Opinión

Cuena La Leyenda: Robert Capa, la leyenda del fotoperiodismo

Hacia 1931 comienza con la fotografía a la vez que trabaja a tiempo parcial en el grupo Ullstein como ayudante de laboratorio.
sábado, 20 julio 2024

Existen hombres que además de pertenecer a la historia, se han convertido en leyendas, en mitos.

Uno de ellos es, sin duda, Robert Capa, el fundador de la célebre agencia Mágnum, el hombre de la foto más publicada del siglo, el aventurero que hizo de la profesión de fotógrafo su vida, el seductor que enamoraba las actrices de Hollywood, la persona que compagino alegría y compromiso. De Robert Capa se han dicho tantas cosas que es casi imposible decir nada nuevo.

Nacido en Budapest en 1913. André Friedman (este era su verdadero nombre) cursó estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Berlín.

Hacia 1931 comienza con la fotografía a la vez que trabaja a tiempo parcial en el grupo Ullstein como ayudante de laboratorio.

Su primera foto publicada fue la del célebre discurso que León Trostky pronunció en la ciudad de Copenhague en el año 1933.

Cuando llega el nacismo abandona Berlín y se instala en París. En esa ciudad, en los cafés del Barrio Latino, se encontrará con Henry, con Gerda Taro y con David Seymour “Chim” Allí descubrirá también la Leica, instrumento esencial en su trabajo.

Pero además Gerda y el inventan un fotógrafo norteamericano muy famoso con el nombre de Robert Capa, del que venderán fotografías a diversos medios. Comienza en 1935 a trabajar con Lucien Vogel en la revista “VU” que le enviara a cubrir la Guerra Civil española.

Su célebre foto del miliciano tomada en el conflicto le dará prestigio internacional.

Cubrirá como reportero la invasión de los japoneses a China y la Segunda Guerra Mundial. La revista LIFE le nombrará corresponsal para Europa y en 1947 con Henry Cartier Bresson, David Seymour y George Rodger fundará la agencia Magnum en Nueva York.

Los amigos de Capa en Magnum cuentan y no acaban sobre su carisma, Inge Morath contaba sus comienzos en París, tenían una pequeña caja en la que iban depositando el dinero que ganaban y que Robert utilizaba para ir a apostar a las carreras de caballos.

Lo estupendo es que ganaba muchas veces y gracias a ello la agencia podía seguir funcionando.

Su espíritu y su alegría de vivir eran contagiosos y así como era capaz de estar en todas las batallas, también disfrutaba seduciendo a las mujeres tan bellas como Ingrid Bergman.

Lo grande de Capa es que su proximidad al lugar de los hechos era tan importante que llego a decir “si una fotografía no es buena es porque no se está lo suficientemente cerca”.


Por esa proximidad de estar cerca de donde ocurren los hechos, no es de extrañar que tanto su mujer Gerard Taro como su colega David Seymourd y el mismo murieran en los campos de batalla

Sin embargo Capa odiaba la guerra que le había privado de Gerda y aun así se enroló para otro conflicto que acabo con su vida, porque era un hombre de acción e impulsivo po que creía que el deber del fotógrafo era el de estar ahí en el lugar donde concurrían los hechos.

Su historia es la historia de la fotografía si es que la fotografía es la vida, pero además de eso fueron su impulso, su dinamismo y su imaginación lo que hicieron del fotoperiodismo otra forma de captar los hechos. Sin duda que la estructura estética de Cartier Bresson o la conciencia de Seymour, son también consustanciales para que Magnum sea modelo y semilla de las mejores agencias que se crearon y se crean en el mundo.

Capa es una leyenda porque los hombres como él se dediquen al oficio que se dediquen terminan siendo una leyenda, son seres comprometidos con el acto de vivir, dedicados a conocer lo mejor y lo peor de los hombres, amigo de los intelectuales y de todos los que le enseñaron algo, vivió mucho y murió joven.

Sus imágenes son una especie de archivo de los pasaba en los lugares en los que la muerte estaba presente, también los causados por los estragos de la guerra que se veían en la calles de cualquier ciudad.

Capa iba y venía de un lugar a otro recogiendo al mundo y sus habitantes en unos tiempos duros. Y tenía tiempo también para hacer retratos de los hombres más importantes desde Picasso hasta Aga Khan posaron para su objetivo.

Sus fotografías no son perfectas porque su vida tampoco lo era, pero en todas ellas existe una fuerza, una melodía subterránea, porque hablan desde el lugar más cierto del ser humano: el corazón. Son todas ellas de una gran sobriedad y la luz no cumple sino la función de iluminar lo que ocurre.

En su célebre fotografía “Muerte de un Soldado Republicano” ha retratado el momento justo del impacto, el segundo en el que la bala entra y sale de la cabeza.

El hombre empujado para atrás por la fuerza del impacto, el fusil despedido de su mano: la tragedia en directo. Jamás un hombre había fotografiado desde tan cerca la muerte.

Hasta existen por ahí algunos ensayistas con cierta envidia, empeñados en demostrar que es un montaje. Creo en Capa como fotógrafo y sobre todo como ser humano, por lo que veo en sus fotos, por lo que me han contado los que conocieron y porque sin él, el periodismo sería algo más insulso, algo más interesante de lo que es.

ROBERT CAPA, era un hombre que por conocer de cerca la muerte era el embajador de la alegría, el héroe de las mujeres, el mejor amigo de los hombres y un gran fotógrafo que basaba todo en la eficacia de acercarse a los que más quería narrar.

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