Cuenta la leyenda: El gobernador Centurión
Santo Tomé se traslada a la Angostura las dos comandancia.
Los pecadillos del Gobernador Moreno de Mendoza.
Llega Manuel Centurión, el artillero. Lo malo de pelear con los Capuchinos. Los avances portugueses.
Lo principal es poblar. Juicios sobre el primer zar de Guayana.
Don José Solano y Bote, mientras se desempeñaba como comisario de la Expedición de Limites con Portugal, tuvo ocasión de residir en aquel poblado infeliz de Santo Tomé de Guayana, cuando su ubicación era junto al río Usupamo, por los lados de Castillos. Consideró que era muy ingenua la pretensión de que ese reducto militar sirviese como capital de una gran provincia, cuando apenas podía sostener a un puñado de soldados. Recomendó el Rey Carlos III que la hiciese trasladar a la angostura del Orinoco. “Donde solo tiene 800 varas de ancho”. Hubo mucha oposición en Guayana y en la Corte, pero al fin llegó la orden con la Cédula Real de 1761, y se encomendó la ejecución a D. Joaquín Sabas Moreno de Mendoza. Los capuchinos facilitaron trabajadores y comidas para las construcciones indispensables. y en 1764 se desplazaron a la nueva ubicación de Santo Tomé un total de 57 familias, 220 cabalgaduras y 5.000 reses.
Los pecadillos del Gobernador
Cuando terminó sus trabajos sin pena ni gloria la frustrada Comisión de Límites, la provincia de Guayana quedó dividida en dos comandancias. La que tenía por capital a Santo Tomé, bajo la autoridad del gobernador y comandante Joaquín Sabás Moreno de Mendoza; y la de Nuevas Poblaciones, al mando del jefe de escuadra D. José de Iturriaga. El primero, a quien Ciudad Bolívar ha dedicado una calle, gozaba de cierto prestigio por el traslado de la ciudad, las primeras edificaciones y las facilidades que daba para que se instalasen nuevos pobladores. Pero cometió algunos pecadillos que entonces parecían impropios de un gobernante, aunque en nuestros tiempos se practican a los más altos niveles: se consiguió una espléndida barragana y no trató de disimular sus debilidades. El rey consideró que daba mal ejemplo y mandó a reprenderle por su “licenciosa vida” y por “la amistad deshonesta con la que disipaba la dote de su mujer y el patrimonio de sus hijos” y eso a pesar de que no dio a su querida ni puestos en la gobernación ni cuentas bancarias en el exterior. Entre tanto, el pobre almirante Iturriaga, ya anciano, sufría de “perlesía”, reuma y otros achaques propios de su edad avanzada. Y no podía moverse de su modesta residencia para fundar nuevos pueblos ene el Alto Orinoco. ¡Lo que más le oían decir sus familiares y amigos era “ay! ¡Mi madre!” y “!ay, mi abuela!”, cada vez que intentaba levantarse de su silla de mimbre.
El artillero Centurión
El capitán Manuel Centurión había llegado a Caracas en 1761, lleno de entusiasmo, con sus 28 años y un montón de proyectos. Le encomendaron las fortificaciones de Puerto Cabello, y demostró que era un hombre de iniciativas recuperó y puso en servicio 375 fusiles que habían sido abandonados por inútiles; formó una escollera o terraplén de piedra al sur de puerto (aun todavía subsiste); instaló unas baterías con 22 cañones para impedir el acercamiento de naves enemigas; reedificó el puente sobre el foso que dividía en dos al pueblo; construyó una red de acueducto con 2.679 varas de cañería… y una cárcel para meter en ella a los aduaneros corruptos. Esto último no le granjeó amigos en la zona.
El gobernador de Caracas, D. José Solano, quedó maravillado. Y envió al artillero a la Isla de Margarita, para que fortificara la isla. Poco se podía hacer sin recursos, pero Centurión era muy emprendedor. Convenció a la población para que trabajasen en plan comunitario en la reconstrucción de los puentes o castillos “por que se esperaba u ataque de los ingleses” consiguió poner en servicio todos los cañones abandonados por rajaduras; y adiestró a los pocos soldados en el manejo de las armas. Era el año 1764. A su regreso a Caracas tuvo una nueva encomienda: actualizar las defensas de La Guaira. Y en ello estaba cuando recibió el encargo de sustituir en Sant Tomé al comandante Moreno de Mendoza, que seguía muy apegado a su barragana. Era el año 1766. Poco después, el anciano y achacoso José de Iturriaga aprovechó la oportunidad para que también le sustituyese Centurión en la comandancia de las Nuevas Poblaciones. Y así quedó el artillero como gobernador de toda la Guayana. Nuestro hombre tenía 36 años de edad.
La defensa de Guayana
Manuel Centurión comprendió enseguida que el progreso de Guayana dependía de su defensa eficaz. En total disponía de 222 soldados de infantería y 60 artilleros para toda la provincia. Reclamó al virrey Guirior de Santa Fe, que le enviase 150.000 pesos para hacer fortificaciones; y como era de esperar, éste le contestó que no había ni un real en la caja y que ni siquiera le habían pagado los sueldos vencidos del año anterior. En vista de ello acometió las obras por su cuenta con lo que pudieron aportar los misioneros y los vecinos. Fortificó el Padrastro, junto al Usupamo; hizo fortalezas en San Carlos de Rio Negro, la Isla de Fajardo y en los ríos Erebato y Caura. Apostó soldados en las rutas que seguían los caribes para la captura de esclavos. Construyo un cuartel provisional, un almacén de pólvora y tres fuertes; San Rafael, Brillante y Buena Vista, en Santo Tomé. Consiguió uniformes para los soldados. Y colocó trampas en muchos caños del Delta para impedir o dificultar la entrada de piratas o contrabandistas.
Lo malo es pelear con los Capuchinos
Es muy desagradable pelear con los frailes, sobre todo cuando ellos son catalanes y creen tener la razón. El primer problema fue el de trasladar a cuatro pueblos que estaban casi en la orilla del Orinoco y que, por Real Orden de 1762, debían ser abandonados para que los piratas no encontrasen nada de valor en sus entradas por el río. Eran Piacoa, Tipurúa, Uyacoa y Upata, fundados y cuidados por los capuchinos catalanes. Centurión y los capuchinos apelan al rey, y este confirma la orden de desalojo. Los frailes, a regañadientes, tuvieron que convertir a los cuatro pueblos en dos: Santa Ana y Monte Calvario, en la margen occidental del Caroní. La verdad es que prosperaron en poco tiempo. El segundo problema se refería al pago de los diezmos. Los capuchinos eran los grandes ganaderos de la provincia. Llegaron a reunir 100.000 cabezas de ganado. Cada año herraban 12.000 becerros, 400 potros y mas de 70 mulas. Pero no pagaban impuestos porque, según las normas antiguas, ellos estaban exentos y toda su producción era para sostener a sus misiones. Centurión los denuncia ante el Rey. Una primera cédula real de 1774 da la razón a los capuchinos. Centurión apela y por fin consigue que la corona obligue a los frailes a pagar el diezmo. Pero existía un tercer problema conexo y de más difícil solución. En los “Pueblos de Misión” el jefe civil era el mismo misionero. Sin embargo, se suponía que, a los 20 años de fundados, pasarían a ser “Pueblos de la Corona” y, por lo tanto, los indios y los frailes estarían sujetos a toda la legislación ordinaria, y tendrían como jefe civil a un prefecto designado por el gobernador. El obispo de Puerto Rico se pone de parte de Centurión, pero se requieren varios años para que los capuchinos cedan las jefaturas a los prefectos civiles. Y es que los capuchinos catalanes, además de emprendedores, progresistas, sacrificados y misioneros, eran bien tercos.
El conflicto con los portugueses
El comandante del Alto Orinoco, Félix Ferreras, en 1766, alerta a Centurión, mes tras mes, sobre los avances de los portugueses por los lados de San Carlos de Río Negro. Solo dispone de 30 hombres, frente a un millar de portugueses Centurión decide enviar una primera expedición, al mando de Vicente Díaz de la Fuente, a la laguna de Parime y Cerro Dorado. El cabo Isidro Rondón va como “interprete de caribes”. Navegan hasta la entrada del río Mao, entran por el río Abarauru y llegan a la laguna de Parime. De regreso fundan tres pueblos: San Juan Bautista de Cadacada, Santa Barbara y Santa Rosa. El sargento Marcos Zapata y 124 soldados quedan como guarnición de los nuevos poblados, en territorio que ahora es Brasil, no han encontrado ningún portugués en el viaje. Los indios de la zona no han visto portugueses. Pero, al poco tiempo, los portugueses se enteran, por un desertor español, de que hay unos pueblos cerca de Parime, los atacan y saquean, dispersan a los indios y a los soldados, y se quejan, por medio de su embajador en Madrid, de que los españoles han entrado en su territorio. Una comisión de juristas determina que los portugueses, por el tratado de Tordesillas que estaba vigente, solo tenían derecho a la punta de Brasil hasta el meridiano 46. Los portugueses responden que la costumbre establecida atribuye a cada país lo que hay explorado y ocupado antes que otros. Manuel Centurión, sin esperar el resultado de las negociaciones en Madrid, envía una segunda expedición, esta vez con mayores alcances, y trata de ocupar para España las cuencas del Río Blanco y Río Negro, todo en territorio que era de España según los tratados y ahora es de Brasil. Los indios, que han sufrido las cacerías de esclavos de los portugueses, le ayudan en la exploración. Pero los portugueses, advertidos por el desertor, tienden una emboscada a 14 soldados españoles y se los llevan presos. El virrey del Nuevo Reino de Granada y el Gobernador de Caracas, burócratas de oficina, no apoyan a Centurión en esa aventura ni le ayudan a recuperar a los cautivos mediante un grupo de comandos; ya que, según ellos, Guayana no tenia población suficiente ni aun para mantener el espacio que ya ocupaba.
Y ¿qué sucedia en Angostura de Guayana?
La nueva Santo Tomé en la angostura del Angostura del Orinoco, era todavía un modesto poblado. Los frailes habían contribuido con los albañiles, caleteros y peones indios, además de alimentación y buena parte de los materiales, a la ejecución de las obras fundamentales. Cuando llega Centurión en 1766 es poco lo que se ha hecho. Y, siguiendo su estilo, decide que Santo Tomé de Guayana, en la Angostura, debe ser una ciudad moderna y capital de una extensa provincia. Lo fundamental es traer gente. De Caracas vinieron las primeras doce familias. En total trajo 400 familias de la costa. Pero necesita más pobladores. Y envía al capitán Antonio Barreto a Santa Fe y a Tunja para que traiga centenares de inmigrantes. Se vienen todos los dispuestos a vivir en Guayana: sombrereros, zapateros, costureras, albañiles, músicos, herreros, barberos, caldereros, guarnicioneros (los que hacían correajes de cuero), curtidores, dos eclesiásticos predicadores… y todos los presos de la cárcel de Tunja que desearon “emigrar” Con ellos, los misioneros y los indios ya catequizado, deja establecida 43 poblaciones mixtas, de indios y españoles, con 8.558 habitantes, mas 131.000 cabezas de ganado. 2.900 labranzas y 712 nuevas casas. Edifica la iglesia de la Angostura y varias más, instala el primer colegio, traza calles empedradas, funda el hospital para los pobres, crea el Cabildo, fortifica la angostura del río con baterías de cañones a ambos lados, aumenta la Hacienda Real en mas de 60.000 pesos, estimula el comercio y consigue el permiso para fletar un barco que vaya directamente a España, establece plantaciones de cacao en el Alto Orinoco, convierte en población los bohíos de La Esmeralda, adiestra y uniforma a la tropa, captura treinta naves de contrabandistas (inglesas, francesas, españolas, y holandesas), explora los grandes ríos de Guayana hasta sus cabeceras y aun se atreve a enfrentarse a los conquistadores holandeses y portugueses, más numerosos y mejor pertrechados que sus modestas tropas. Para esas iniciativas gastó 35.000 pesos de su propio peculio. Cantidad respetable si se tiene en cuenta que sus ingresos totales en 10 años, mientras fue gobernador, no llegaba a 30.000. cuando Centurión deja el cargo, 10 años después, Santo Tomé d la Nueva Guayana es una ciudad prospera y capital de una provincia que ya tiene 43 poblaciones de indios y españoles.
Opiniones sobre el gobernador Centurión
Todos los grandes hombres tienen admiradores y detractores. Manuel Centurión con muchos más de los primeros que de los segundos. Apenas los capuchinos catalanes por los pleitos de los diezmos y de los pueblos de misión, se encuentran entre los que escriben contra el extraordinario gobernador de Guayana: “un gran hipócrita con capa de celo… un poder del infierno… y tiene un maldito genio” sin embargo, el jesuita P. Gilij, a pesar de haber sido Centurión, por orden real, el ejecutor de la expulsión de la Compañía de Jesús de toda la zona, hace de el tales elogios en su libro “Historia del Orinoco”, que muestra la nobleza del jesuita desterrado: “El gobierno de D. Manuel Centurión es merecedor de alabanza inmortal. Supero las esperanzas de todos”.
El historiador Guillermo Morón decía de el: es Centurión quien imprimió un ritmo civilizador a la capital, con trazado de calles y avenidas, con casas de mampostería, con iglesia, escuela y cabildo, la verdad es que la extraordinaria labor administrativa y civilizadora de Centurión, no fue imitada por sus sucesores, ni encuentra parangón en ninguno de sus antecesores.
Ciudad Bolívar, la sede de este extraordinario gobernador, le ha dedicado la plaza que antes se llamó “del Convento”. La tiene bien merecida al primer zar de Guayana. Es la opinión de los guayaneses sobre el gobernador Centurión.
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