Opinión

Cosa de viudas

El domingo próximo las mujeres vuelven a tomar el protagonismo de la Buena Noticia de Jesús de Nazaret, en este caso dos viudas: la de Sarepta y la que realiza su ofrenda en el Templo.
jueves, 04 noviembre 2021

Vuelvo sobre un tema que ya he abordado en otras ocasiones. La cultura que precedió a Jesucristo— y que aún se conservaba cuando Él inició a proclamar el reinado de Dios—, tenía en poca valía a la mujer. A ellas se les consideraba ciudadanas de tercera, con la única tarea de asistir al marido, aumentar la prole y cuidar del hogar.

Su situación se complicaba si era incapaz de procrear, por cualquier motivo; y se agravaba aún más si enviudaba. Una mujer sola era presa fácil de todo tipo de injusticia. Frecuentemente, las viudas caían en la mendicidad, siendo víctimas de atropellos contra su dignidad.

El domingo próximo las mujeres vuelven a tomar el protagonismo de la Buena Noticia de Jesús de Nazaret, en este caso dos viudas: la de Sarepta y la que realiza su ofrenda en el Templo.

Ambas tienen en común el hecho de que entregan todo cuanto materialmente tienen, quedándose a la intemperie, complicando todavía más su situación.

Una mujer que da todo lo que posee, y nos enseña esperanza
Cuando Elías llega a la casa de la viuda, ésta se encuentra al borde del abismo. Solo tiene un puño de harina y algo de aceite; estaba por cocer un pan para compartirlo con su hijo y luego echarse ambos a morir. Sin embargo, Elías le pide que le prepare el pan primero para él, y luego ella y el chico comerán. Y ella cree en las palabras del profeta, y actúa en consecuencia.

Si nos imaginamos la escena, nos daremos cuenta de la profunda fe que acompaña a la viuda, desde el momento en que acepta quitarse la comida de la boca ella y su hijo, para dársela a este extraño. No obstante, más allá de considerar este gesto como un arrebato más, fruto de su depresión. Ella cree en las palabras de Elías y, antes de nutrirse con el pan, se llena de esperanza y la propaga.

Una mujer que da todo lo que posee, y nos enseña generosidad
Por su parte, el evangelio de Marcos nos muestra a Jesús enseñando a los suyos. Estando sentado frente al arca de las ofrendas —postura física que nos indica que quien habla está investido de autoridad— se da cuenta de que una viuda pobre echó dos monedas. Es decir, ofreció al Templo todo cuanto poseía.

Y al igual que la viuda del Antiguo Testamento se queda sin nada, materialmente hablando; con el depósito de las monedas en el arca, deposita también toda su confianza en Dios.

Si utilizamos nuevamente la vista de nuestra imaginación, notamos que emerge un elemento que enriquece cuanto dijimos de la viuda de Sarepta. Esta viuda es una mujer de fe, que espera en Dios y desencadena la generosidad.

En la actual situación que padecemos nos resulta bastante simple entender que es sencillo dar cuando se tiene. Pero la cuestión se complica cuando tenemos compartir desde la carencia. Y ésta es una realidad patente también entre nosotros. Son innumerables los testimonios y anécdotas de personas que, no obstante la carencia material que injustamente sufren, se animan a compartir desde su pobreza.

He aquí pues dos grandes enseñanzas que podemos asimilar, si a bien tenemos. Nuestra dolorosa realidad ha mermado nuestras fuerzas, y con ellas nuestra esperanza. En tiempos de carestía, el Señor nos sale al encuentro para insuflar su Espíritu y renovemos esta esperanza que nos permitirá, no solo continuar, sino que nos ayudará a hallar salidas superadoras a la crisis. Este encontrarnos a ras de suelo es el lugar desde donde somos invitados a la generosidad, a compartir desde nuestra pobreza y en algunos casos de total miseria. Cosa de viudas, y cosas nuestras.

Hay muchísimos ejemplos de esto último, es menester sacarlos a la luz de igual modo que lo hizo Jesucristo con sus discípulos.

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