Opinión

Choque con las estrellas: “Houston, tenemos un problema”

Ya en el espacio todo parecía ir bien, pero la ley de Murphy es implacable.
domingo, 16 agosto 2020

Capitulo 1
Anoche tuve un sueño, sí de esos predecibles, quizás porque antes de dormir leía la noticia del 50 aniversario del accidentado viaje de la misión lunar del Apolo 13, y seguro quedó grabado el recuerdo en mi memoria de aquella frase proferida por el astronauta Jack Swigert : “Houston, we have a problem», justo después de observar una luz de advertencia acompañada de un estallido, a las 21:08 CST del 13 de abril de 1970.

Tal cual protagonista en el sueño era astronauta, obvio portaba el traje espacial donde se podía apreciar nítido en el casco, a nivel de los brazos como en el pecho, el tricolor junto a las iniciales de mi nombre y apellido. Allí estaba yo, dentro de la nave con los controles, rodeado de interruptores, indicadores y monitores; por cierto uno de ellos transmitiendo la programación del canal 8 cual amuleto de la suerte, por aquello de que la normalidad es la regla. Les confieso que no me dio buena espina.

En la parte externa de la nave se podía leer un escrito, por supuesto, en chino, pero que traducido al español significa literalmente “familiaaaaa”.

Definitivamente me quedó claro de quien fue la idea de esta misión, cariñosamente llamada en la tierra, “misión planetas”, por demás original. Sin más tiempo que perder, eché gasolina, eso sí, a fuerza de suplicas me colocaron 20 litros, acto seguido pasé la llave y despegué.

Ya en el espacio todo parecía ir bien, pero la ley de Murphy es implacable, «Si hay algo que puede ir mal, tarde o temprano irá mal”; y más aún, si al Apolo 13 le sucedió, era cuestión de tiempo que también esta nave podía presentar alguna que otra falla. Y sucedió lo que tenía que suceder, justo después que se prendieran en serie todas las luces de advertencia acompañado por un estallido, como un golpe, ruido intenso que me trajo a la memoria un viejo jeep que mi padre tenía; entonces con la mano temblorosa agarré el micrófono y envié mensajes de auxilio a nuestra base. Algo insólito ocurría en tierra, no había nadie que pudiera atenderme. Solo recibía respuesta de una grabadora: “en estos momentos todos nuestros operadores están ocupados, intente más tarde”.

Para ese entonces ya tenía el corazón desbocado, latidos iban y venían; hasta llegué a pensar que se había detenido, pues el frío se apoderó de mi cuerpo, y aunque cueste creerlo, a chorros empecé a sudar; “la gota gorda”.

Con la mirada fija en el único monitor que quedó activo en la nave, el del canal oficial, traté de darle volumen pero en ese instante pasa a transmitir en cadena nacional la noticia que a esta hora yo estaría en la luna; levanté la mirada como quién busca un pensamiento, y me dije: será por lo perdido; no pude más y lo apagué.

Ya diarreico a punto de infarto, no me quedó otra opción que apresuradamente persignarme, encomendarme a cuanto santo conocía y arranque a rezar.

En aquel bullicio de alarmas, sonares, luces parpadeando y la nave dando vueltas para todos lados, me vino a la mente la idea de intentar comunicarme con los chinos, pero ni ellos hablan español ni yo chino. Reconozco que mi fuerte en bachillerato no fueron los idiomas, lo poco que aprendí fue un bajo nivel de inglés; cuanta falta me hace, pero hasta ahora es suficiente para intentar comunicarme con Houston; solo espero que por esto no me salga juicio por traición a la patria; si es que sobrevivo.

Tomé nuevamente el micrófono y simulando tranquilidad, intentando que mi voz no se quebrara por lo seca de mi garganta, buscando cierta similitud con el Apolo para que me entendieran, les dirigí el siguiente mensaje: “Houston, tenemos muchos problemas, se prendieron en serie todas las luces de advertencia, justo después de un golpe, vamos a la deriva, directo al infinito oscuro”.

No hubo repiques ni espera, inmediatamente contestaron, pero lo más dramático y no menos lleno de sarcasmo, evitando cualquier margen de error en la traducción del idioma de mi parte, utilizaron una expresión típica venezolana, la única respuesta de Houston no se hizo esperar y se escuchó claro e inteligible: “Sigan creyendo en pajaritos preñados”.

Por lo más sagrado, juro que quería despertarme de esta pesadilla y no podía.

Esta historia continuará…

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