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La ratificación de que mi familia creció

Quiero aprovechar este espacio para agradecer públicamente a mis amigos, que desde hacía años ya eran mis hermanos y este viaje solo ha servido para ratificarlo.
miércoles, 03 julio 2019
Cortesía César Olarte Querales | “Lo más complicado es dividir la mente”

Santiago de Chile.- Cuando mi antigua jefa en este medio por el cual nos leemos me contactó para preguntarme si podía escribir esta crónica, lo primero que pensé fue: ¿Y qué voy a decir? Pero no podía decir que no, la verdad extrañaba escribir para un medio tras casi dos años de no hacerlo.

Lo primero que debo decir es que emigrar, para cualquier país, no es nada pero nada fácil.

Llegué a este país sabiendo que no sería nada fácil, pero con la convicción que había tomado la decisión correcta.

Quiero aprovechar este espacio para agradecer públicamente a mis amigos, que desde hacía años ya eran mis hermanos y este viaje solo ha servido para ratificarlo.

Sin ellos hubiese sido totalmente imposible emigrar, ya que me tocó emprender este viaje sin ningún familiar ni lejano ni mucho menos cercano que pudiera darme algún tipo de apoyo en Santiago.

 

La ratificación familiar

Y no me refiero al apoyo de un techo, o de darte de su propia comida en muchas ocasiones, si no a ese apoyo familiar, el nunca sentirte solo, el sentir que a pesar de la distancia estás en dentro de un núcleo familiar.

Todo eso me hizo olvidar que dormí seis meses fuera de una cama como la que tuve toda mi vida en mi querida casa en Puerto Ordaz.

Un tramo en el que dormí en sofás, en colchones inflables que funcionaron y después que solo sirvieron como alfombra para no dormir directamente en el suelo.

De igual forma, no me queda duda que lo más complicado para nosotros los emigrantes venezolanos es dividir la mente en dos lugares, que están a miles de kilómetros de distancia.

Sin importar cómo me esté yendo, siempre existirá la preocupación de cómo están tus seres queridos y si logro reunirme con ellos, después será la intranquilidad de qué pasará con mi país.

Mientras tanto, seguiré disfrutando la calma de poder quejarme con las peores groserías venezolanas en voz alta y que nadie me mire mal, aunque debo admitir que ya las frases chilenas están empezando a formar parte de mí.

 

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