Desastre Judicial
Lamento parecer repetitivo con el tema judicial que nos ocupa en la actualidad y del que considero deberíamos estar participando masivamente y con mayor contundencia, en principio porque es una de las falencias del estado más notorias y que mayor daño nos ha causado como sociedad, y secundariamente porque debo insistir, la recomposición social, política e institucional que le urge al país debe comenzar por la construcción de un Sistema Judicial robusto, democrático y confiable, teniendo a la figura del Juez como la más importante en esa labor de recomposición, ya que éste debe erigirse como el hito que separe a la barbarie acontecida, del orden que necesitamos para refundar las bases de una verdadera nación democrática.
Comienzo por el drama de los presos políticos considerada como la punta del iceberg de todo el desorden que debe estar oculto debajo, particularmente considero que la ralentización del proceso de excarcelación masiva anunciada siempre con bombos y platillos, se debe en parte a que en ese caos en el que convirtieron al sistema judicial como instrumento de dominación social y política, no encuentran una forma en la que no queden expuestos los autores intelectuales de muchas detenciones arbitrarias, razón por la cual considera el sistema de represión que tiene mayor costo político esa exposición, que la continuación de la depredación a los derechos ciudadanos.
Otra razón aunque meramente especulativa, podría ser la condición física y psicológica en la que se encuentran los detenidos, ya vimos la condición en la que salió de prisión la ex presa política Emirlendris Benítez, quien volvió en silla de ruedas y víctima de un aborto sufrido según indicaron sus familiares, luego de las torturas de las que fue víctima, negar libertades pasa también como método de ocultar las atrocidades. Y que decir de los posibles desaparecidos intramuros, como el caso de Víctor Quero, acaso existen más casos iguales, o será que aun existen dos poderes debatiéndose a lo profundo del interinato, como pareció asomarse ante la negativa de algunos directores de centros de reclusión de cumplir con el mandato judicial de excarcelamiento, ya no es simplemente lograr que den la orden, ahora hay que lograr también que la cumplan.
Ante estos escenarios de erradicación de la barbarie judicial la opinión general parece ser, la de una reestructuración del Poder Judicial desde la escogencia de los Magistrados que regirán al máximo Tribunal en sus distintas salas, si bien este punto más que importante es urgente y necesario, menos importante no es, la escogencia de los Jueces ordinarios, quienes representan el primer eslabón de la cadena jerárquica en el orden judicial, poco se hará si se escogen a los mejores para el Tribunal Supremo de Justicia y no se hace lo propio con los jueces de menor jerarquía.
Esta revisión también se apunta como urgente, a mi parecer el hecho de dejarla de lado o diferirla para otro momento atentará en un futuro inmediato con cualquier deseo de reestructuración, amén de que zanjará el objetivo desde la elemental interpretación por uso de lenguajes contrapuestos, no es lo que interpreta de la Ley el TSJ y dispone en sentencia lo que hará fuerte al Sistema Judicial, es lo que entiende el Juez de instancia de eso que dijo el TSJ y lo aplica eficazmente lo que marcará la diferencia, por ello mantener a Jueces incapacitados por control político, por dominio jerárquico o por simple ineptitud, hará que se pierde en la traducción el esfuerzo de cambio. No se cambia un cuerpo corroído simplemente cambiando su cabeza, debe cambiarse también cuerpo y extremidades.
Lo anterior no es mera intuición, ya que la mejor prueba de ello lo estamos justo viviendo en los actuales momentos, cuando vemos por ejemplo como el TSJ ha comenzado luego de su reestructuración estética a través de distintas sentencias, a poner acento en asuntos como el Terrorismo Judicial, reconocido éste como el método utilizado por excelencia para minimizar o desaparecer derechos ciudadanos, pero aguas abajo, en los Tribunales de instancia, donde debería producirse el efecto de esas sentencias, parece que aún no se enteran de su existencia o su deber de aplicación, o será que aun existe un Jefe que no lo autoriza y sigue imponiendo las infames contraórdenes.
Es momento de detener este desastre judicial en el que nos sumieron paulatinamente, y es necesario para ello hacer los ajustes en todos los espacios, la reestructuración no debe ser simple estética para el rigor de los tiempos, si el objetivo es honesto deben implementarse los cambios desde la efectividad judicial y no desde las expectativas políticas.
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