Opinión

Cuenta la Leyenda: Leyendas de la alta Venezuela

Venezuela tiene en su enorme extensión de mas de 912 mil kilómetros cuadrados unos seis o siete ámbitos individualizados.
Evelio Lucero
miércoles, 12 agosto 2026

¡La montaña! Tropel de las visiones, milenarios, hieráticos fantasmas, coloquios de la noche con el viento. tiempo de la barba sabia, los dioses del ayer, los nuevos dioses… ¡Cuantos secretos misteriosos guarda!

Todo pueblo refleja su existir en el folclore, el “saber popular” que permite un conocimiento íntimo del pasado y del presente y despierta en todo habitante de un país el amor a su gente y a su tierra, clave para una serena felicidad que la riqueza material hasta ahora no ha podido entregar. El folclore, si se le mantiene vivo y limpio de comercialismo, revela el interés de un pueblo por su propia existencia. Si se muere, el pueblo que lo olvidó o que permitió que muriera, deberá comprar el folclore extranjero que la vendan las potencias patronas del momento.

Venezuela tiene en su enorme extensión de mas de 912 mil kilómetros cuadrados unos seis o siete ámbitos individualizados, lo que se traduce a su vez en una rica variedad cultural y folclórica. La diversidad geográfica, histórica y racial de la nación es la mejor garantía de l existencia de esta riqueza folclórica. De la| seis o siete regiones del suelo venezolano, la de las alturas, que comparten los estados occidentales o andinos de Trujillo, Mérida y Táchira, es la mas aislada del resto del país y, por lo tanto, lo más homogénea e individualizada. Algunos los llamaran la “de los Andes” otros “de la sierra” muchos, la “del páramo”, por un nombre que comprenda toda clasificación hasta ahora conocida y que no excluya ninguna otra. La alta Venezuela termina exactamente a los 5002 sobre el nivel del mar, con la altura máxima del país, el Pico Bolívar, la antigua “Columna” de los viajeros novecentistas. Y comienza donde ya se manifieste lo propiamente andino, serrano o paramero, de altura. En algunas comarcas puede comenzar a los 2.000 metros. En otras esquinas, donde se presente algún frailejón, la planta que simboliza los Andes de Venezuela y Colombia. O donde ya comience el frio nocturno y el calor seco, diurno, del valle. O bien, donde la gente habitante se tenga a si misma por andina, pobladora de sierra y paramo.

Lo folclórico de la alta Venezuela comprende no solamente las elevaciones del relieve. Todo lo que se contenga en la zona alta si tiene una leyenda es territorio legitimo del folclorista. La leyenda de un picacho serrano se puede dar con lo de una cueva, de una laguna, un peñón, una flor o de un ser humano que pertenezca o haya pertenecido, ya sea en forma real o imaginaria, a la alta Venezuela.

Debe insistirse en que este es un repertorio de leyendas solamente. La tradición, junto con el mito, las otras manifestaciones del folclore oral, tienen una función y un carácter muy diferente. La tradición es histórica, lo que equivale a decir que tiene un punto de partida ya establecido y verídico. El mito se liga por lo general a los acontecimientos de una raza o nación y rara vez se aleja de una religión. El origen de la leyenda, en cambio, ya se ha perdido en la sombra del tiempo y lo que se ha recibido a través de las generaciones esta desfigurado por la fantasía.

El contacto con los Andes venezolanos se deben, primeramente, a constantes lecturas sobre su historia y su folclore, seguidas por su correspondencia con algunos de los entusiastas andinistas de Mérida y Caracas. Y luego, un viaje de unas cuantas semanas, este viaje significa la recolección de gran parte de las leyendas, otras comunicadas por diferentes viajeros y muchas de fuentes ya publicadas con anterioridad, las crónicas de la Conquista y la Colonia, las visitas a tantos lugares: parques temáticos que construyó Alexis Montilla, Apartaderos, el pico Bolívar, Jaji, Sierra Nevada, Chorros de Milla, la Iglesia de la Coromoto, construida por Juan Félix Sánchez, el Calvario, Bailadores, Santa Cruz de Mora y muchísimos otros.

Al componer este leyendario me vi abocado a veces a problemas varios, algunos prácticamente sin solución, el primero que versa sobre el aporte indígena, fue el que me ofreció los mayores. No ha habido acuerdo entre los antropólogos sobre una denominación definitiva para los primitivos pobladores de los estados andinos de hoy. Hay que recordar la aseveración que Julio C. Salas, humanista de distinción, hizo al respecto: “…hallaban los españoles tantos idiomas cuantas leguas de terreno descubrían”. Por lo tanto, uso indistintamente nombres como timotes, mucus, mucuchies, tatuyes, cuicas y otros, sin manifestar preferencia alguna o bien, aceptar la denominación cuya fuente se cita. Esto implica que, no que la contribución nativa haya sido pobre, sino no que sencillamente no fue recogida a tiempo, es decir, antes que los indígenas fueran exterminados por los conquistadores o absorbidos por la expansión de la raza blanca y mestiza. Se verá también que existen vacíos en el tratamiento de algunos temas pertenecientes otros capítulos. Pero se debe a que no han aparecido leyendas sobre determinados seres o rasgos del páramo.

Toda esta información debo decir que tengo agradecimiento al: señor Manuel Albarrán, de la Toma, Mérida, al señor José Gil Santana, de Apartaderos, Mérida; señor Jesús del Carmen  Dávila, de Llano del Hato, Mérida, una simpática señorita empleada del refugio Turístico Mifafi, de Apartaderos, señor Miguel Briceño de Trujillo y domiciliado en San Cristóbal, varios arrieros de Apartaderos y Mucubaji, encargados de guiar turistas a las lagunas Negra y de Los Patos; campesinos y vecinos esparcidos  a lo largo del rio Chama, y a todos los venezolanos , conocidos y desconocidos  que fueron cordiales y corteses para un viajero curioso y seguramente importuno.

Este leyendario es el rezago de la Venezuela tradicional y rural, en momentos en que la Venezuela Industrial marchaba en rápido progreso y evolución, este compendio de costumbres y creencias que nos entrega un pasado no muy lejano acaso contribuye a reforzar a los lectores el amor a su tierra y a su gente, apoyo espiritual indispensable para todo pueblo dispuesto a enfrentar lo que le depare el destino.

   LOS ANDES ERAN INDIOS…

… los encantos son indios, completamente indios, que son los verdaderos dueños del páramo. Que son los que tiene contacto con Dios, que nosotros creemos que viven debajo del agua de las lagunas, pero en realidad viven en casas preciosas que nosotros no podemos ver sino como un lagunón…

A los chipchas deben los venezolanos sus Andes… los dioses de los chibchas los crearon, los timotes de este lado los recibieron como suyos y los venezolanos modernos los heredaron.

El génesis indiano, se llame chibcha o muisca y, por adopción, timotes o tatuy, se inició solo cuando había “algo grande” a lo que se llamaba Ciminigagua. Este Dios supremo hizo crecer la luz, q          ue contenía dentro de sí mismo y creó luego grandes pájaros negros, a los que ordenó volar por el mundo repartiendo rayos de su luz pura y brillante. Todo el mundo se iluminó. Y como la luz, Cjiminigagua creó todo, incluyendo las montañas. Y si estas son hermosas es porque fueron creadas por Dios y por ser un Dios tenían que ser sagradas.

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