Opinión

Cuenta la leyenda: Remembranzas de un gran amigo

Ya casi a los seis años de haberse despedido, quise recordar nuevamente la vida de este inquieto hombre, pero de una manera tal, como si el mismo fuera el que la narra.
Evelio Lucero
miércoles, 25 marzo 2026

Rafael Mendoza Olavarría nació el 3 de septiembre de 1.931, en Valencia Estado Carabobo y falleció el 15 de mayo del 2.020. muchísimas personas lo conocieron como el “arquitecto del Parque La Llovizna” se le veía a diario con un garfio diseñado y construido por el mismo para retirar los desechos que los visitantes dejaban regados en lo que fue su amor eterno

Ya casi a los seis años de haberse despedido, quise recordar nuevamente la vida de este inquieto hombre, pero de una manera tal, como si el mismo fuera el que la narra.

RAFAEL MENDOZA OLAVARRIA, es guayanés de corazón, la experiencia que adquirió con los años lo llevó a realizar grandes obras. Su vida estaba destinada dese niño a estar vinculada con la naturaleza. (la fauna y la flora)

Nací en Valencia, lugar donde nació Venezuela, en un campo. Vengo de padres labradores, llaneros. Mi padre era un hombre de a caballo. Somos gente rural, lo llevo en los tuétanos. Yo nací para que me pongan retos. Hacer el parque La Llovizna fue un reto desde el primer día que me tope con ella.

Un accidente de la vida me puso aquí en Ciudad Guayana. Yo trabajaba en la Cartografía Nacional, cuando apenas era un muchacho y empezaba la vida, un carricito, hablando en criollo. Trabajaba con el Dr. Luis Felipe Vega, que era un eminente cartógrafo, un señor increíble, un educador.

Un dia, por cosas el destino llegó el General Rafael Alfonzo Ravard, quien cambiaria el rumbo de mi vida, buscando la cartografía de esta región (hoy día Guayana) para realizar un trabajo en el rio Caroní; un desvío para construir una central hidroeléctrica. El preguntaba por los planos, pero las respuestas eran siempre las mismas, “venga mañana” y mañana le decían que pasado, típico venezolano que le decían que estaba listo, pero la verdad era que no estaba. Un buen día yo le dije sinceramente que no teníamos nada de eso; lo que desató un problema.

De esta manera conocí a Rafael Alfonzo, uno de los hombres mas exquisitos y de personalidad increíble que pudiese conocer. Tenía gran sabiduría y era muy sencillo y educado; dominaba varios idiomas, aparte del Castellano, inglés, francés, italiano, alemán y estudiaba mandarín cuando podía y tenia tiempo.

Los planos no estaban, pero el trabajo había que hacerlo, así que me invitó a conocer el lugar y me dejó por cinco días. La tarea era conseguir la información cartográfica, que aunque no apareció nunca—y eso lo tuvo molesto–, le aumento la energía. Con la decisión tomada creó un equipo de trabajo con compañeros de promoción como Rafael De León, Rodolfo Tellería Villapol en la parte electromecánica, German Roo, Juan Andrés Vega, un genio arquitecto y urbanista, Luis Pietri Lavié, ingeniero de una talante y envergadura, y otros mas que no recuerdo su nombre, pero todos hombres muy especiales, de decisión y de valores. Yo era el Picapiedra y con ese grupo me toca emprender semejante proyecto.
Mi venida estaba llena de ganas de conocer la selva, me la pasaba preguntando por las culebras de agua, buscando a los animales que no veía, viendo la parte natural, (la fauna y la flora). Las novelas de Rómulo Gallegos fueron mi inspiración. Para mi era un sueño estar en Guayana porque por fin iba a ver una araña mona de verdad. Pasé tiempo buscándola. Una noche tuve una impresión de terror, finalmente pude ver una; era grande, – estaba acostumbrado a ver las pequeñitas de la casa, las patoncitas caseras que parecen una telaraña. Mi primer pensamiento fue de lo que increíble que se veía, luego en que seguro saltaba. Con el tiempo empecé a estudiarlas, al igual que todos los animales. Descubrí que las arañas son animales inofensivos, el único animal peligroso con el que tenido que lidiar es el hombre.
Rafel Alfonzo me dijo un día de sus visitas “mira tocayo te voy a dejar dos días aquí en el campamento” ahí no había nada. Me dijo que había que desviar el rio donde hoy esta Macagua. Justo ahí armamos el primer campamento. Échale pichón, me paraba ahí, veía una soledad y decía: “! ¡Dios mío!, ¿vamos a desviar ese gigante que para construir una Hidroeléctrica?” para mi no tenia sentido, yo era un imberbe, un muchacho, no lo creía. “Que vamos a qué? ¿a desviar a quién?”.

Pero ese era el reto, ese Caroní, ese que contempla la gente todos los días en el Parque La Llovizna. En el campamento se hacían los trabajos topográficos, como íbamos a entrarle al rio, como se iba a hacer el desvío. Nos parábamos justamente arriba y nos preguntábamos como y con que lo íbamos hacer. Con voluntad y decisión, esa fue la manera.

RAFAEL MENDOZA OLAVARRIA, llegó a Puerto Ordaz el 7 de febrero de 1.956 como administrador de recursos ambientales y de los campamentos de EDELCA, y desde ese mismo momento comenzó trabajar.

Yo nací para hacer las cosas, para hacer espacios. La gente cree que solo he tenido que ver con el Parque, pero he tenido que ver con todo lo que tiene esta ciudad. vivo en San Félix, donde nació Guayana, donde la fundamos.

Junto a un grupo de personas increíbles como Agustino Mendoza y el general Rafael Alfonso escogimos el parque LA Fundación como el sitio para colocar la riñera piedra y fundar la ciudad. Toda la historia esta ahí, la mesa donde está ubicado es la meseta de Chirica, don se llevó a cabo la Batalla de San Félix y de donde salieron los recursos hacia Carabobo.

Todo eso hizo que me quedara aquí sembrando y sembrando. Todo lo que está hecho aquí tienen esas manos. He trabajado desde que llegué y no conozco a nadie hoy día que pueda decir lo mismo. Dios, el creador me puso aquí para algo, lo sé, lo he tocado, alma vida y corazón, en cada uno de estos espacios.
Desviar un rio sin cartografía es para mentes maestras. La explicación no es sencilla, porque todo era agua que corría en todas las direcciones, sin embargo, esas mentes ingeniosas dieron con la solución, piedras.

Las piedras para hacer el primer desvío del canal 1, 2 y 3 de Macagua los sacábamos de el Cerro El Gallo, pero lo pudimos hacer porque la naturaleza nos dio el momento preciso, la sequía famosa justo en esos años que hizo que el rio Caroní bajara tanto, fue lo que nos permitió hacer el trabajo, la mano de Dios que nos los permitió, el y unos camioncitos de cuatro metros, porque no había maquinas en ese entonces.
Las piedras que luego no se usaron o que no servían para el proyecto de Macagua son las que hoy vemos adornando el Parque La Llovizna.

Le enseñé a pegar piedras a todo un grupo que no sabia nada, eran personas que no habían agarrado ni un nivel en su vida. “Agarra ahí y ponlo” era lo que les decía. Y lo que el ojo humano ve hoy, está hecho por personas que jamás habían visto una piedra ni una pega, solo estaban dispuestos a aprender y así, de este parque también salió gente que aprendió a pegar piedras

Los parques Cachamay y La Llovizna se hicieron casi simultáneos la Llovizna parece ser el hijo predilecto, aunque el Cachamay tiene su parte importante en toda esta película.

De una brincaba al otro. Pero la sede la teníamos del lado del Cachamay, allí teníamos el campamento, donde viví, en la punta en un tinglado y después me mudé a la casa 3 diseñada por Fruto Vivas. Esas eran cinco casas, una era la casa de soltero, una la de huéspedes, la casa presidencial, y la residencial que era una joya. Todos los jardines los intervine y acomodé, y lo digo con orgullo, porque ese era mi trabajo, mi fuerza, mi naturaleza. Las intervenciones que hecho siempre han sido con cosas ya existentes en el lugar, naturales y pensadas bajo ese concepto.

EL CAMINO SE HACE AL ANDAR.

Me gustaba—y gusta—mucho la gente que escribe bonito. Me sentaba en la soledad a leer sobre Pablo Neruda, quien murió en el año 1.973 cuando yo estaba en las misiones del Caroní. También leía el que para mí todavía vive en cada una de sus palabras, el máximo Andrés Eloy Blanco. Píntame angelitos negros. Esos angelitos estaban ahí, siempre decíamos “mira aquí están los angelitos de Andrés”
Los nuevos espacios de la región se construían sobre bases sólidas. Una ciudad con áreas verdes que eran mas bien selvas que se convertirían luego en parte de la zona urbana. La llegada de la C.V.G. fue una bendición para un estado con material en bruto para explotar. Pero todavía o era apto para a vida familiar. Poco a poco grandes compañías extranjeras y nacionales fuero haciendo posible la construcción de u a ciudad planificada a partir de las mismas empresas y las exigencias básicas requeridas por sus trabajadores, quienes, en pro de formar una familia, necesitaban algo más que un caserío.

Todo el trabajo lo empezamos en el año 1.956. Rafael Alfonso estaba aquí desde antes como comisionado de la región. Aquí no había nada ni nadie, la ciudad empezaba de cero. En el 57 todavía no había forma de nada. Parece que fue ayer cuando cruzar el rio era una odisea, lo hacíamos con unas piragüitas y pasábamos por el fuerte Los olivos, hoy día Urbanización Los Olivos. Hasta hace poco estuvo a la vista de todo un teléfono de manilla, un radiecito que usábamos para hablar cuando había buen tiempo. Esta ciudad ha crecido muy rápido, que bendición la tecnología.

Mientras empezábamos y luego durante la ejecución del proyecto—el tiempo parecía eterno, ahora veo que pasó muy rápido. Las noches daban miedo, a mi me gustaban, pero a la gente no. A las seis de la tarde me dejaban solo en la selva. Porque ese era mi rato de ocio. Cuando teníamos problemas con los vigilantes que se quedaban dormidos o no hacían las guardias correctamente, los mandábamos a las misiones porque ahí les salían “los capuchinos atravesados” las noches se les hacia un terror, este monte hace casi 60 años con esa oscuridad.

He estado en cada rincón de este estado. En una oportunidad vino un cura que se adentró con las etnias Maquiritares y Chirichamo y un día me llaman, “Rafael, apareció Daniel” y ¿Quién es Daniel? El curita que hace 7 años se metió con las etnias del monte. ¡apareció chico! Y lo tengo allá en la curia, en el catre” Aprovechamos y lo mudamos para Macagua. “Vamos a humanizarlo” era lo que pensábamos nosotros, pero él no quería mudarse, prefería vivir en su rancho, entonces le tumbamos la iglesia y le hicimos una nueva.
Rafael Mendoza recuerda todo el trabajo cultural hecho por monseñor Zabaleta. En la ciudad hay avenidas, centros comerciales e institutos que llevan su nombre como reconocimiento a todo el legado que dejó. Digamos que aquí se siguió su ejemplo; el general Rafael Alfonso Ravard para 1.967 era presidente de la CVG, que se fundó en 1.961, y fue gracias a el que el colegio Loyola Gumilla logro mudarse a la sede que conocemos hoy día.

También hizo historia Monseñor Zabaleta, recuerdo que no quería ponerse el gorro (solideo) “usted tiene que ponérselo porque ahora es monseñor” le decíamos, trabajo mucho por la ciudad y sus habitantes yo presencie su investidura en Ciudad Bolívar. El era arqueólogo y precursor de la educación.
Todos los arboles sembrados en el Colegio Loyola, llevan estas manos, al igual que los que están donde las Hermanas de Fátima, creo que ninguno volvió a sembrar mas nada.

HABLANDO DE PARQUE

El parque no lo hemos terminado. Desde que llegue a Puerto Ordaz estoy cargando piedras. El parque, como ya lo dije, empezó a raíz de que tenían que hacer la cartografía, no fue planificado. Los caminos tienen filtros arriba y abajo que permean para que siga pasando el agua, se puede decir una especia de isla.

Rafael Alfonso confió en mí, por lo general le decía a la gente que se quería involucrar que me dejaran tranquilo, que no metieran con mi trabajo, lo mismo hizo Leopoldo Sucre Figarella, otro guayanés que me brindó todo su apoyo.

El teatro de piedra, ubicado dentro del parque, es un espacio para realizar actividades culturales al aire libre y fue construido en tres meses. Tiene acústica, área para sentarse y una tarima con iluminación. Todo, absolutamente todo, está hecho de piedras. Pero tuvo varios encuentros con la crecida del rio que hizo que en dos oportunidades lo tuvieran que reconstruir.

La Llovizna es un parque pasivo y contemplativo, fue saliendo poco a poco. Una vez Rafael Alfonso invitó a Reynold, el gran Guru del aluminio. Lo llevó a La Llovizna, al puente que aún no era el colgante, era de palitos. Por ahí pasamos y de casualidad no se nos cayó. “Tocayo vamos a tener que sustituir os palitos y hacer las cosas bien” me dijo Rafael Alfonso después que lo atravesamos.

Años después, cuando el puente ya era colgante y venían personas de visita, fue que ocurrió la tragedia de los maestros. Eran muchos y ese puente no estaba hecho para eso. En nuestra cara se cayó, yo me lance al rio y nade hasta donde pude para ayudar a sacar a la gente. Fue una tragedia horrible, la gente gritaba, pero con el sonido del caudal del agua no escuchamos bien. El parque estuvo dos años cerrado, hasta que con las remodelaciones y ajustes necesarios logramos que nos permitieran abrirlo de nuevo.

Las caminerías del parque están inspiradas en la forma de una anaconda. Cuando la gente me preguntaba si se podía bañar en el rio cuando estaba permitido–preocupados porque no les apareciera una culebra, yo les decía que no se preocuparan, que pueden caminar incluso sobre de ellas y que nosotros habíamos revisado el agua y todo estaba bien. La verdad era que nunca lo hicimos, todos nos metíamos ahí.

Pero hablando en serio, si la gente camina por los senderos, es decir sobre la anaconda, ella la protege. Ellas protegen el agua, el ecosistema y al humano.
Una vez, no aquí, me mordió una culebra grande, ya perdí la cuenta de cuantas me han mordido, de tantas mordeduras estoy inmunizado, curado. Cuando me picaban me drenaba con el torniquete y sacaba parte del veneno. No era como ahora, que hay muchas formas de curarlas. Las formas eran más rudimentarias, pero efectivas al igual.

VERDE, MUCHO VERDE.

Los arboles tiene el tiempo que tiene construido el parque. Una vida de esfuerzo. Yo los veo asi de grandes, pero me acuerdo cuando los sembramos. Aquí o único exógeno es el mango, que logré meterlo. En el parque se consiguen muchos tipos de plantas, las puede enumerar, nombrar (habla de cada una de ellas como si fuera su hija, recuerda cuando, como y con quien la sembró. Sabe decir para que sirve cada una y su utilidad) hay de todo, malangas, filodentro, un de las especies mas exquisitas del planeta. Planta que necesita mucho frescor.

El merecure, árbol típico de nuestros llanos, fue traído de la selva. El roble, la palmera, reina de nuestras palmas, el chaguaramo, y la planta de Caicara del Orinoco, de donde hacen las arepitas de coroba. El camoruco, la carata una de las palmas conque hacen los techos, el araguaney, la sarrapia. Sofia Fernández me regalo unas semillas de sarrapia, “llegó el momento de la sarrapia” me dijo Doña Sofia, guerrera de guerreras, guayanesa, mujer exquisita, perteneciente a una de las familias mas nobles de esta zona, con una mente maravillosa y unas manos ingeniosas, sabia manejar el arte de la naturaleza, hacia cosas hermosas con las raíces de los árboles. Hermana de Doña Carmen “Menca” de Leoni. Otra mujer increíble.

Hasta aquí llegó el cuento que fue narrado por el querido y recordado Rafael Mendoza Olavarria. Gracias a la licenciada Daniela Finco Klindt por los datos suministrados.

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