Opinión

Cuenta la leyenda: La música culta venezolana

La emigración de músicos caraqueños iniciada en 1.812, después del terremoto que asoló a la capital.
Evelio Lucero
miércoles, 09 septiembre 2026

Como en otros países de América Latina, el desarrollo de las actividades musicales en Venezuela ha seguido dos sendas bien diferenciadas: por una parte, la música culta, de raigambre y tradición europea, que prendió en el país desde la llegada de los españoles; por otra parte, las diversas expresiones de la música popular, que han ido conformando, a lo largo de cinco siglos, un auténtico laboratorio de formas sincréticas. Es en el siglo XX cuando ambas sendas de la creación musical se cruzan y fertilizan mutuamente, si no por vez primera, si de manera consiente. A ello ha contribuido el hecho de que las expresiones musicales del pueblo se convirtieran, desde los albores de la Independencia, en depositarias privilegiadas de las señas de identidad nacional. Abordaremos aquí la vertiente culta de la música en Venezuela.

EL PERIODO COLONIAL

Del primer musico venezolano se sabe solo que era cantor contralto y que ejercía de chantre en la catedral de Santa Ana de Coro, a mediados del siglo XVI. Las autoridades españolas, que reglamentaban todos los aspectos de la vida colonial, habían decretado que las iglesias catedrales levantadas en sus dominios deberían dotarse cuando menos de un órgano y un chambre. Órgano hubo en Caracas ya desde 1.591, y cincuenta años después, una escuela de canto llano. El primer maestro de capilla de la catedral de Caracas, el padre Gonzalo Cordero, ejercía sus funciones en 1.671, A mediados del siglo XVII se convirtió fray Diego de los Ríos, fundador de San Miguel de los Araguaneyes, en el primer compositor que registra la historia de la música en Venezuela. Tradicional en aquella época, su obra, que constaba esencialmente de villancicos y motetes, presenta sin embargo un rasgo original: estas piezas fueron compuestas para ser cantadas en lengua caribe. La primera mención de obras musicales compuestas en este territorio lleva ya la emblemática impronta del mestizaje cultural. A caballo entre los siglos XVII y XVIII apareció el primer musico nacido en el país: Francisco Pérez Camacho. Nacido en el Tocuyo en 1.659, fue alumno de la capilla catedrática de Caracas, de la que llegó a ser maestro. En 1.725 fue nombrado profesor de la catedra de música de la universidad, recientemente creada.

EL SIGLO XVIII Y COMIENZOS DEL XIX.

La sociedad caraqueña prospera muy rápidamente durante este periodo, gracias al fomento de las actividades comerciales con la metrópoli y a la penetración de los gustos afrancesados. Se consolidan en la capital dos polos de formación y difusión de la música culta: la catedral y la Escuela de Chacao. Puede afirmarse, sin temor a exagerar, que el nombramiento en 1.739 de Ambrosio Carreño en el cargo de organista de la catedral marcó el inicio de una larga y fértil tradición de música sacra en Venezuela, así como también de  un ilustre linaje de músicos, que se extiende hasta el siglo XX. Ambrosio Carreño impulsó la carrera de músicos notables, como el expósito Cayetano Carreño (1.766-1.836) quien le sucedió en el cargo de organista, y autor, , entre otras obras, de un celebre Monte de los Olivos. Cayetano fue padre de Manuel Antonio Carreño y abuelo de Teresa Carreño, la famosa pianista. El primer Carreño adoptó también a otro ilustre portador del apellido, Simón que se daría a conocer como el maestro de Simón Bolívar, con el nombre de Simón Rodríguez. El impulso dado entonces a los estudios musicales dejo una brillante estela de músicos. Pedro Nolasco Colón, autor de Un Pésame a la Virgen, que se sigue interpretando en las ceremonias de Semana Santa, Juan y Antonio Caro de Boesi, de quienes poca cosa se conserva, con excepción de una misa de difuntos atribuida al segundo hermano; Francisco Javier Ustariz y Bartolomé Bello, el padre de Andrés Bello. De la mayoría de ellos no se han conservado las obras.

LA LABOR DEL MAESTRO SOJO.

La consolidación de este movimiento fue obra de un compositor y pedagogo excepcional: el Padre Sojo. Sacerdote nerista, Pedro Ramón Palacios Sojo y Gil de Arraitia (1.739-1.799), nacido en Caracas en una familia mantuana, congregó en su hacienda de Chacao y en el oratorio de la Capilla de San Felipe Neri, que fundó en 1.764, a un grupo d jóvenes aficionados a la música. De la escuela de Chacao del Padre Sojo saldrían algunos de los más ilustres compositores de la época, y su influencia se extendería hasta el periodo revolucionario. La efervescencia musical de Caracas en los años previos al estallido revolucionario y en los primeros años de las guerras de Independencia puede medirse con la proliferación de orquestas en la ciudad. En el momento de mayor auge hubo hasta cinco agrupaciones mas o menos estables. Los compositores europeos mas estudiados por los músicos caraqueños eran Haydn y Mozart. El mas notable alumno de la Escuela de Chacao, sin duda, Juan Manuel Olivares (1.760-1.792) Olivares fue el delfín del padre Sojo, quien le encomendó la tarea de organizar los estudios de la Escuela. De su obra ha sobrevivido una pequeña parte, pero es justamente celebre su Stabat Mater, para coro mixto y formación orquestal típicamente colonial: dos flautas, dos trompas en mi bemol y sección de cuerdas. Otro compositor notable de la Escuela fue José Francisco Velásquez (¿- 1805), cuñado de Olivares.

EL SIGLO XIX

La emigración de músicos caraqueños iniciada en 1.812, después del terremoto que asoló a la capital, fue responsable de la llegada de la enseñanza musical formal a las principales poblaciones de los valles del Tuy y de Aragua, y de los Llanos centrales. La recuperación de Caracas después de la Independencia fue lenta y trabajosa. La primera Escuela de Música se hospedó en la Academia e Bellas Artes, fundada en 1.849. La ópera llegó a la capital en 1.854, de la mano del Hernani de Verdi. A pesar de la zozobra política del periodo, los caraqueños se aficionaron a los espectáculos musicales, a la ópera y a la zarzuela, a los sainetes y al vals. En términos generales, sin embargo, la espléndida tradición del siglo anterior y los primeros años de XIX se perdió por completo. El nivel de la enseñanza y las orquestas era lamentable. Los músicos de la época pecan de provincianismo. Os estudios impartidos en el conservatorio fundado por Felipe Larrazábal (1.816-1.873) en 1.868 eran bastante mediocres.

Dos familias de músicos destacan en este yermo: los Montero y los Carreño. José María Montero (1.782-1.869). alumno de Landaeta, ha dejado composiciones carentes de originlidad, pero su hijo, José Ángel (1.839-1.881), exhibía cierto talento en las composiciones sacras-fue maestro de capilla de la catedral- y las zarzuelas, genero del que fue su primer representante venezolano. En la familia Carreño nació un musico excepcionalmente brillante: Teresa (1.853-1.917), cuyas virtuosas interpretaciones pianísticas la hicieron famosa y suscitaron la admiración de Franz Liszt, Johannes Brahms, Edvard Grieg y Anton Rubinstein. Teresa Carreño hoy es un mito en Venezuela. El mas importante auditorio del país lleva su nombre y sus restos reposan en el Panteón Nacional desde 1.977. pero los venezolanos nos olvidan a menudo que, cuando quedó encargada por Antonio Guzmán Blanco de organizar la temporada de ópera de Caracas en 1.886, la ultraconservadora sociedad caraqueña la repudió ostensiblemente por ser una mujer divorciada.    Guzmán Blanco fundó el Instituto Nacional de Bellas Artes en 1.877, que albergó una academia de música. Su descendiente es la actual Escuela de Música José Ángel Lamas. El déspota ilustrado, que era un afrancesado a ultranza, favoreció sobre todo la música de salón y los géneros musicales más superficiales.  Con todo, destacan algunos compositores dignos de mención: José Gabriel Núñez Romberg (1.834-1.918), el también pianista Narciso L Salicrup (1.869-1.910 y el contrabajista Pedro Elías Gutiérrez (1.870-1.954), autor de la célebre Alma Llanera y director de la Banda Marcial de Caracas, cargo en el que le precedió Federico Villena (1.835-1.899). autor de valses cargados de préstamos a melodías vagamente folclóricas. El músico mas destacado fue, sin duda, Ramon Delgado Palacios (1.867-1.902). organista virtuoso y maestro de capilla de la iglesia de San Francisco, recordado sobre todo por sus valses, de gran complejidad técnica. El vals que llegó a Venezuela hacia 1.850, se hizo muy popular en el país en el ultimo cuarto del siglo XIX. Adquirió rasgos idiosincráticos en manos de los intérpretes y compositores caraqueños, quienes le inyectaron en altas dosis los ritmos característicos del joropo. De esta forma surgió una variedad típicamente caraqueña, el vals al compás de seis por ocho.

EL SIGLO XX

En lo que respecta a la música, el siglo XIX se prolongó en Venezuela hasta la muerte de Juan Vicente Gómez. El renacimiento musical que se produjo posteriormente  fue obra sobre todo de un musico de excepcional talento: Vicente Emilio Sojo (1.887-1.974) Sojo fue el primero en recuperar la brillante tradición de la Colonia, y a pesar de haber recibido una formación deficiente desde un punto de vista técnico, ha dejado composiciones muy estimables. Pero la labor de Sojo fue especialmente notable en el terreno de la pedagogía musical. Desde su nombramiento como director de la escuela de la Academia de Bellas Artes en 1.936, formó sólidamente a toda una generación de músicos. Baste con citar aquí a sus mas ilustres representantes, muchos de los cuales se han ilustrado a su vez como pedagogos, directores de orquestas y compositores: Antonio Estévez, Evencio y Gonzalo Castellanos, Antonio Lauro, Inocente Carreño, José Antonio Abreu y Modesta Bor. El maestro Sojo fue asimismo el fundador del Orfeón Lamas y, sobre todo, de la orquesta sinfónica de Venezuela. Otro educador que ejerció una gran influencia desde la Escuela José Ángel Lamas fue Moisés Moleiro (1.905-1.979), compositor de interesantes piezas para piano. Esta historia musical, aparte de ser muy interesante es muy extensa, recordar a tantos ejecutores musicales, directores, compositores es una labor titánica

LA GUITARRA

Mención aparte merece la música escrita para este instrumento, así como el excelente nivel de sus interpretes desde mediados del siglo XX. El relieve adquirido por la guitarra en Venezuela es obra del caraqueño Raúl Borges (1.882—1.967), autodidacta y genial maestro, quien orientó a Alirio Diaz (1.923) antes que este guitarrista de La Candelaria (Lara) se convirtiera en uno de los alumnos predilectos de Andrés Segovia. También el bolivarense Antonio Lauro (1.917-1.986) tuvo a Borges de maestro. Las composiciones de este musico nacido en Ciudad Bolívar, renovaron la literatura para guitarra e introdujeron elementos rítmicos y melódicos típicos de la música popular venezolana.

La fundación del Orfeón Lamas por el maestro Sojo supuso el inicio de una importante tradición coral en nuestro país. Uno de los más brillantes discípulos de Sojo, Antonio Estévez, fundó a su vez, e el año 1.942 el Orfeón Universitario, que dirigió posteriormente otro talentoso maestro, Vinicio Adames (1.927-1.976). después del lamentable accidente aéreo en el que desaparecieron, el 3 de septiembre de 1.976. Adames Y casi todos los coralistas durante una de sus giras.

CONTINUIDAD DE LA ESCUELA DE CHACAO

La Escuela de Chacao admitía músicos de estratos sociales inferiores, sobre todo pardos. Uno de estos pardos era Juan José Landaeta (1780-1814), quien se sumó al movimiento independentista, simpatizó con Bolívar y murió, como otros músicos caraqueños que intentaban huir a Oriente, a manos del realista José Boves. A Landaeta se le atribuyó la autoría de la música del himno nacional, el GLORIA AL BRAVO PUEBLO, pero los musicólogos se han decantado recientemente por Lino Gallardo (1770-1837), otro compositor formado en la Escuela de Chacao y también amigo de Bolívar. Cabe destacar la labor de otros dos alumnos de esta escuela: José Ángel Lamas (1775-1815), y Juan Meserón (¿-1843). Del primero han llegado numerosas composiciones. Bajonista de la catedral, se mantuvo al margen de las primeras luchas por la independencia. Su POPULE MEUS para coro mixto y orquesta es una de ls obras mas tocadas del repertorio venezolano, y su MISA EN RE, la primera composición sacra formalmente lograda de la tradición musical sacra de Venezuela. Em cuanto a Meceron, menos conocido que Lamas, es el autor del primer manual de enseñanza musical. Tomó las armas y la leyenda sugiere que salvó la vida en una ocasión por su dominio de la flauta, que había impresionado a Boves o a Francisco Morales. Es autor de sinfonías-de las que solo se conserva la octava-. Y de obras religiosas.

La disgregación de la Escuela de Chacao no significó la desaparición de su legado, sino su floración en forma de “capillas” o grupos musicales. En una de estas capillas se formó ‘José María Osorio (1803-1815), fundador de la catedra de canto llano de la Universidad de Mérida y de la Orquesta Sinfónica de esa ciudad, para la que compuso la primera opera registrada en la historia de la música venezolana: EL MAESTRO RUFO ZAPATERO, de la que han sobrevivido algunos fragmentos. Otro caraqueño. Bartolomé Bello, impulsó la vida musical de Cumana a finales del XVIII, allanando el camino a José María Gómez Cardiel (1797-1872), director de la Opera de esta ciudad a partir de 1843.

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