Opinión

Un Altar de Esperanza en homenaje a la Sra. Navas.

La Sra. Navas, quien, con el nombre de su hijo Víctor Hugo como único estandarte, desafió el silencio de los muros y la frialdad de los verdugos
navas
domingo, 10 mayo 2026

Hay un calvario que no se escribe en libros, pero que a sangrefuego, se marca en el alma de una madre. Es el caminar de la Sra. Navas, quien, con el nombre de su hijo Víctor Hugo como único estandarte, desafió el silencio de los muros y la frialdad de los verdugos. Su peregrinaje por cárceles y despachos no fue solo una búsqueda; fue un acto de rebelión contra el olvido.

Hoy, en este Día de la Madre, el homenaje no es de flores ni celebraciones superficiales. Es un tributo a la madre desguarnecida, a la que deambuló entre la incertidumbre y la mentira, y que hoy abraza una ausencia que pesa más que el mundo. Víctor Hugo luchaba por la arepa del prójimo y la libertad del mañana; su madre, por su parte, luchó por la verdad que el poder intentó enterrar.

“No hay tierra lo suficientemente profunda para ocultar el amor de una madre, ni tumba tan callada que pueda silenciar su grito de justicia.”

A ella, y a todas las madres que hoy recorren ese mismo sendero espinoso en Venezuela, les debemos más que una estatua; les debemos una patria que sea digna de su sacrificio. Que este saludo fraternal sea un bálsamo en su mar de lágrimas y un reconocimiento a su sublime dignidad.

Ustedes, las abnegadas madres, son el corazón valiente de una nación que se niega a morir.

 

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