Opinión

Choque con las estrellas: “Pajaritos preñados”

Quedé absorto con los ojos abiertos, sin pestañear, mudo, traumatizado por dentro.
domingo, 23 agosto 2020

Tenía la creencia que durante estos últimos años, mi organismo había creado anticuerpos contra las malas noticias, que estaba inmunizado y ya nada me afectaría o sorprendería. Pero recibir estando a la deriva, en plena emergencia, la incomprensible y única respuesta de Houston a la solicitud de auxilio, como fue “Sigan creyendo en pajaritos preñados”; es algo comparable a estar casándote, en plena boda, full de gente, le preguntan a tu pareja ¿acepta a esteban hasta que la muerte los separe?, y diga que “no”.

Es para morirse, cómo sale uno de una iglesia después de eso; por mi parte me quedo a vivir allí, así sea de monaguillo. Pero si en algo hay que reconocerles a los americanos, es que nada lo hacen ni lo dejan al azar, todo lo tienen fríamente calculado, por lo tanto pensándolo bien, esa respuesta lejos de ser banal, debe tener un significado oculto; llámese código encriptado o una clave secreta, por lo que es lógico y posible intuir que inmerso en esa expresión típica, se encuentre la solución a mis problemas.

Aunque estoy anclado en esta pesadilla, de algo estoy seguro y es que no sé como acepté esta misión planeta sin una pistola en mi cabeza o cuchillo en mi garganta; montarme yo en este perol por las buenas, jamás; me huele a burundanga; pero “a lo hecho, pecho”.

Ahora bien, si quiero regresar al planeta en una sola pieza, es preciso escudriñar cada letra con exactitud; sin embargo, debo mencionar para ser honesto, que desde pequeño en época de entrega de boleta, era recurrente que mi madre me lo dijera: “Mira mijo, cómo no vas a salir mal en el colegio, si siempre en las clases vives pensando en pajaritos preñados”.

Es ahora que caigo en la idea que efectivamente, es una expresión frecuente; hasta en una oportunidad recuerdo en bachillerato, justo al empezar a declararle mi amor a una compañera de clase, ella se percató de mi intención y en sutil metamorfosis, arrugando toda la cara, levantó y extendió su brazo derecho, mostrándome la palma de su mano con los dedos entreabiertos, y con una voz sublime rioplatense, como sinónimo de un rotundo “no”, me interrumpió para decir: “tu como que crees en pajaritos preñados”.

Quedé absorto con los ojos abiertos, sin pestañear, mudo, traumatizado por dentro, viendo alejarse poco a poco a ese ser insensible, frío, cruel; miré al piso, buscando algo, cualquier objeto, una piedra; no encontré, que impotencia.

Evidentemente son situaciones triviales según la psiquiatría moderna, muchos lo toman de lo más normal, como si nada, y cual carrera hormonal van con la siguiente y así sucesivamente hasta que alguna incauta, más desesperada caiga y diga “sí”; pero confieso, a esa ex compañera, lo que soy yo, aún no le hablo.

Si hay algo que debe tenerse siempre en mente, es que ni se les ocurra pensar que solo los ingenuos salen en época colegial y producto del amor efímero de la adolescencia; esas son especies en formación poco atractivas, por cuanto no aparecen inscritos en el registro electoral. Hay otro tipo de crédulos, muy solicitados, con edad suficiente para ejercer el voto, icónicos que merecen un reconocimiento especial del reino de estas aves.

Quizás en estos momentos titubeé o caiga en negación ante la pregunta ¿es o no agremiado o fans de algún club de animal plumífero? Si apela a un pequeño esfuerzo intelectual, podrá recordar escenas de su vida como por ejemplo, a quienes les ha dado su voto en las elecciones en estos últimos años; posteriormente podrá discernir si fue víctima de sus fantasías mentales al creer cual ingenuo, en cuanta cosa inverosímil le prometieron; y de ser así, entonces sin lugar a dudas estará acreditado con honores a tan destacada credulidad, como miembro honorario del equipo de “pajaritos preñados”.

Alucinante, por no decir sobrenatural, es que existan en los actuales momentos, ingenuas manadas de pajaritos preñados, que aún comulgan y esperan sentados promesas hechas o aquellas que les pongan en sus ojos los mismos protagonistas. Estas estrellas son los denominados “mega-pajaritos preñados”. Créalo, tienen en su cabeza la imagen de aves embarazadas. Algunos hasta niegan, que para reproducirse pongan huevos que incuban hasta su eclosión. Diría la abuela: ¡Ave María Purísima!

Quédese sentado si cree que eso es lo más demencial, se equivoca. Para la búsqueda y detección de estas particulares aves, hay un equipo comando especial entrenado, grupo denominado “cazadores carroñeros”, en apariencia normales, pero están dotados de cualidades extraordinarias. Disponen sentidos del oído, vista y olfato, con un grado de desarrollo envidiable. Ellos, haciendo uso cual superpoderes, son capaces aún en la distancia y oscuridad, de oler, escuchar y ver a su incauto, donde este se encuentre.

Pero los más peligrosos son los pertenecientes al escuadrón élite, la crème de la créme, llamados por sus discípulos, “depredadores virtuales”, atrapan “pajaritos preñados” en masas. Su poder y encanto, es lo más parecido a una sesión de hipnosis colectiva.

La estrategia tecnológica que utilizan consiste en hablarles a estas ingenuas aves de forma ininterrumpida, incesante, en señal vivo y directo o retransmitida, por redes sociales, radio o tv, durante las 24 horas hasta saturarlos. Una vez encandiladas, casi ciegas de tantas imágenes de felicidad, promesas, espectáculos, música, bailes, concursos, premios y regalos; confiadas en fila se acercan sonriendo, para en total pasividad comprometer su libertad, quedando atrapadas en la jaula, como aves de corral.

Como toda especie en cautiverio, mengua poco a poco el color y brillo de su plumaje, limitados en movimientos la estructura corporal se deteriora y hasta su canto de alegría pierde notas musicales. Nada de eso les conmueve a los cazadores, entienden que al domesticarlos se apoderan de dos cualidades, la voluntad y la conciencia; más aún, les sirven de carnada para capturar e intentar doblegar aquellas aves, que se resisten arriar la bandera y mucho menos ceder o capitular.

La mágica naturaleza abre caminos geográficos para la conservación de la especie, y en este sentido hay aves golpeadas, amenazadas, humilladas, que contra todas las adversidades y peligros, frio, calor, lluvia, hambre, extremadamente tristes, agotadas, ahogadas de dolor, con lagrimas en sus ojos y el corazón arrugado, sin esperar el amanecer ni cantar de gallos, despliegan sus alas llenas de cicatrices, y alzan vuelo persiguiendo el más preciado e intangible tesoro: ser libres.

Esta historia continuará……..

Mario Genie
genie_mario@hotmail.com

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