Opinión

Venezuela: ¿Me voy o me quedo?

Nuestro país, por excelencia histórica ha sido un receptor de inmigrantes durante los siglos XIX y XX, en las últimas décadas del XX y principios del XXI exhibe un radical cambio de patrón migratorio.
miércoles, 25 agosto 2021

Inicio estos contenidos con lo que Vítale, Ermanno (2006), expresa con respecto a los migrantes, el arraigo y el desarraigo, así:

Y esto es lo que hace de los migrantes unas figuras tan importantes, porque las raíces, la lengua y las normas sociales son tres de los componentes más importantes para la definición del ser humano. El migrante, a quien le son negados los tres, se ve obligado a encontrar nuevas maneras de describirse a sí mismo, nuevas maneras de ser humano.

Necesariamente debemos hablar de Venezuela, primeramente, por considerar una necesidad el hacerlo ante los acontecimientos actuales que al respecto la afectan y asolan, y segundo como denuncia que como venezolano me es imposible obviar. Históricamente, nuestro país no ha sido de naturaleza migratoria. No ha tenido guerras que impulsen a sus ciudadanos a irse en multitudes de su Patria. Tampoco, ha sufrido de fenómenos naturales tan desastrosos que se hayan convertido en “escapes” obligados hacia otros países u otras latitudes. ¿Las causas?. Definitivamente “huyen” de un país en donde se le han vulnerado derechos constitucionales insoslayables tales como la vida, la alimentación y la salud, por mencionar tan solo estos tres, pero inequívocamente reconociendo muchísimos más que le han hecho tomar la decisión de desarraigarse de su tierra. Los que han podido hacerlo. Hasta estos días del año 2021, se habla de la bicoca suma de más de 5,4 millones de migrantes y refugiados de Venezuela a nivel mundial, debido a una emigración forzada.

Ante esta situación tan desagradable como es la emigración “obligada”, muchas son las consecuencias sobre los inmigrantes venezolanos. Entre esos efectos fundamentalmente humanos, sociales, entra el lenguaje como elemento identitario de los individuos en los procesos migratorios. Pero, el lenguaje puede ser factor de inclusión o de exclusión correlacionado con la sociedad de acogida (Sorolla Fernández 2011). Conocido es que la lengua, se constituye en importante elemento de identidad de los individuos y de los grupos sociales, por lo que cobra gran relevancia en estas nuevas situaciones. Sin olvidar, que, en este sentimiento de arraigo producido en contextos migratorios, entran en juego factores como la lealtad lingüística, la identidad individual y grupal o las necesidades comunicativas y los deseos de convergencia con la comunidad de acogida. Pero ¿El desarraigo es únicamente evidenciable en los emigrantes? Y, en definitiva ¿Se convierte en una paradoja el arraigo y el desarraigo colectivo, global, como influencia sobre la identidad de los venezolanos?

Nuestro país, por excelencia histórica ha sido un receptor de inmigrantes durante los siglos XIX y XX, en las últimas décadas del XX y principios del XXI exhibe un radical cambio de patrón migratorio, originado por una crisis nacional que envuelve cambios del modelo político, desequilibrios económicos casi “institucionalizados” en los últimos años, evidente descomposición social inédita en la historia republicana de nuestro país. Por otro lado, la identidad, como consecuencia directa de los procesos migratorios, nada se puede afirmar sobre ello. Ni la más afiebrada teoría “explicativa” puede testificar con objetiva y científica argumentación que ello es así, por tanto, se quedan en el plano de lo especulativo de homologías que no se cumplen para todas las poblaciones ni clases sociales. Por tanto, la conducta y actitudes propias del venezolano me llevan a reflexionar en cómo la afectación de la emigración desmedida y obligada actúa en el desarraigo o arraigo, en especial sobre su identidad. A mi juicio tanto el que “se queda” como el que “se va” son objeto y sujeto del arraigo y el desarraigo, en especial el desarraigo. Sin olvidar, que abandonar nuestra tierra nunca es una decisión fácil, porque involucra perder los motivos más profundos, principiando por los culturales, como lo es un idioma y con él los espacios de referencia trascendentales de su vida.

Y, es que el problema de la identidad del inmigrante se debilita cuando en su nuevo medio se encuentra limitado durante un tiempo para poder comunicarse con la sociedad de recepción y compartir con ella experiencias e inquietudes como nuevo ciudadano, en estos tiempos pudiese sentir fracaso personal ante la falta de oportunidades que pueden llevarle a la duda existencial de su identidad, de allí ,su reacción frente a esta situación lo empuja a la búsqueda constante que al final sólo lleve hasta una depresión. En sentido contrario, si su situación, ejemplo la laboral prospera, entonces su depresión bajará o desaparecerá y subconscientemente también el rechazo al sistema que lo ignoró. Es en ese instante que quizás comienza a destacar más su identidad ya perdida. Ello me invita a recordar la hermosa letra de aquella canción de Facundo Cabral, que dice: “No soy de aquí, ni soy de allá. No tengo edad, ni porvenir. Y ser feliz es mi color de identidad.”

Lo paradójico, pudiera ubicarse, en frases que ahora es muy común oír, tales como los “padres y abuelos huérfanos”, una suerte de ambigüedad combinada con mal uso de las palabras (lapsus linguae), pero que “colocan” una situación socialmente que no es tan errada, representada en los “idos” y los “quedados”, y a veces “olvidados”. Esa situación obliga a despejar esa relación biopsicosocial que se tamiza disimuladamente en las diásporas: en los desarraigados y los arraigados. Pero, lo anterior, conlleva al caso de desarraigados que no han sido “arrancados” de su tierra natal, cohabitan en ella, pero no la aman, un ejemplo clarísimo lo comportan aquellos estratos políticos de “oposición” que asumen esa conducta: Non sana.

Y, en contrario, los desarraigados, “los fuera de su país”, los poseedores de un arraigo no borrado, que sufren a lo largo de su vida de inmigrantes la ausencia de sus vivencias y recuerdos del país. Arraigo que repito, NO se deja a un lado, y que se manifiesta de múltiples formas. Por ejemplo, una persona que está fuera de su terruño unos meses, unos años ¿por qué se comunica casi que las 24 horas del día con la familia por cualquier nimiedad? Eso es por supuesto “arraigo familiar”, ¿cierto? Algunas personas dirán que es desarraigo. ¿No será que los desarraigados son los que se quedan? Todo debe situarse en contexto dirán otros.

Finalmente, insisto en considerar paradójico el fenómeno arraigo-desarraigo y sus incidencias o no en la Identidad social de los individuos dentro de las denominadas diásporas, verbigracia, las diásporas venezolanas en todo el mundo. Diásporas que han sido afectadas por disimiles problemáticas tales como: xenofobia, normas y leyes, cultura, Covid 19, entre otras más. Así pues, todo depende del contexto de origen de los individuos y el contexto futuro donde se harán inmigrantes, pero además requieren ser consideradas variables tales como la motivación o debilidad individual de cada quien, de allí que sigue siendo una presunción el efecto del arraigo-desarraigo en la Identidad, los argumentos han quedado en exploraciones muy específicas, ideas opuestas (antilogías) a algo que se considera auténtico o de opinión general. En consecuencia, a mi juicio, el arraigo y el desarraigo se hermanan tanto para el que emigra como para el que no. Lapidariamente Jorge Luis Borges, expresó: “Los lugares se llevan, los lugares están en uno”. He allí nuestra Identidad. En donde nos encontremos, afuera o adentro, estaremos en nuestra Patria: Venezuela.

Calgary, Canadá, 13 de agosto de 2021

Ten la información al instante en tu celular. Únete al grupo de Diario Primicia en WhatsApp a través del siguiente link:https://chat.whatsapp.com/Fr9gVHN4A436nOIw6sepgk

También estamos en Telegram como @DiarioPrimicia, únete aquí:https://t.me/diarioprimicia

error: