A un año del fallecimiento del “Arquitecto de La Llovizna”, su labor incansable sigue vigente a través del amor de los guayaneses por el parque.
En el año 1946, el general Alfonzo le solicita sumarse al proyecto urbanístico de esta maravillosa ciudad.
Él quería que sus cenizas fueran esparcidas en La Llovizna, contó Lucero.
Siempre se preocupó por crear espacios verdes.