La recompensa por Maduro
Nos sorprendía a muchos por allá por el año 2020 cuando el Gobierno de los Estados Unidos fijaba la primera recompensa por la captura de Nicolás Maduro, en aquel entonces la primera cifra fue de quince millones de dólares para quien facilitara o aportara información útil para su captura, luego en el año 2025 bajo la administración del Presidente Trump se aumentó en dos ocasiones, veinticinco Millones en Enero de ese año y meses después en Agosto alcanzó la cifra final de cincuenta millones.
Luego del tres de enero de 2026 ningún vocero oficial de la casa blanca se atrevía a informar sobre el hecho de si se había realizado el pago de la recompensa o no, hasta que el secretario de estado Marco Rubio en rueda de prensa informaba que no se había dado recompensa, debido a la obviedad de que tuvo que movilizarse un pequeño ejército para su captura, información que luego fue confirmada por el propio Presidente Trump.
En medio de la vorágine que desató la captura y las noticias sobre las primeras audiencias ante la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, la recompensa pasó del foco de atención y lejos estábamos de saber lo que representaría el verdadero costo de esa operación, y quienes finalmente terminarían de pagarlo.
Todos sabíamos que la neutralización de un gobierno dictatorial con diseño de cartel criminal debía tener un alto costo, la movilización de fuerzas militares por meses frente a las costas venezolanas sumaban el precio de a millones por días, ni que decir de lo que debió representar los gastos asociados a la operación resolución absoluta con la que finalmente se ejecutaba su captura, el despliegue de cientos de naves y aeronaves sobre el territorio nacional debió disparar el marcador que sumaba los millones en esa encumbrada estructura de costos.
Pero definitivamente esa factura debía pagarse y no había forma de negarse a ello, y para asegurarse el prestador del servicio tomó control de la caja registradora, paradójico que por maduro se ofrecía recompensa y terminamos siendo los venezolanos quienes más bien pagamos por ella y de que forma.
Los acontecimientos políticos, sociales y jurídicos actuales en Venezuela son realmente bizarros, por un lado tenemos a una Asamblea Nacional ilegítima pero legal, emitiendo leyes incuestionables a petición del nuevo orden, con una inflación que sigue creciendo cual leviatán devorándose a los chistes de salarios devengados por el inmenso sector público, y con una mesa de diálogo intentando dar a cuenta gotas soluciones que no gustan y siguen siendo tomadas al margen Constitucional.
No obstante esa caja registradora del petróleo y del oro sigue sonando y con una opacidad que deja perpleja a la manejada por el régimen, nadie sabe nada, cuanto sale ni cuanto entra, pero las operaciones mil millonarias siguen su curso día tras día, el Tío Sam puso sus boots on the ground y luego también plantaron Bandera, la que izaron sobre reservas petroleras en un compromiso contractual entre sombras y lobbys secretos, como ha sido desde el principio desde que se diseñó el plan de captura.
Podrían escribirse decenas de libros con argumentos jurídicos suficientes para demostrar lo ilegal de esas contrataciones, pero el pragmatismo gringo 2.0 no está para esas nimiedades leguleyas, somos como bien lo puedo interpretar de algunas alocuciones del catire el “botín de guerra”, con el que intuyo se urde el plan económico con el cual el partido republicano pretende instalarse en la Casa Blanca por al menos la próxima década.
Cierto que por décadas el petróleo se entregó a costa de nada y a diestra y siniestra, siendo la llave maestra con la que el chavismo abrió puertas por el mundo para llevar su fracasado proyecto revolucionario, pero que diferencia hace para el venezolano que lo regalen a que lo vendan sin que el beneficio sea retornado, esto solo patenta el hecho de que nunca seremos los verdaderos titulares del petróleo.
Mientras tanto continuamos con el colapso eléctrico peor que antes, con la miseria intacta e inamovible en los salarios del sector público, sin certezas electorales ni judiciales, con una mesa que dialoga pero en secreto y pacta leyes y acuerdos inconstitucionales a la velocidad exigida por el nuevo hegemón, pero a nosotros nos piden paciencia, la misma paciencia que terminaron sufrieron las víctimas de La Guaira. Vaya costo el que terminamos pagando por la infame recompensa, cuando más bien estamos en necesidad de que nos paguen por todos los daños.
