Opinión

Toño Padovani vive el deporte de por vida

Su recorrido lo llevó a los mejores niveles del béisbol amateur, al fútbol campo cuando fue necesario y al fútbol de salón profesional.
José Cedeño
domingo, 15 febrero 2026

¡Epale Toño! fue el saludo espontáneo que abrió una conversación sencilla pero cargada de significado, a la que él respondió con ese ¡Epa profesor! que retrata cercanía, respeto y memoria compartida. Preguntarle cómo estaba fue casi un pretexto para escuchar la calma de quien ha vivido el deporte con honestidad, y su “bien, gracias a Dios” resumió años de constancia, sacrificios y aprendizajes. Cuando surgió la pregunta inevitable sobre si jugaría ese día, la respuesta llegó sin dramatismo, reconociendo que las rodillas ya no son las mismas y que el futbolito quedó atrás, pero aclarando con orgullo que sigue activo en otro deporte, porque el verdadero atleta no abandona el movimiento, solo adapta su juego.

Esa conversación ocurrió durante el encuentro de las Glorias del Fútbol de Salón del estado Bolívar, celebrado el 27 de diciembre de 2025, un espacio donde no solo se reencontraron exjugadores, sino también historias de barrio, esfuerzo colectivo y pertenencia. Allí, Antonio “Toño” Padovani no necesitó uniforme ni minutos en cancha para destacar, porque su trayectoria hablaba por él y su presencia conectaba generaciones que crecieron viéndolo jugar o escuchando su nombre en las conversaciones deportivas. En medio de risas, recuerdos y abrazos, quedó claro que hay figuras que trascienden el marcador y se convierten en referencia humana del deporte regional.

Padovani es hijo deportivo de la comunidad UD. 145 de Ciudad Guayana, un dato que define mucho más que un lugar geográfico, porque de allí, como en muchas comunidades populares de la ciudad, emergen los atletas todoterreno, los que juegan béisbol en la mañana, fútbol en la tarde y futbolito en la noche. En esos espacios comunitarios se forma la juventud multiatleta, esa que aprende a competir, compartir y resistir, y Toño es expresión fiel de ese proceso, pues inició en el béisbol desde categorías menores, construyendo disciplina y carácter, antes de expandir su talento hacia otros deportes donde siempre cumplió con responsabilidad y entrega.

Su recorrido lo llevó a los mejores niveles del béisbol amateur, al fútbol campo cuando fue necesario y al fútbol de salón profesional, disciplina en la que representó con orgullo al estado Bolívar y posteriormente a la selección de Venezuela. No todos los atletas logran vestir esa camiseta, y menos quienes se formaron lejos de grandes estructuras, por lo que su historia rompe el molde del deportista de una sola especialidad y reivindica al jugador integral, adaptable y comprometido, ese que entiende el juego más allá de la técnica y lo asume como una responsabilidad social dentro y fuera de la cancha.

Hoy, aunque Toño ya no juegue futbolito, su ejemplo sigue en juego permanente, porque mantenerse activo es una forma de honrar el cuerpo, la comunidad y el camino recorrido. En tiempos donde el éxito suele medirse solo en títulos, historias como la suya recuerdan que el verdadero triunfo está en la coherencia, la humildad y la constancia. En los presentes espacios, resaltar a Antonio Padovani es hablar de nuestros barrios, de nuestros atletas reales y de una cultura deportiva que sigue viva, porque mientras existan referentes así, el deporte guayanés siempre tendrá quien juegue con el corazón. Queridos lectores, hasta la próxima, con el favor de Dios. Para contactos: @Joseceden o Facebook / José E Cedeño Gonzalez (El hijo mayor de Otilia Gonzalez).

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