corriendo después de la escuela para jugar con sus Trompos, en los diferentes barrios se formaba La Troya que era uno de los juegos más populares para el trompo. Se lanzan varios trompos en “La Troya”, circulo donde se bailaban los trompos y de donde no debían salir, la idea era hacer salir al compañero del círculo o dejarlo muerto de un golpe, cada grupo establecía sus reglas de juego. También se veían recorrer un gran círculo que ocupaba prácticamente todo el barrio, dando vuelta a la cuadra, llegar a la Plaza Bolívar, hasta que se destruía completamente el trompo perdedor.

También se jugaba Quiminduñe, con Pararas (metras de color negro del árbol de Parapara) Se cruzan las manos hacia adelante con los puños y la otra con una sola mano empuñando la cantidad de paraparas que se desean, luego se pregunta ¿pares o nones?, Si adivina “Pares” y acierta, ganarás todas las paraparas, pero, caso contrario tenían que pagar la cantidad de paraparas escondidas. Quiminduñe, Abre el puño, ¿Sobre cuánto?

Existían tres Arboles de Parapara muy famosos, uno quedaba en la Calle Grateux, dándole el nombre a un popular Negocio llamado “El Paraparo”, La Gran Parapara de la Plaza Bolívar y un árbol muy popular que estaban en un Callejón que existía entre La Ferretería El Maratón y la Casa Familiar Azuaje. Las niñas y adolescente jugaban con sus Zarandas (se elaboraban con las Calabazas de Zaranda un árbol rastrero toxico que se da cerca del rio, se le sacaban las semillas y con un clavo caliente abrían un hueco y colocaban una punta con la que se bailaba), las que trataban de romper los niños con sus trompos y los Gurrufios, dos chapas metálicas conectadas con un hilo.

Era muy común en esta época las competencias de “Perinolas” y los “Voladores”, los que se elevaban en las zonas cercanas al Río Yuruari, en La Chalana, en Puente sobre el Río, o en el Sector Los Próceres, todo esto debido a las corrientes de aire que se forman en esas zonas, los Hilos Elefante N°8 se agotaban por ser el más fuerte, y la idea era colocar hojillas en las colas de los voladores y colearlos hasta lograr cortar al contrario para que cayera.

Posteriormente se realizaron competencias de Voladores en el Estadio Héctor Thomas de El Callao, donde existe una anécdota de un Volador de gran tamaño, elaborado por los vecinos del Sector La Zona, fue tan fuerte el viento y el tamaño, que se estaba llevando por los aires al popular vecino “La Perla”, más de diez hombres trataron de sostenerlo para que no se lo llevara, lograron amarrar el “Volador” en un viejo jeep.  A Mediados de los años 90’s se realizaron estas competencias en el Parque Juvenal Herrera en la entrada del Pueblo.

La actividad más esperada era la “Quema del Judas” en los diferentes sectores, con Testamentos tan picantes que muchas veces llegaron a la Estación de Policía.

La principal  “Quema de Judas”, la organizaba Don Joshua Harewood en la Plaza Bolívar de El Callao, donde se armaba la “Gran Troya”,  eran famosos los Trompos de Don Tarife, hechos de Palo de Guayaba, se cocinaba un gran ‘Guiso de Pescado Morocoto”, que se compartía con todos los asistentes, se respetaba de manera rigurosa la prohibición de comer carnes rojas en la Semana Mayor y los viernes previos, se jugaba el “Palo Encebado’ y se soltaba un cochino con manteca que se convertía en la locura de los muchachos, quien lo atrapaba se quedaba con él.

En “Viernes Santo” la Familia Callaoense, se guardaba en casa, no se realizaban juegos, ni se bañaban en el rio, las Madamas decían que si lo hacías te convertías en pez, y si jugaban, estaban haciéndolo sobre la capa de Jesucristo que ese día era Crucificado.

El resto de los días de Semana Santa se reunían en los pasos del Rio Yuruari, La Chalana, Guayabal, y Los Próceres, los que tenían bellísimos parajes donde preparaban sus sancochos y compartían el famoso “Pastel de Morrocoy”. El Pozón del Rio Yuruari, uno de los más hermosos, era prohibido por la cantidad de “Tembladores” y donde habían fallecido muchas personas, decían los pobladores que cuando pasabas nadando al Pozón los ahogados te jalaban a lo profundo del rio.

Así, con rigurosa religiosidad, unión familiar, la felicidad de los niños y las tradiciones más hermosas transcurría la tranquila vida de los callaoenses.

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