Opinión

Cuento corto: Una mascota muy singular

Vivían en un menudo conuco entre los pequeños caseríos El Román, los Olivos y el Mamonal cercanos a Cumujacoa una comunidad campesina de criadores de chivo y productores de queso de cabra de forma artesanal.
miércoles, 11 mayo 2022

Un día domingo en Paraguaná para Antonio Chirinos, jefe de familia, casado con Amelia Josefina Camero y su pequeña hija Perla María. Era una de esas tardes calurosas y como siempre con mucho viento fuerte.

Venían de visitar en Buena Vista a unos familiares y de paso caminar un poco, a pesar del calor, en la Plaza “Juan Crisóstomo Falcón”, sin apuros como es lógico suponer. Sin lugar a duda esta península es una de las zonas más secas de Venezuela.

Así pues, la familia Chirinos Camero, era de rancio origen campesino- Antonio nacido en Caritupe, Municipio Petit, Amelia en Santa Ana y la pequeña Perla en Cumujacoa. Así entonces, esta familia pertenecía al grupo social más característico en el medio rural de ese estado venezolano.

Vivían en un menudo conuco entre los pequeños caseríos El Román, los Olivos y el Mamonal cercanos a Cumujacoa una comunidad campesina de criadores de chivo y productores de queso de cabra de forma artesanal.

Ubicada frente al Parque Residencial Nueva Jayana. Dicho conuco propiedad de la familia y por supuesto administrado únicamente por Antonio. Por cierto, algo interesante y particular es que el nombre de Paraguaná según el lenguaje indígena de los caquetíos significaba “conuco en el mar”.

Ya casi anocheciendo, y muy cerca ya de su hogar, como a unos 200 metros del conuco, Antonio, su esposa e hija, miraban extasiados el volar y oían el trinar de los pájaros y el chillar de una que otra ave de rapiña como el gavilán.

Entre chivos y burros que transitaban libremente. Iban a pie, ya muy cansados y sorteando con la experiencia de quien es oriundo de esa región, el monte espinoso tropical que en el camino los acompañaba, compuesto fundamentalmente por especies de la flora tales como el cují, el cardón, la tuna y la guasabara.

Mucho antes, requirieron la protección de algún árbol de guayacán, que encontraron en el camino ante el sol tan fuerte que les azotaba.

¡Por fin papá, estamos llegando a casa! – Expresó Perla a su papá.

-Y además, ya no aguanto el hambre. La barriguita me duele- Antonio y Amelia sonrieron en forma pícara. Amelia le dijo a su hija – Lo sentimos hijita. Afortunadamente dejamos preparado un buen plato de sopa de granos de Quiguagua con arepa pelada para cada uno, y si nos falta creo que dejé en la nevera un poquito de chivo en coco y otro poco de Talkarí. Salado, que me quedó ¡más bueeeno..!.

Sin olvidar un vaso refrescante de Carato de maíz y tu postrecito de dulce de leche paraguanero – le dio un beso en la frente y la bendijo, siempre con su sonrisa de madre que adora a su hija.

-Gracias mamá. Me contenta- Exclamó muy alegre Perlita.

Pero, de pronto. Instantes antes de entrar al conuco sintieron un ruido extraño sobre sus cabezas. Un sonido de aleteo fuerte y unos chillidos muy ruidosos, como a 500 metros de altura y que se originaban de una gran nube oscura de pájaros que migraban.

¡Pero, no eran pájaros!.

Eran murciélagos, porque su vuelo no llevaba una misma dirección, y tenían impredecibles movimientos en zigzag y con una velocidad exorbitante que no es común en las aves. Sin lugar a duda era una colonia de murciélagos volando (Casi 100 individuos).

Antonio abrió la puerta de su casa. En ese instante, la situación se hizo difícil para la familia Chirinos Camero, porque inusitadamente, asombrosamente uno de los murciélagos casi que tropezó con la cabeza de Antonio y luego se introdujo, penetró raudamente hasta el fondo del conuco y se perdió en la oscuridad que allí reinaba.

A todo esto, horrorizados, Amelia y Antonio, indefensos y sin poder tomar una decisión inmediata, se preguntaban:

– ¿Y ahora qué hacemos?-

Mientras que la pequeña niña lloraba y exclamaba:

-Papá. Mamá, tengo miedo. Se metió un monstruo en la casa- Sus padres trataban de calmarla y le explicaban que no pasaría nada malo:

-Mañana sacamos ese animalito de la casa. No llores. Todo lo resolveré. Tu papá es tu protector. Mañana te explicaremos.-.

Esa noche fue de terror. No durmieron. Ni tampoco disfrutaron de la televisión (a veces no había electricidad), pero tampoco pudieron conversar y contar sobre mitos y leyendas de Paraguaná.

No consiguieron comentar, por ejemplo, sobre el mito de la “serpiente emplumada” que habita en el Cerro Santa Ana y otros cuentos.

Amaneció el lunes. Con ello despuntaron las preguntas y preocupaciones de la familia. Sobre todo, de parte de Perlita. Antonio casi entre dientes, musito:-

-¡A mecha! Esto es el colmo, lo último, un murciélago hospedado en nuestra casa. ¿Y ahora cómo lo sacamos?-

-¡Miren donde está!. Gritó Perlita -Se montó en esa alcayata. Guinda de sus paticas, la que está en aquel rincón oscuro- :Gritó la pequeña niña

-Pero papá. ¿Papá y cómo se llama ese pájaro? – Preguntó la niñita.

Antonio , le respondió sonriendo: – No hijita no es un pájaro. Es un murciélago. Es un mamífero- A lo cual ella con grima en sus gestos, le dijo:

-Pero es horrible. ¿Muerde?-

A lo cual su papá le respondió:

-Realmente tiene un físico poco simpático, muy parecidos a un ratón con alas, por cierto, muy grandes, con pequeños colmillitos que se asoman a su boca, con orejas grandes y garras en sus paticas, pero no son agresivos con los seres humanos.

Creo no muerden a menos que intentes retenerlos hijita, como dicen por ahí: “Es más la bulla que la cabuya”.

Son totalmente inofensivos. Tienen la costumbre de volar por las noches y descansar o dormir en el día, guindados de sus paticas y con la cabeza hacia abajo. La pequeña niña miraba con fijeza, extrañeza y cierta ternura al animalito, oculto en la oscuridad de un rincón de la casa.

En efecto estaba cabeza abajo y , envuelto apretadamente en sus alas. Con una actitud pensativa y casi de reclamo, ingenuamente Perlita dijo: -Ah papá. ¿Y por qué no lo dejamos como mascota? No tenemos una mascota.-

Mientras tanto, Amelia, con cierta especie de tierna clemencia en sus ojos, miraba como madre a su hijita, y exclamó susurrando:-Ay mi pobre hijita- Antonio rápidamente, sin pensarlo dos veces y antes que se formara un “zanfarrancho”, le respondió: -No hijita lo siento mucho, pero hay muchas cosas por las cuales no podemos hacerlo.-

Antonio, como padre cariñoso, explico a su hija adorada: -No se puede negar hijita, que los murciélagos son beneficiosos para la naturaleza  por ser esparcidores de las semillas y el control de diferentes plagas de insectos como la langosta, que amenazan y afectan inmensos cultivos anualmente.

Pero, por otro lado, lamentablemente son portadores y transmisores de virus contagiosos al hombre. (Rabia, Coronavirus que mutan, entre otros).

-¡No se me pongan embullados! ¡Esto no es para contentarnos!. Intervino Antonio.

– Hay que buscar una solución a este problemita. Evitemos que se aparezca una “gentará” a las puertas de la casa.

– Recuerden como son de hablachentos los vecinos en este caserío ¡Ya lo voy a bajar de allí, de un solo “tanganazo” caerá!- Y argumentó algo más:- Además Amelia y Perla, esos animalitos son hediondos por los excrementos que dejan donde se guarecen-

¿Y de dónde vendrá ese murciélago Antonio? Preguntó Amelia. Por lo que este contestó: -¡Adiantre! Segurito, estoy más que seguro, que este murciélago viene de una de las cuevas del Pico, en Los Taques.

Y en forma muy convencida Antonio aseveró: ese es el “murciélago bigotudo de Paraguaná”. Mírale el bigote. ¿Ves?- Y completó su respuesta: -Sí. Segurito, estoy más que seguro, que este murciélago viene de una de las cuevas del Pico-.

La niña, casi como una última oportunidad ante su papá, le preguntó: -Papá, ¿el murciélago ese tendrá nombre y dueño? Desde aquí se le ve algo brillante en la patica derecha papá . -¿Qué será?- Respondió Antonio.

Ante esas interrogantes Antonio, quizás pensando más como papá y ser humano que como curtido campesino, cambió su actitud. Se hizo más tolerante y hasta alcahueta. Por lo que expresó y actuó más calmadamente: -Déjame acercarme con mucho cuidado, hija no me vaya a morder por “asomado”-.

Escéptico, nervioso, Antonio se acercó lo más que pudo y observó que el murciélago tenía en su patica derecha una laminita anillada, de aluminio y en ella unas palabras inscriptas, grabadas en ese metal.

Leyó lo grabado y le dijo a su hijita ingenua y alborozadamente: -Lo dejaremos como mascota. Si tiene nombre es de confiar porque tuvo o tiene dueño ¡Se morirán de envidia nuestros vecinos!

– Perlita entusiasmada y apremiante le preguntó: -¿Y cómo se llama papi?-

Perlita, queridísima hija, ya lo leí, tiene un extraño y bello nombre, como de árabe, que hasta conocido me parece. Hijita, se llama: : “WUHAN”.

Dialectos paraguaneros:

Tanganazo= golpe fuerte al caer de una altura;

Conuco= Parcela pequeña de tierra o huerta destinada al cultivo y al ganado. administrado por una sola persona;

Alcayata= garfios o aros de hierro que sirven para colocar los mecates o y de allí colgar los chinchorros;

Gentará= reunión de mucha lo gente;.

Adiantre=  expresión de sorpresa o disgusto;

Embullado= persona que se entusiasma por un viaje, fiesta o negocio.;

¡A mecha! = expresión que denota admiración. Sorpresa;

Hablachento= personas que les gusta hablar mucho sin dar oportunidad a otros que también lo hagan;

Zanfarrancho= lío, pelea;

Hedentina= mal olor;

Asomao= persona inoportuna

“El escéptico no significa el que duda, sino el que explora o investiga, a diferencia del que afirma y piensa que ha encontrado”. (Unamuno)

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