Opinión

La aporofobia y su incidencia sobre las diásporas

Surge otra pregunta: ¿De quién o quiénes es ese miedo o temor? Es claro que deviene de aquellos ciudadanos de países en donde prospera la xenofobia y el racismo y que en definitiva son los que alimentan la repulsión a inmigrantes y refugiados.
miércoles, 23 febrero 2022

No, no estoy con una especie de “cacería de brujas” de palabras raras. Nada que ver. Todo lo contrario, cada día que pasa o por venir, uno aprende nuevos léxicos, con características casi que “Tiranosáuricas” (si la expresión existe), tanto en su escritura como en su sonoridad. Y, debo confesar que ello es lo que me ocurrió con la palabra “aporofobia”.

Ese neologismo es el fruto de la escritora y filósofa, Adela Cortina (Valencia, España, 1947), reconocida académica nacida en Valencia, España, quien dentro de los diversos aportes producidos en su carrera está este término a la lengua española y que la Real Academia de la Lengua (RAE) admitió con el significado de “el odio a los indigentes, la aversión hacia los desfavorecidos”’ o “Fobia a las personas pobres o desfavorecidas”.

Ahora. ¿Cuál es la relación con las diásporas, con los inmigrantes? En especial con nuestro inmigrantes compatriotas, importante impulso que me motivó a la hechura de este artículo de opinión.

De la anterior interrogante surge otra :¿Cuál es la diferencia entre aporofobia y xenofobia? Pudiéramos decir que son coloquialmente hablando, algo así como “primas hermanas”.

Si bien la xenofobia significa “aversión al extranjero”, la aporofobia es la repulsión al pobre por el simple hecho de no poseer riqueza, propiedades ni otra cosa que le proteja en su nueva situación de inmigrante.

Así, Adela Cortina logra crear y acuñar este concepto a partir de los términos griegos, áporos (sin recursos) y fobos (temor, pánico). Temor que se convierte en definitiva en un odio hacia el inmigrante.

Surge otra pregunta: ¿De quién o quiénes es ese miedo o temor? Es claro que deviene de aquellos ciudadanos de países en donde prospera la xenofobia y el racismo y que en definitiva son los que alimentan la repulsión a inmigrantes y refugiados.

Es decir, no se les rechaza por ser extranjeros, sino por ser pobres. Los estudiosos de este fenómeno social han considerado que la aporofobia se corresponde con una característica propia de Occidente, sustentada en la idea de la reciprocidad e intercambio económico, por lo que los individuos deben poseer un provecho en la sociedad.

Así pues, las personas pobres y sin recursos son rechazados debido a que no tienen nada que ofrecer.

Así mismo, algunos investigadores sociales, señalan que para que ese miedo a los pobres se convierta en rechazo es imprescindible un interés mental que invalide la caridad y la empatía.

Y ese proceso deviene primariamente de la ideología y se agiliza cuando marca a los pobres como culpables de su pobreza.

En ese orden de ideas, afirman que la pobreza no es fruto de unas condiciones estructurales que dejan a muchos en la cuneta, sino que es consecuencia de una indiferencia, un error individual o una culpa personal.

Lastimosamente, en esa ideología, los pobres son observados como una amenaza. Por eso, también al culpabilizar a los pobres se revoca la empatía y consiente que no se le tome en cuenta, se ignore y hasta se les hostigue y acose.

Todo ello se perpetra en circunstanciasen en las que existe un fuerte acrecentamiento de las desigualdades. Desgraciadamente los inmigrantes que huyen de su propio país buscan seguridad social y nuevos horizontes de una vida mejor.

La mayoría de ellos llegan sin nada, casi indigentes y depauperados. En el caso venezolano ha ocurrido que un altísimo porcentaje de emigrantes lo han hecho a pie: Caminando con su familia entera, con sus hijos pequeños, cruzando de un país a otro con todas las calamidades tales como enfermedades, el hambre y la sed, azotándoles física y mentalmente.

Son conciudadanos realmente pobres los que acometen esa aventura a veces mortal para ellos.

Sí señores y señoras, para nadie, ni nacional ni internacionalmente es un secreto que los venezolanos actualmente están pasando por esa tragedia de ser obligados a huir de su patria.

El venezolano experimenta en carne propia los rigores de una situación escabrosa que en elevadas proporciones se manifiesta en Venezuela: la Emigración, la “huida” en desbandada del ciudadano venezolano hacia otras latitudes y longitudes del globo terráqueo.

Y, es que emigrar se transforma de una necesidad a una obsesión. El evadirse de una situación de violencia, inseguridad, hambruna, sueldos bajísimos con los cuales no se pueden comprar ni resolver las necesidades más prioritarias de todo ser humano, hasta muerte por inexistencia de medicamentos para el trato de enfermedades ya hacía un tiempo muy largo desaparecidas del contexto nacional.

Ser inmigrante no es una aventura paradisiaca, diría más bien que es un tormento de la Oscuridad, representada en “no tener Patria”. Todo lo contrario de lo que se hace propaganda en la Venezuela actual.

Es ser parte de un conglomerado de seres humanos sin la Patria que los vio nacer, crecer, prosperar y sembrar semillas que luego de convertidas en cosechas prósperas, finalmente le obligan a cometer el horroroso acto de venderlas, quemarlas o simplemente abandonarlas.

Ser emigrante, en la mayoría de los casos es el fruto de la desesperación, de “halarse los pelos” como vernáculamente diríamos en Venezuela. Desesperación por no poder dar el sustento alimentario básico a su familia, en otras palabras, por la hambruna generalizada de su país. Pero además por la falta de medicinas ante el acecho cada vez más implacable de las enfermedades.

Ser emigrante, germina de la necesidad cada vez más desesperante de emigrar, de ya no poder soportar humanamente como él, su familia y la comunidad entera se encuentra agredida o con riesgos de ser violentada por la delincuencia y hasta por las mismas instituciones de seguridad del Estado. Todo ello solapado o abrigado por un manto de impunidad y de falta total de un Estado de Derecho.

Cierto también, es que en algunos países latinoamericanos no se ha tratado bien a los inmigrantes venezolanos. Cosa contraria y reconocida, es que en Venezuela ha privado siempre la solidaridad para otros países latinos o no en tiempos en que ellos estuvieron afectados.

¿Será que en algunos países latinoamericanos está privando ese miedo a los pobres, plasmado en un odio y maltrato para con la diáspora venezolana?

Lo que sí es inocultable es que la aporofobia en conjunto con la xenofobia quebranta la democracia porque transgrede la igualdad y dignidad de todas las personas, prescinde de los pobres, o las personas que no pueden intercambiar nada.

Ahora, ¿Cómo terminar o reducir la aporofobia? Lógicamente, en aquellos países en donde vienen ocurriendo estos casos denigrantes y no humanitarios, deberían sus gobiernos, planificar y consolidar el desarrollo de campañas con información, y denuncia sobre la realidad de las personas sin hogar y los delitos de odio por aporofobia y xenofobia, como estrategia contra el silencio y la invisibilidad de esta violencia.

Ello sería una forma de sensibilización para los pueblos que han caído en tan repudiable acción contra los inmigrantes de cualquier país afectado.

“Cuando se debe huir de nuestro país o debemos escapar de situaciones de violencia, el miedo siempre irá de la mano. Pero recuerda lo que sabiamente dice Mandela: el miedo no es falta de valentía, es más bien el que nos da la capacidad de tomar impulso para vencerlo.”

“Los refugiados y los desplazados enriquecen nuestras vidas. La tolerancia hacia ellos abrirá nuevos mundos y hará que sean bienvenidos donde sea que vayan” (Kofi Anan)

“Los lugares se llevan, los lugares están en uno” (Jorge Luis Borges)

Calgary, Canadá, febrero 2022

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