Opinión

Conocer nuestros orígenes biológicos es un derecho y vivir a plenitud también

"Desde mi punto de vista, lo más manejable, desde la adultez, es sistémicamente darle la bienvenida a ese padre o madre ausente y sólo si se refiere a un caso de vida o muerte, revisar la posibilidad de un juicio".
Yamilet PINTO
sábado, 06 julio 2019

La conformación de las familias, tanto en Venezuela, Latinoamérica y el mundo, pasa por el encuentro del óvulo y el espermatozoide. Eso quiere decir que se necesita el aporte de un hombre y de una mujer, se conozcan o no, para dar vida. Lo ideal es que ese encuentro sea de mutuo acuerdo y de allí se dé inicio a una familia. El punto es que esto no siempre es así y se forman familias con hijos adoptados; de padres o madres donantes (esperma u óvulos); o de padres que abandonan a la pareja y al hijo, nunca más aparecen y la madre calla el origen biológico del niño; o el padre que le oculta a sus hijos el origen maternal debido a la muerte de la madre al nacer o porque la madre se dedicaba a la prostitución o está en la cárcel y para que sus hijos no sufran esa “vergüenza”, les ocultan su origen biológico maternal.

En cualquiera de estos casos, el niño tiene el derecho de conocer su origen biológico. Según el diario El País de España “La Ley de Adopción Internacional ha concedido este derecho a todos los adoptados una vez que cumplan 18 años, lo que, según los juristas, abre la posibilidad de que las demás personas que no conocen sus orígenes puedan solicitarlo a un juez o incluso de que se plantee en el futuro un cambio de la legislación para eliminar, por ejemplo, el anonimato en las donaciones de semen o de óvulos”.

Esto demuestra lo que se ha logrado hasta ahora en este tema y hacia donde se va. Un tema que tiene muchas implicaciones éticas, morales, psicológicas y emocionales que sin duda marcan la vida de la persona en el futuro.

¿Qué hacer cuando los padres no quieren revelar el origen biológico de los hijos?

Esta es una pregunta que despierta muchas emociones, porque la teoría implica el derecho del niño o de la persona a conocer propia identidad y su procedencia biológica. A partir de los 18 años, la ley ampara ese derecho. Sin embargo, podría presentarse el hecho de que la madre o padre, por la razón que considere, permanezca en su negativa de revelar tal información. Sin duda, el juego se tranca y tendríamos que apelar a otras instancias, que van desde lo legal y presentar un juicio, esperar pacientemente a ver si antes de morir pueda decir la verdad o sistemáticamente darle la bienvenida en nuestro corazón a ese padre o madre desconocido, amén de que la madre o padre nunca revele la identidad.

Dependiendo el caso se procederá en estas opciones. Desde mi punto de vista, lo más manejable, desde la adultez, es sistémicamente darle la bienvenida a ese padre o madre ausente y sólo si se refiere a un caso de vida o muerte, revisar la posibilidad de un juicio.

En este sentido se han de revisar otras aristas del tema. Por ejemplo, si en esta búsqueda el padre o madre en cuestión, por la razón que sea, no está dispuestos a ser encontrado o si los encuentran, decidan mantenerse en el anonimato social, es decir, que no se conozca esta verdad. Si esto es así, que el hecho de no haber aparecido en tanto tiempo da luces de esta posibilidad, entonces psicológicamente el adulto que busca a su padre o madre, ha de estar preparado psicológica y emocionalmente, para este nuevo abandono, sobre todo si es él quien, consciente y deliberadamente, ha iniciado este proceso. Y a partir de este paso, dejarse acompañar profesionalmente en el desarrollo y resultado de su búsqueda.

Sana tus heridas y acepta tu verdad

Si la búsqueda del origen biológico ha sido infructuosa porque, el padre o madre no la revelan, es necesario iniciar un proceso de sanación interior. Esto beneficiará la calidad de vida emocional, mental, física y espiritual. Su implicación se extenderá a lo profesional, familiar, la relación de pareja, la salud y el bienestar. Amar lo que es, es mi premisa, lo cual significa aceptar lo ocurrido, sin juicios ni resentimientos, ya que no lo podemos cambiar. Además será necesario:

·Sanar tu niño (a) interno. Comienza por reconocer conscientemente cuánto te duele no conocer tu origen biológico. Eso te liberará de la rabia y resentimiento que guardes con tus padres, uno porque se fue y el otro porque te mintió o guardó silencio.

·Sistémicamente ocupar tu lugar. Este paso es fundamental para una sanación completa. Los padres son los grandes en esta historia. Siempre nosotros seremos los pequeños. Cuando cambiamos de lugar, es decir nos ponemos a su nivel, nos creemos con todo el derecho de juzgarlos, criticarlos y cuestionarlos por sus decisiones, sin habernos atrevido a comprender su historia. Te aseguro que cuando haces esto, tu vida cambia de una manera inesperada y mágica. Te empoderas y comienza un nuevo fluir. No me creas, hazlo.
·Aceptar tu realidad. Mantenerte forzando la barrera y buscando la razón, la explicación del abandono y además querer a la fuerza, sacar “un nombre, solo un nombre, el de mi padre o madre”, sólo despierta culpa y rabia en el padre presente y te llena de más frustración por no lograr tu cometido. Eso te limita en tu vida personal, familiar y profesional.
·Darle la bienvenida a tu padre o madre dentro de ti. Independientemente de conocer su identidad biológica, tú sabes que vienes de un hombre y una mujer, sea que estén vivos, muertos o no los conozcas, tú tienes el 50% de cada uno. Agradece ese 50%, acéptalo dentro de ti y agradece por encima de todo, la vida. Gracias a él o ella, tú estás aquí. Te dieron el mayor regalo, la vida. Quizá esa fue su misión. Lo demás te toca a ti.
· Soltar el juicio y perdonar. Nosotros no somos perfectos. Muchas veces señalamos a los demás y los juzgamos por lo que hicieron, hacen o dejan de hacer. No nos damos cuenta que nos enterramos con ellos. Suelta y libera ese juicio y llenarte de compasión. ¿Sabes la razón por la que papá o mamá no te han dicho la verdad? Más allá de las leyes o de tus juicios, ¿podrías comprender esa verdad?
· Practicar la compasión. Amor incondicional. Eso es clave. Sin juicios, comprendiendo, fluyendo y viviendo conectados con Dios.
· Honrar a padre y madre. ¿Cómo se logra eso? Aceptando tu historia, respetando su silencio, agradeciendo, dejando de juzgar y valorar el regalo más grande que te han dado, la vida. @Yamiletpinto

 

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