Opinión

Trabajadores-Accionistas

“Ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz, si en ella, la mayoría de sus miembros es pobre y desdichada". Adam Smith.
jueves, 05 noviembre 2020

El tema de ser accionista y trabajador a la vez, además de interesante, es de mucha trascendencia. Antes de entrar de lleno, debemos discurrir sobre algunos términos importantes y relacionados con la esencia del mismo. Ellos son: La bolsa de valores, la propiedad privada, el capitalismo, la utilidad o ganancia, el socialismo y el comunismo.

Estos conceptos todos, están intrínsecamente relacionados con el tema de hoy y por tal razón, conviene definir sus significados y alcances.

Bolsa de Valores: esta es una institución privada a la cual concurren vendedores de acciones (Empresas), buscando financiamiento y potenciales accionistas, quienes por efecto de su inversión o compra de acciones, aportarán recursos que seguirán impulsando el desarrollo económico.

El gestor, en estas transacciones, comúnmente, es denominado “Corredor”. En esencia, la empresa coloca para la venta, sus acciones en el mercado, y los ahorristas, o compradores de acciones, se transforman en inversionistas.

Por otro lado, la propiedad privada es el derecho que tienen las organizaciones y los individuos también, a poseer, controlar y disponer de un bien, con pleno poder jurídico. Esta institución, es fundamental en un régimen de libertades y está íntimamente relacionada con el término capitalismo, que no es otra cosa más que un sistema económico y social, que bajo ciertas premisas, utiliza el capital y la mano de obra para generar riquezas.

En este sistema, el mercado es imprescindible y se convierte en mecanismo automático de regulación para determinar precios y asignar recursos, que el inversionista, utilizará racionalmente, para mover los engranajes de la economía.

En cuanto al término utilidad, este es, a grosso modo, lo que queda, cuando a los ingresos, le restas los costos.

Por su parte, el socialismo es una doctrina que pretende que los medios de producción sean propiedad de la clase trabajadora, con el objeto de crear igualdad política, económica y social.

El comunismo, por su parte, pretenden que los medios de producción estén todos, en manos del Estado y la redistribución de los bienes, se efectuaría de manera “equitativa y según la necesidad de los ciudadanos”.

En Venezuela tenemos una vasta experiencia con estos sistemas (socialismo y comunismo) y sus desastrosos resultados.

La diferencia entre socialismo y comunismo, está en que los socialistas pretenden entregar a la clase trabajadora, los medios de producción (Alcasa, con este régimen, es un ejemplo), y por vía de reformas, disminuir las diferencias económicas; y por su parte, el comunismo persigue abolir por completo la propiedad privada y ser él, quien administre los medios de producción (Sidor es otro ejemplo).

En este caso, es evidente que el trabajador, frente a este monopolio, no tendrá alternativa alguna.

Más allá de las ideologías antes descritas, nuestra propuesta de venderle acciones a los trabajadores, está basada en una pragmática y genuina lógica, democrática y libre, que consiste en convertir a dichos trabajadores (aquellos que lo deseen), en accionistas y/o copropietarios de la empresa en la cual trabajan.

Esto no es nada novedoso. Sidor, en Venezuela y en otra época, vendió acciones a sus trabajadores.

En otras latitudes, por ejemplo, los trabajadores también pueden adquirir acciones, libremente, de la General Motors, de Procter & Gamble, o de la empresa de su elección, como una manera de ahorrar y obtener un posible ingreso adicional.

Nuestra propuesta, está fundamentada en dos tipos de necesidades, que como país, tenemos: la primera, es que los venezolanos requerimos ahorrar. Debemos incrementar los capitales, para seguir un camino de desarrollo y riqueza, independiente del Estado; por tanto, la compra de acciones por parte de los trabajadores, es un medio para hacerlo y una alternativa a depositar sus ahorros en un banco.

La segunda razón obedece a la necesidad de vincular afectivamente, el trabajador a su empresa, para garantizar cuotas más elevadas de productividad.

Por supuesto que también, la dirección de la misma, requiere acudir a diversas técnicas gerenciales, para mejorar el resultado de los estados financieros, y estas son: establecer un adecuado sistema integral de entrenamiento para todos los trabajadores; la creación de “círculos de calidad”, para optimizar los recursos disponibles; establecer un sistema de costos estándares, a fin de ir comparando la ejecutoria con los patrones establecidos para la industria; implantar una continua política de reducción de costos, etc.

En esencia, lo que se necesita, es estimular en el trabajador, su capacidad de contribuir e innovar, para mejorar la conducción de procesos, de procedimientos y prácticas operativas, que incrementen la rentabilidad.

Esa fuente de estímulo, también, lo constituirá, la participación accionaria del trabajador en la empresa, o dicho de otra forma, la conversión del trabajador en copropietario.

Este objetivo sería logrado, no por el atractivo de posibles ingresos extras, pues la teoría dice que el dinero no es un elemento motivador, pero si, por el empoderamiento que pudiera crear, el hecho de ser copropietario de la firma o compañía; por otro lado, es nuestra fuerza laboral, la que puede y debe transformar el país, trabajando duro; es una necesidad muy importante y urgente.

Financiamiento de este plan: la Ley del Trabajo establece que 15 % de las utilidades netas de las empresas serán distribuidas equitativamente, entre sus trabajadores, al final de cada año fiscal.

Pues bien, este beneficio, garantizado, en el peor de los casos, es de treinta (30) salarios, y puede ser utilizada por quienes lo deseen, para adquirir acciones de su empresa.

Con el tiempo, no solo habrá ahorrado, sino que su capital estará protegido contra la inflación, y contribuirá además, al incremento proporcional de su cuota de plusvalía.

De esta manera, la empresa dispondrá de empleados más leales, responsables y productivos; y los trabajadores, gozarán de más estabilidad y mayores ingresos.

En esencia, esta práctica permitirá colocar más productos de mayor calidad, en un mercado cada día más próspero, para bienestar de trabajadores, empresas y del país en general.

Ojalá, el sector político y empresarial se sensibilicen con esta oferta.
Manuel García Tamayo.

“El camino hacia la riqueza, depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro”. Benjamin Franklin.

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