No te metas con mis minas
No sorprende a este servidor los acontecimientos que se desarrollan en el sur del estado Bolívar, la aplicación de un dispositivo de seguridad del cual no se tiene aún por vocería oficial cuáles son sus objetivos ni sus resultados preliminares, era un hecho que tarde o temprano sucedería, no había que ser adivino para profetizarlo, el caos y el desorden que permitieron debían ser contenidos, y esto sólo podía hacerse por medio de la violencia estadal, un mal conteniendo a otro mal mayor, como esos incendios en campos petroleros que solo pueden ser sofocados mediante bombardeos de impacto. Pero luego de toda la violencia ¿qué queda? Solo reflexión y consciencia futura para evitar se repitan escenarios iguales, lamentablemente esa ecuación nunca se aplica a la inversa.
Venezuela en pleno vive un cambio impermanente e imperceptible puertas adentro, luego del tres de Enero inició una metamorfosis de la que nadie parece conocer su proceso, algunos poderes como el Ejecutivo y el Legislativo parecen trabajar a un ritmo inusual en los últimos lustros, leyes y decretos exprés que buscan limpiar de escombros un camino para alguien o para algo, no lo sabemos aún, y esas primeras leyes que sirven de ariete, no podían ser otras que aquellas que regulen todo lo relativo a recursos y riquezas; cuando desees cambiar algo radicalmente, si tienes suficientes recursos seguramente lo harás más rápido, aunque a veces lo rápido no es igual a mejor.
Los acontecimientos recientes me llevan por retrospectiva a precisar, que lo sucedido en el sur del estado no tiene su origen en la reciente sanción de la Ley Orgánica de Minas, tampoco en el hecho de la presencia de inversionistas extranjeros en la zona, su génesis se remonta diez años atrás, específicamente el 24 de febrero de 2016 con la promulgación del decreto Nro. 2.248, que creó la “Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero” afectando un área de 111.843,70 km2 del territorio nacional en el sur del país, un decreto que permitió el descontrol, la anarquía, el caos y el desconocimiento al mismo estado que los autorizó a depredar el ambiente a cambio de unas “gramas”, el mejor ejemplo de la anomia moderna, en la que personas comunes y hasta en abierto conflicto con la ley penal, dirigieron el esquema de expoliación más grande y nefasto de la historia contemporánea, en el que cada vez salen más a la luz pública las alianzas y vínculos con personas, gobiernos y países extranjeros.
Es al parecer, un desmantelamiento progresivo a toda esa estructura caótica creada a partir del arco minero, la que valga resaltar, sostuvo por años a políticos, organizaciones criminales transnacionales, gobiernos totalitarios y hasta posiblemente conflictos probélicos de orden internacional, lo curioso del asunto es que el desmantelamiento ha sido aplicado por la misma autoridad que lo permitió, que lo hace no por placer sino por mandato de quien ahora da las órdenes, entre las cuales está la orden específica de limpiar todo el desastre, que en nombre de ideales de fábula instauraron a fuerza en toda la nación.
Ésta en efecto es una plausible estrategia de la más alta factura en geopolítica, pero sucede que hay patente de que históricamente esas planificaciones nunca toman en cuenta al “cliente final”, al ciudadano, a la verdadera víctima de los excesos de los gobiernos, del que se ve siempre empujado a aliarse con el caos por necesidad y obligación, de ese minero que vemos corriendo en los videos virales de la “operación”, del que sabía que su trabajo iba a parar en beneficio de tal o cual “pran”, pero aún así era la única manera de procurarse el sustento en una economía, en el que ya ni las “gramas” rendían y cada vez hacían falta más horas, más días y más esfuerzos en esos fosos del infierno bajo cientos de metros bajo tierra. Pero resulta paradójico, que a su vez es ese mismo minero el que insólitamente ya habrá dicho “con mis minas no te metas” o que habrá pensado seguramente que caídos los “pranes” habrá ahora más oportunidad para él, aunque deba continuarse en la depredación.
Es también un elemento de análisis el destino inmediato de las economías locales y regionales, que por años se han sostenido de esos nefastos pero obligantes esquemas, para ellas deben crearse planes de auxilio y de rescate, no digo que no era necesario ponerle fin a todo lo que representó el arco minero, pero no se puede corregir el caos con más caos, habría sido necesario un plan emergente e inmediato, no nada más con operar se cura un cáncer, es necesaria la medicina paliativa, a través de la cual se recuperaran los tejidos y órganos afectados, con amputar no es suficiente, pues la memoria celular es inminente y de no actuar eficientemente, con el tiempo tendremos alojado un nuevo tipo de cáncer.
Me preocupa y mucho lo que deparará en el futuro inmediato en lo social y lo humano, esta es una materia inaplazable la cual es urgente atenderla antes de que se convierta en un problema inmanejable, no nada más de los recursos hay que ocuparse con las nuevas inversiones que seguramente servirán para la reconstrucción, sino también el factor humano prioritariamente, entendiéndose éste como el recurso más valioso de un país. Temo que en lo inmediato se reinicie una crisis humanitaria de colosales dimensiones si esto no se atiende adecuadamente, observo que hay una sed oficial de borrarlo todo y comenzar de nuevo sin detenerse a reparar lo arrasado, espero equivocarme.
Ningún país en la historia se ha recuperado de crisis cataclismicas sin planes equilibrados entre el rescate humano y el rescate material y económico, finalmente es lo humano lo que se impone sobre lo material y en todo evento de reconstrucción, son las personas la prioridad, no en vano según la escuela clásica es el elemento principal de los tres que componen el estado: población, territorio y poder. Tenemos una nueva oportunidad para recomenzar, ojalá la sepamos aprovechar para hacer las cosas bien.
