Prohibidos los abogados
¿Qué tan bueno puede ser un proyecto político para un país que se oponga al orden que impone el derecho para la consecución de la Justicia?, ¿Qué designios futuros puede traer el hecho que un estado le niegue a una persona su derecho a defenderse bien? La respuesta a esta pregunta es sencilla: La Anomia.
Émile Durkheim Filósofo Francés y uno de los padres de la Sociología, describe que la Anomia es “un estado de desorganización social y falta de normas donde los valores morales compartidos se debilitan o desaparecen”. Pero esa falta de normas que describe, opino que puede darse por la propia inexistencia de éstas o que existiendo simplemente no se cumplan por órdenes de una autoridad, o tergiversen en su aplicación para satisfacer a esa misma autoridad, como bien lo definió alguna vez en aula una consagrada maestra: “La anomia moderna no es la inexistencia de leyes, es la falta de su aplicación correcta”.
La realidad jurídica venezolana en al menos esta última década, me lleva a afirmar que en efecto vivimos envueltos en una anomia, pero no es cualquier anomia, es una anomia moderna, una anomia 2.0, derivada de una inédita precariedad legislativa donde por un lado tenemos a una Asamblea Nacional que en dos décadas, no ha producido ni un 10% del total de leyes que en otros países de la región se han sancionado, y por otro lado la notoriedad de que las leyes producidas en su mayoría, han sido diseñadas para proteger al estado, algunas de manera irregular como la Ley Constitucional contra el Odio por la convivencia pacífica y la tolerancia, que fue sancionada por un órgano incompetente, ilegal e ilegítimo como lo fue la Asamblea Nacional Constituyente, ley que ha sido aplicada y dejada de aplicar tan selectivamente, que se traduce como el mejor ejemplo de esta anomia moderna: No sólo es que no existan leyes, sino que las que existen se aplican o desaplican a conveniencia. Menuda tarea habría tenido hoy día el Maestro Durkheim para explicarnos este predicamento.
Lo peligroso de este escenario no es nada más esa selectividad sancionatoria, que no deja de ser un peligro global esa potestad punitiva del estado en manos equivocadas, es también la tendencia sostenida que permite concluir que esta anomia, ha sido la respuesta a un diseño impuesto con elementos de proyecto concertado, ya que para nadie es un secreto los ideales Marxistas con los que se construyó ese producto marketeado del “socialismo del siglo 21”, siendo que el derecho siempre ha sido considerado un obstáculo para la consecución de los objetivos del pensamiento comunista.
Basta tener una pequeña noción del contenido del Manifiesto del Partido Comunista, donde Carlos Marx y Federico Engels exponen que las leyes, la moral y la religión son “meros prejuicios burgueses detrás de los cuales se ocultan otros tantos intereses de la burguesía”. Señalando también que el proletariado debe arrebatar el poder a la burguesía mediante la revolución para transformar las relaciones de producción, lo que inevitablemente choca con el andamiaje legal existente, resultando la anomia el escenario perfecto para lograr sus objetivos.
En Venezuela se suscitan a diario hechos que dejan en evidencia esta anomia de la que les escribo hoy, son cientos los casos de presos políticos, en los que no se les ha permitido designar abogados de confianza que le defienda, se le imponen sin argumento jurídico válido un defensor público, son cada vez más los espacios que se nos cierran a los Abogados, se nos impide sin fundamento legal asistir legalmente a detenidos en delegaciones policiales, menos aún en tiempos de la Administración de Tareck Saab que se nos impidieron las audiencias con los Fiscales en sus despachos, tampoco se permite en muchos casos el acceso a la lectura de los expedientes, se retrasan procesalmente los juicios ya sin vergüenza alguna bajo los argumentos de “orden de arriba”, “minuta informativa” y “consulta a la Sala”, la opacidad judicial es la reina que gobierna los palacios de justicia, cuyo primer decreto al parecer fue el de prohibición de los Abogados.
Toda la anterior disertación me lleva a la reflexión que deriva del papel que jugamos los Abogados en escenarios como el descrito, el rol que decidimos escoger para estar en algún lado de la balanza. Algunos dirán que debemos estar en el medio, pero eso difícilmente es un argumento sólido, porque donde verdaderamente hay Justicia la balanza siempre se inclinará, aunque sea unos milímetros hacia uno de sus lados. Debemos seguir siendo firmes, no podemos claudicar, debemos seguir Abogando, finalmente muchos de los que nos proscribieron la profesión en sus espacios, terminarán requiriendo de nuestros servicios para defenderlos y debemos acceder a hacerlo, con ética, esa será la mejor lección.
Me parece una fábula de terror el hecho de que en vísperas del aniversario de nuestro Día del Abogado, me encuentre exponiendo estos hechos lamentables que no solo afectan nuestro gremio sino a toda una nación, y aunque muchos sientan que no hay motivos para celebrar nuestro día yo insistiré en que si los hay, aquí seguimos de pie, defendiendo lo que bien aprendimos, denunciando las ilegalidades, demandando las pretensiones legítimas, formando a la generación de relevo, en fin, persiguiendo incansablemente la fulgurante luz de la Justicia la cual tarde o temprano prevalecerá. ¡FELIZ DÍA DEL ABOGADO, PARA TODOS MIS COLEGAS!.
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