Cómo afrontar los diferentes tipos de duelo tras terremotos
No todas las personas enfrentan la misma realidad después de un desastre. Mientras unas intentan reconstruir su vida tras perder su hogar y sus pertenencias, otras deben afrontar la muerte de un ser querido o convivir con la incertidumbre de no haber podido recuperar sus restos para darle una despedida.
En este sentido, el psicólogo Evart Gurley explica que, en el escenario que vive actualmente el país, pueden identificarse tres grandes grupos de personas en duelo.
El primer grupo corresponde a quienes sobrevivieron al desastre, no perdieron familiares, pero sí sus viviendas y bienes materiales.
El segundo está conformado por quienes perdieron a un ser querido, lograron recuperar su cuerpo y pudieron darle sepultura.
Finalmente, se encuentran las personas que perdieron a un familiar, pero no han podido, y quizá nunca puedan, recuperar sus restos de entre los escombros para encontrar un cierre.
Cada uno de estos grupos presenta características diferentes y requiere un abordaje específico para brindar un acompañamiento adecuado durante este proceso.
Duelo por pérdidas materiales
No todas las personas que atraviesan este desastre han perdido a un familiar. Muchas sobrevivieron, pero quedaron sin vivienda, sin pertenencias y sin aquello que construyeron durante años.
Según Gurley, este también es un duelo legítimo, ya que no solo se pierde una casa, sino también proyectos, recuerdos, estabilidad y la sensación de seguridad.
En estos casos es frecuente que aparezca la llamada “culpa del superviviente”, un sentimiento que lleva a algunas personas a creer que no tienen derecho a sufrir por haber perdido su hogar, porque otras enfrentan la muerte de un familiar. Sin embargo, el especialista aclara que ambas emociones pueden coexistir.
“Es normal sentir tristeza por haber perdido todo y, al mismo tiempo, alivio por seguir con vida”, explica.
Por ello, recomienda validar esas emociones, evitar compararlas con el dolor ajeno y centrar los esfuerzos en la reconstrucción gradual de la vida cotidiana, entendiendo que comenzar de nuevo también forma parte del proceso de recuperación.
Cuando se pudo despedir al ser querido
Otro grupo corresponde a quienes lograron recuperar el cuerpo de su familiar y realizar los rituales de despedida.
En estas situaciones es habitual experimentar llanto incontrolable, gritos, angustia o incluso permanecer en estado de shock durante los primeros días.
Gurley señala que estas reacciones son normales y no deben reprimirse.
El acompañamiento, explica, no consiste en decir frases como “sé fuerte”, “todo pasa” o “debes superarlo”, sino en permanecer al lado de la persona, escucharla y respetar el ritmo con el que vive su duelo.
También recomienda buscar apoyo psicológico o integrarse a grupos donde otras personas hayan atravesado experiencias similares, ya que compartir el proceso puede facilitar la recuperación emocional.

El duelo sin cierre
Uno de los escenarios más complejos es el de las familias cuyos seres queridos continúan desaparecidos entre los escombros.
La incertidumbre que genera no haber recuperado el cuerpo mantiene viva la esperanza de encontrarlos, lo que dificulta iniciar el proceso de aceptación.
Para el especialista, es completamente normal que estas personas alternen entre la esperanza y el dolor.
Por ello, recomienda no presionarlas para que “acepten la realidad” ni juzgar su necesidad de continuar buscando respuestas.
Sin embargo, advierte que, en medio de esa búsqueda, muchas personas dejan de comer, dormir o cuidar su salud. Por esta razón, familiares y amigos deben ayudarles a mantener rutinas básicas de alimentación, descanso e higiene, sin minimizar el sufrimiento que atraviesan.
Cuando la negación se prolonga durante mucho tiempo y afecta gravemente el funcionamiento diario, es importante solicitar atención profesional.
Primeros auxilios psicológicos
Los primeros auxilios psicológicos son intervenciones inmediatas destinadas a brindar estabilidad emocional a quienes acaban de vivir una situación traumática.
Gurley explica que consisten en acompañar a la persona, escucharla sin juzgar, evaluar sus necesidades físicas y emocionales inmediatas y orientarla hacia acciones que favorezcan su bienestar.
Aunque suelen ser aplicados por profesionales de la salud mental, también pueden ser brindados por personas capacitadas para ofrecer contención emocional mientras llega una atención más especializada.
Duelo colectivo
Además del dolor individual, el psicólogo recuerda que desastres de esta magnitud generan un duelo colectivo.
Vecinos, voluntarios, rescatistas, niños y personas que presenciaron la emergencia también pueden experimentar ansiedad, miedo o síntomas relacionados con el trauma, aun cuando no hayan perdido directamente a un familiar.
Por ello, considera fundamental fortalecer las redes de apoyo, la organización comunitaria y las actividades de reconstrucción, ya que compartir el proceso ayuda a disminuir el impacto emocional y favorece la resiliencia.
Recomendaciones para afrontar el duelo
El especialista ofrece algunas recomendaciones que pueden ayudar durante este proceso:
Qué hacer
- Priorizar la alimentación, el descanso y la higiene personal, incluso cuando resulte difícil.
- Permitir la expresión de emociones como el llanto, la tristeza o el miedo, sin sentir culpa por ello.
- Buscar personas que escuchen sin juzgar ni minimizar el dolor.
- Retomar poco a poco las actividades cotidianas mediante tareas sencillas.
- Participar en grupos de apoyo, organizaciones comunitarias o actividades de ayuda mutua.
- En el caso de los niños, favorecer que expresen lo vivido mediante dibujos, juegos, conversaciones o escritura.
- Buscar atención psicológica cuando el sufrimiento impida realizar las actividades diarias o exista un abandono prolongado del autocuidado.
Qué evitar
- Reprimir las emociones o sentir vergüenza por expresarlas.
- Comparar el propio dolor con el de otras personas.
- Presionar a alguien para que “supere” rápidamente la pérdida.
- Utilizar frases que minimicen el sufrimiento, como “sé fuerte”, “todo pasa” o “el tiempo lo cura”.
Para Gurley, el duelo no tiene un tiempo exacto ni una única forma de vivirse. Lo importante es que las personas no enfrenten solas el proceso y comprendan que pedir ayuda también forma parte de la recuperación.
En una tragedia de esta magnitud, el acompañamiento familiar, comunitario y profesional puede convertirse en una de las herramientas más importantes para comenzar a reconstruir la vida después de la pérdida.
Recordó además que buscar apoyo psicológico no es una señal de debilidad, sino una forma de cuidar la salud mental y afrontar las consecuencias emocionales que puede dejar una experiencia tan traumática.
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