Consideran que las figuras son “demoníacas” y no representan la identidad de la ciudad o de los carnavales.
La actividad estuvo cargada de buena vibra y compañerismo.
Las piezas de hierro eran comercializadas en el barrio Francisco de Miranda.
Su identidad hasta ahora es desconocida. Comisiones investigaban casos de hurto a propiedad.
Dos de la víctimas siguen sin identificar.