Nación

Una vida entre la ciencia y la fe cristiana

“El médico de los pobres” dejó un legado como docente universitario y científico, a la par de su fiel devoción a la religión católica.
viernes, 30 abril 2021
José Gregorio Hernández
Archivo | Siempre tuvo una gran vocación para servir

José Gregorio Hernández Cisneros nació el 26 de octubre de 1864 en la población de Isnotú, en el estado Trujillo.

Hijo de Benigno Hernández y Josefa Antonia Cisneros. José Gregorio fue el mayor de seis hermanos. Josefa Cisneros falleció cuando él tenía casi ocho años, por lo cual quedó al cuidado de una de sus tías paternas.

De su madre, José Gregorio aprendió de su enseñanza religiosa, acercándolo a Dios a través de la oración y de la fe. Mientras que de su padre habría heredado la disciplina y constancia.

A los 14 años se fue a Caracas a iniciar sus estudios en el Colegio Villegas, donde se graduó de Bachiller en Filosofía en 1884. Decidió estudiar medicina, de esta carrera se graduó en la Universidad Central de Venezuela, el 29 de junio de 1888.

José Gregorio Hernández hablaba inglés, francés, italiano, alemán, portugués, latin y hebreo. También era músico, filósofo y sabía de teología. Después de graduarse de médico, estuvo en varios pueblos de Trujillo, atendiendo pacientes.

En 1889 regresa a Caracas y recibe una beca para estudiar en París microscopía, bacteriología, histología y fisiología experimental. En Berlín estudió histología patológica y anatomía, después pasó por Madrid para continuar sus estudios.

Al regresar a Caracas fundó la cátedra de bacteriología en la Universidad Central de Venezuela, también la de histología patológica y fisiología experimental en 1981.

Fue uno de los primeros en traer a Venezuela el microscopio y perfeccionó su uso en forma científica.

Devoción católica

José Gregorio Hernández era fiel devoto de la religión católica. En 1908 viajó a Italia y realizó su solicitud para ingresar en el monasterio de clausura de la Orden de San Bruno en La Cartuja de Farneta de Lucca.

En dicha orden le asignaron el nombre de Fray Marcelo. Pero nueve meses después de su ingreso se enfermó y retornó a Venezuela para recuperarse. En abril de 1909 recibió el permiso para ingresar en el Seminario Santa Rosa de Lima. En septiembre regresa a la docencia en la cátedra de anatomía patológica práctica.

Tres años después inició los cursos de Teología en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano en Roma, para prepararse para el monasterio, allí estudió latín y teología.

Una nueva afección pulmonar lo vuelve a atacar, a la par del inicio de la I Guerra Mundial, por lo cual regresó a Caracas. Formó parte de la Orden Franciscana Seglar de Venezuela, en la fraternidad de la Merced de Caracas. En la Iglesia Nuestra Señora de la Merced de los Frailes Capuchinos.

Su profesión como franciscano seglar lo llevó a que creciera la sensibilidad y el amor por sus pacientes, por los más necesitados, en cuyo rostro vio a Cristo, a quien sirvió sin importar el horario y el clima.

El 29 de junio de 1919 fue impactado por un vehículo mientras transitaba por la parroquia La Pastora. Fue trasladado al Hospital Vargas, donde falleció.

José Gregorio Hernández murió por un traumatismo en la región parietal izquierda del cráneo, producto del impacto contra la acera tras ser arrollado por el auto.

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