Cuenta la Leyenda: Caracas la ciudad que no vuelve
Por espacio de más de cuatro siglos, Caracas no pasa de ser un caserío rodeado de florestas y cañamelares, así la observaba el historiador Oviedo y mucho mas tarde Depons y Humboldt. Su privilegiada situación al pie del Ávila, así como lo agradable de su clima y la fertilidad de la tierra debieron influir en el ánimo de los moradores para no abandonarla pese a la furia desencadenada de los terremotos que cada sesenta años la embargan de espanto o de las pestes que periódicamente hacen estragos en la población.
Así llega el 19 de abril del año 1.810 la cruenta lucha por la independencia, que iría a durar 11 largos años, termina por reducirla a sus más mínimas proporciones.
Al promediar el siglo XIX, se produce en el mundo la llamada revolución industrial, los ecos o repercusiones de este gran movimiento no tardan en presentarse con el telégrafo cuya primera línea entre Caracas y la Guaira comienza a funcionar en 1856, viene después el ferrocarril, la luz eléctrica, el teléfono, el automóvil y el avión. El piloto norteamericano Frank Boland evoluciona sobre el Municipal con un biplano el 29 de septiembre de 1912. Pronto iba a brotar el petróleo. La naturaleza había puesto bajo tierra sobrados medios económicos con los cuales la ciudad recuperaría en solo 30 años el tiempo perdido durante varios siglos, Nadie podía sospecharlo.
A partir de aquel momento empieza a operarse el milagro de la transformación. Por doquier caen tapias y ventanas voladas. El corral de las antiguas moradas se convierte en calles o estacionamientos. Desapareciendo añosos tamarindos, y bucares. El historiador Páez Pumar logra salvar dos MIJAOS. (planta similar al plátano y sus hojas son las mejores para la envoltura de las hallacas) Desde su garita en el Concejo Enrique Bernardo Núñez contempla la acción dinámica de los tractores, es el fin de la Ciudad de los Techos Rojos.
“A pesar de sus cuarenta mil automóviles y de sus cuatrocientos mil habitantes, de gran numero de bares, boîtes, dancing, restaurantes, cines, hoteles y reservados, Caracas tiene de noche cierto aire conventual, comenta en 1942 (año de mi nacimiento) el celebrado autor de “Cubagua”__Las ventanas están cerradas, las calles desiertas. Se escucha el toque de Animas. Hay esquinas y portales con cruces y hornacinas, al norte, el Ávila, se perfila la torre del Panteón, al sur corre el Rio Guaire, despejado de verdor de sauces, al. Oeste Catia, sitio de los primeros establecimientos, al este se desarrolla la gran arteria natural del futuro. Gentes de todos los países se apoderan de ella. La ciudad de los techos rojos se encuentra hoy en la ruta de un gran éxodo. Esta humanidad trae consigo una propia arquitectura. Mañana tal vez, algún escritor se cuente entre sus descendientes. Sentado frente de su ventana contemplará la noche serena, las estrellas errantes. La brisa esparcirá en torno suyo el secreto de las cosas, de las generaciones desaparecidas y movido por la ternura del cielo, por el amor a la ciudad que ha visto desde niño, acaso escriba un libro”
En efecto el afanoso empeño de más de medio millón de inmigrantes españoles, portugueses e italianos, aunado al ingenio creador del venezolano hacen posible la evolución de una aldea poblada de rancherías y casa de corredor, en una urbe cruzada de autopistas y pasos a nivel. El valle de diez y siete kilómetros de largo por ocho de ancho que antes parecía extenso es hoy estrecho para albergar mas de dos millones de habitantes. Desde cualquiera de las colinas circundantes Caracas luce como una ciudad de rascacielos en cuya periferia acampa la improvisada pobreza de los ranchos
Pero este proceso no ha concluido, cabe aquí recordar que en tiempo pasado el Colegio de Arquitectos, por voz de su presidente, Carlos Guinand Baldo, convocó a Ingenieros y Directivos de la Oficina de Planeamiento Urbano a fin de cruzar ideas en torno a las previsiones que deberían tomarse para enfrentar el vertiginoso ritmo de crecimiento. Según tales estimaciones Caracas debería tener en el año 1.980 cuatro millones de habitantes.
EL PARAISO
La urbanización El Paraíso es una de las primeras con que cuenta Caracas. Comienza a desarrollarse al principiar el siglo. Sus promotores trazan algunas avenidas y edifican “Chalets”, similares a las que existen en las afueras de Paris, todavía no había desaparecido la influencia afrancesada guzmancista. Los techos son pizarras de un rojo vivo. Entre los ingenieros proyectistas se recuerdan Alberto Smith, Rafael Seijas Cook, este último también trabajó en los planes del Palacete de la Acacias, construido para la familia Boulton, otras importantes residencias fueron las de Bartolomé López de Ceballos y Don Carlos Zuloaga, también se cuenta entre los vecinos pioneros: Don Aureliano Fernández, y Raimundo Fonseca, el Dr., José Loreto Arismendi y Pedro Salas. La casa de don Carlos Zuloaga, construida contra temblores con una armazón o estructura de hierro fue parcialmente fundida por un rayo durante una tempestad desatada sobre Caracas en el año 1.908, en dicho suceso no hubo daños personales que lamentar, pero se perdieron una gran cantidad de obras artísticas muy valiosas. Entre la segunda y tercera década fue poblándose la nueva urbanización. Algunas de las familias pudientes, que vivían en Altagracia, optaron por mudarse al Paraíso. Ya existía en sus predios en la avenida principal el Hipódromo y una gallera mandada a construir por el presidente Juan Vicente Gómez, así como un campo atlético propiedad de la colonia alemana y un primitivo estadio de beisbol___Los Samanes___Además de una laguna y hermosos parques. Entre estos el de la República, donde se erigió el monumento ecuestre a el General José Antonio Páez y las plazas Madariaga y Petion. El edifico que hoy ocupa el Colegio San José de Tarbes fue levantado por el Gobierno Nacional a fin de que sirviera de sede a la primera gran exposición industrial de Venezuela en 1.895, siendo su constructor el arquitecto Juan Hurtado Manrique.
Otro signo de ornato iba a ser la modernización de la avenida Carabobo, en cuyo extremo oeste, fue erigido el monumento conmemorativo de la batalla de ese mismo nombre y cuyo boceto y ejecución es del escultor Eloy Palacios. En la ciudad de aquel tiempo se convirtió en uno de los más celebrados motivos de atracción. Miles de postales tomadas desde diferentes ángulos fueron distribuidas a los turistas teniendo por figura central la esbelta humanidad de La India.
Pronto los caraqueños hicieron de la naciente urbanización uno de los paseos predilectos. Acudían de tarde en coches, a caballo o en tranvías, desaparecieron las haciendas y antiguos trapiches y la tierra fue rápidamente parcelada, en poco tiempo El Paraíso cambió de fisonomía y se integró a Caracas.
En los predios de la urbanización ya no existen los chalets, ni románticas cascadas. Altos edificios y centros comerciales, una universidad y un cerro poblado de ranchos, han transformado la tierna fisonomía de otrora. Apenas quedan erguido no lejos de la plaza de la Republica el vetusto edificio de San José de Tarbes, en cuya fachada puede leerse todavía aquella significativa inscripción: =QUIEN COMO DIOS=
LAS CARRERAS DE CABALLOS
La mayoría de los venezolanos siempre fuimos muy aficionados al hipismo (carrera de caballos) desde el día martes de cada semana ya existían muchos con la “Gaceta Hípica” o la “Fusta” en el bolsillo trasero del pantalón, buscando para el próximo sábado o domingo a cual caballo, jinete, entrenador, Stud, apostar y ganar algún dinero, existían las dupletas, un cuadro para apostar costaba un bolívar y el valor total era tanto x tanto, muchos jinetes, comentaristas, locutores, periodistas se hicieron famosos, en casi todo el país las emisoras se escuchaban en cada domicilio, pero… vamos al grano la primera temporada oficial de carreras de caballos celebrada en Caracas data de 1896. Fue durante la presidencia del General Joaquín Crespo. El Hipódromo había sido construido en los terrenos de la actual urbanización Las Delicias, y sus actividades estaban regidas por el “Jockey Club” uno de cuyos directivos era por cierto el gran pintor Arturo Michelena, algunos de sus mas conocidos cuadros evocan aspectos del circo de carreras de Sabana Grande, y pueden verse en el Museo Michelena, esquina de Urapal en la parroquia La Pastora, los otros integrantes de aquel directorio fueron: Gustavo Sanabria, Francisco J. Sucre, Federico Alcalá, Octavio Escobar Vargas, John Boulton, Felipe Toledo, Emilio Pérez Vera, y Lucas Ramella (primer fabricante de pan en Caracas) estos fueron los principales, luego los suplentes Martin Tovar, Julio Pérez García, Luis Ustariz, Charles Rohl, Miguel Ellul, Joaquín Núñez, y Eduardo Payer. Suplentes, Secretario M. de Valery.
A mediados del año 1906 el Jockey Club inicio negociaciones por un terreno en el Paraíso, las cuales culminaron con la adquisición de diez hectáreas a los hermanos García Prim, por la suma de veintidós mil bolívares, las tribunas de Sabana Grande fueron desarmadas y transportadas a este nuevo sitio, hecho muy celebrado por la afición pues tenía la ventajosa particularidad de hallarse mas cerca de la capital. La primera reunión hípica se efectuó la tarde del 9 de febrero de 1908. Al evocar este acontecimiento dice el señor Manuel Jiménez en sus memorias: <<asistí a su inauguración, Un tupido matorral, cujíes y abundantes arboles cubrían casi la totalidad del campo, exceptuando la parte que daba frente a la tribuna que era utilizada por los pocos que asistían en coche y algunos quitrines (vehículos deportivos, descapotables) siendo uno de ellos, el quitrín de Don Gustavo Sanabria, que era uno de los primeros que se observaba en el campo. Parte del público se congregaba allí, como también los que concurrían a caballo, los cuales solían irse a lo postes a presenciar las partidas, al darse estas atravesaban el campo al galope, para ver también las llegadas.
A partir de aquel momento, el interés de los caraqueños por el hipismo siguió creciendo, se importaron algunos caballos de Estados Unidos y de Francia a fin de crear nuevo incentivo al espectáculo. Casi sin interrupciones celebraronse las temporadas del Paraíso, disputándose anualmente grandes clasicos como el del Presidente de la República, el de los Sprinters y el Clásico del Ejercito, esta ultima la prueba de mayor aliento sobre una distancia de 3.200 metros. En 1934 el Hipódromo logró reunir la bolsa mas grande en una sopla carrera por: “El Gran Premio Nacional” de bolívares 300.000, cantidad esta de inusitadas proporciones en aquella época. la competencia fue ganada por la yegua Marisela propiedad del señor Fernando Talavera y montada por el jinete Rafael Quiroga.
En las décadas subsiguientes irían a aparecer los grandes campeones como Grano de Oro, Hypocrite, Hilander, o Caimán. Algunos cronistas de la hípica coinciden en afirmar que es: “la mejor época del turf” En medio de aquel entusiasmo y auge económico, dicen subsiste el espíritu deportivo. Los mas corredores, por ejemplo, eran reservados para la reproducción en el país y no como ahora que se venden al exterior. Si en verdad ha ocurrido un notable incremento hasta el punto que en La Rinconada se apostaban cerca de seis millones por semana no es menos cierto que decayó en mucho aquel entusiasmo de otros tiempos, cuando todavía contaba un poco el romántico espíritu de los pioneros quienes, junto con la alternativa emocionante del deporte, evaluaban también la noble participación durante siglos de la familia equina en todos aquellos eventos del provecho para el progreso humano. El doctor Álvarez Pumar conservaba en su archivo uno de los programas de la temporada 1941-1942, época realmente de las más interesantes de nuestro hipismo por ser precisamente antesala de la llamada “edad de oro” hoy día solo queda el recuerdo de aquellos sábados donde se buscaba el lugar donde vendían los cuadros en blanco por el valor de un bolívar y el día domingo era sagrado para muchísimas personas que acudieron a Sabana Grande, El Paraíso y al Ovalo de la Rinconada.
Para cerrar les voy a recordar los nombres de algunos ejemplares del año 1941: Quebradeño, Altamira, Indiecita, Katishka, Lucido, Ketty, Odalisca, Princesita, Lady-Berra, Florian, Parapara, El Diablo, Pimpinela, Muñeca, Trago Amargo, Relámpago y Siboney.
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