Opinión

Rubén González, el líder sindical

Se hace imperativo sustituir esta forma de mal gobierno, por uno de transición, que organice todos los poderes del Estado venezolano; uno en el cuál, se cumpla la Constitución y las leyes.
jueves, 10 junio 2021

Rubén González es un humanista; es reflexivo, sensible y conciliador; pero también es un luchador tenaz y valiente; es, sin lugar a dudas, un aguerrido líder sindical.

Para muchos, es la esperanza del movimiento obrero de Ciudad Guayana y de Venezuela; y lo es, por su oportuna y aguda percepción de las realidades; por su abultada experiencia y proactiva conducta de lucha por el logro de reivindicaciones laborales; pero fundamentalmente, por su intachable condición ética y moral.

Rubén González es secretario general de Sintraferromiera, de la empresa CVG Ferrominera Orinoco; es igualmente, coordinador general de la Intersectorial de los Trabajadores de Guayana ( ITG); también es vicepresidente de la Asamblea Nacional de los Trabajadores y miembro del Concejo Consultivo de la Conferencia para la Restitución Constitucional de nuestro país, esa que lucha codo a codo, acompañada de selectos miembros de la sociedad civil; que se identifica con ANCO, y que pugna por recuperar el país y sus instituciones.

Las justas y perseverantes luchas de Rubén González por los derechos de los trabajadores, ocasionó su despido de Ferrominera; despido, a todas luces, injustificado y arbitrario, cometido por el autoritarismo, la miseria política y el abuso de poder, quienes no solo se limitaron a cercarlo económicamente, sino que, utilizando “los Pinochos” y sus calumnias, adicionammente, lo encarcelaron, no una, sino dos veces: en el 2009, con Chávez y en el 2018, con Maduro, “el líder obrero”.

Ambos pretendieron doblegarlo, pero su lugar, lograron fortalecer su carácter, sus valores y encender aún más, la llama que lo impulsaría a una renovada lucha por la justicia y la libertad.

No solo la falta de civilismo, sino la represión desmedida, exacerbó en Rubén, el proceso de arrojo y madurez, que lo transformarían en un líder más reflexivo, ponderado y sabio; pero también, durante este proceso, se fortalecería su voluntad y carácter.

Ese es el nuevo Rubén González; uno que se fue forjando a la sombra del dolor que produce el asedio, el atropello arbitrario y el injusto castigo; ese, quien, sin resentimientos, no solo, no se doblegó ante la ignominia y la crueldad, sino que por el contrario, se levantó más fuerte y combativo; ahora, con entereza, podrá enfrentar la mentira, el autoritarismo y la injusticia; ese autoritarismo que ademas, se caracteriza por chantajear, perseguir y oprimir a los trabajadores y a su dirigencia sindical, la que no se vende; esa que hasta ahora, ha sabido y podido sostener su posición de beligerancia ante la barbarie.

Con él no podía desaprovechar la oportunidad de conocer a opinión de diversos temas.

¿Por qué destruyeron las empresas básicas? ¿Fue la misma razón, en todos los casos?

En este particular, debo ser muy enfático, muy claro: la ruina de las empresas básicas y también las del país en general, obedeció a un plan fríamente preconcebido por este Régimen Comunista. El objetivo era aniquilar el aparato productivo, no solo de Guayana, sino de todo el país. No fue el azar lo que propició esta desastrosa carrera; y ella, no fue improvisada, ni producto de la casualidad.

La demolición de fábricas y de ese “espiritud de cuerpo” que embargaba a todo guayanés y a cada venezolano, fue producto de cavilaciones políticas y del satanismo cubano, en cónclave con los eternos resentidos politiqueros criollos, los del oprobio y la corrupción.

El objetivo principal era y aún sigue siendo, obligar a la clase trabajadora en su totalidad, a depender de las migajas del Estado y con ello, a mendigar, como se hace en comunismo.

Un proyecto concienzudo de ataque y despojo, que confiscó los beneficios generales de los trabajadores. De ese despojo, fueron víctimas, todos aquellos que trabajaban en la CVG, en Edelca, Sidor, Ferrominera Orinoco, Venalum, Alcasa, Carbonorca, Interalúnina, Bauxilum y Uverito, entre otras.

En esas empresas, además, se robaron todo lo que era posible sustraer, y lo que no, se chatarreó. Las briqueteras fueron todas expropiadas y algunas, llevadas a la quiebra; las que aún operan, lo hacen menguadamente.

Ahora, y para terminar de “raspar la olla”, pareciera que la intención es rematar lo que queda. Estoy convencido de que, una vez terminada su destrucción, las mismas serán vendidas a “precios de gallina flaca”, a sus mal llamados aliados ideológicos, (Rusos, Chinos, Cubanos e Iraníes); con ello, se anotan un punto en lo político y continúan con el plan Comunista de destrucción de nuestro país, nuestras empresas y los beneficios de nuestra sufrida clase trabajadora.

¿Por qué un sindicalismo tradicionalente digno y democrático, como era el de Guayana, abrazó sin rubor alguno, lineamientos del PSUV?

Los dirigentes sindicales de los años 2000 y sucesivos, se dejaron “convencer” por los “proyectistas” del desastre, esos que sembraron la nueva y nefasta política que ha destruido al país.

Ellos fueron hombres de endebles convicciones morales y gremiales y de poca dignidad, pues rápidamente, abrazaron las ideas del PSUV y partidizaron los sindicatos, lo cual constituyó para los trabajadores, un severo revés, pues las “políticas” más importantes para ellos, fueron y son las contenidas en la Contratación Colectivas y sus beneficios, la Ley Orgánica del Trabajo y la Constitución Bolivariana de Venezuela.

En aquellos tiempos (inicio de los años 2000), muchos dirigentes sindicales, se volvieron lacayos del régimen, a cambio de indignas dádivas y privilegios, que incluyeron, entre otros, ofrecimiento de cargos como el de concejal, gobernador, diputado, presidente de Empresas Básicas y hasta el de ministro.

A cambio, aceptaban el compromiso de partidizar a la masa trabajadora, para doblegarla y hacerla más dependiente y sumisa, sin reparar en que la empujaban hacia la miseria y la desesperanza. Hoy en día quedan pocos de aquellos sindicalistas dignos, líderizando, la mayoría mancilló el movimiento obrero y se convirtieron en clones, corruptos y traidores.

Estos fueron los mismos que firmaron con el régimen, el instructivo 2792, que eliminó todos los beneficios generales de los trabajadores, contemplados en las contrataciones colectivas. Sus corruptelas, casi pervirtieron el término “sindicato”, de no ser porque aún quedamos hombres y mujeres íntegros, luchando por enaltecer esa noble institución.

¿Por qué existe ese gran antagonismo o rivalidad entre el sector laboral y/o sindicato y la gerencia o patrón?

Es cierto que existe antagonismo, y también lo es, que el mismo, debe ser sustituido por un clima de diálogo, respetuoso y de armonícas relaciones; este buen clima se hace imperativo para poder llegar a negociaciones y alcanzar los acuerdos que requiere la paz laboral.

El régimen, en cambio, sabotea esa buena intención, rechazando los genuinos reclamos laborales y ofreciendo por respuesta, el chantaje, el maltrato y hasta la amenaza hacia el trabajador. Esta situación, con el avance del tiempo, ha ido empeorando, particularmente, en las empresas del Estado, toda vez que los gerentes se sienten cada vez más autosuficientes y por tanto, más autoritarios e irrespetuosos de los derechos laborales.

Se ha llegado al extremo, en muchas empresas, hoy patrulladas por miembros de las fuerzas de seguridad del estado, como el Dgcim, GNB, Sebin, PNB, entre otras, para combatir el delito, pero en vez de ello, utilizan dichos cuerpos para actuar en contra de los trabajadores; los atemoriza y hasta detiene.

Hoy en día, el régimen niega, no solo la posibilidad de resolución de reclamos, sino también, el diálogo o discusión, y en sustitución de los mismos, se da la imposición caprichosa y arbitraria. Esto es lo que crea el gran resentimiento y hasta el visceral antagonismo, ese al cual Ud. se refiere en la pregunta.

¿Por qué los sindicatos, tradicionalmente, siguen lineamientos de partidos políticos, en el ámbito laboral y no los genuinos intereses de los trabajadores?

Nunca debe mezclarse politica partidista con sindicalismo. Cada uno persigue sus propios objetivos, aún cuando en ocasiones, pueden coincidir.

Todos tenemos derecho a poseer una ideología, pero, como dijo Alfredo Maneiro: “cuando los intereses políticos partidistas coliden con los de los trabajadores, debe prevalecer el interés de estos últimos”. Debemos entender, por las razones expuestas por Maneiro, que un sindicato es una institución regida por las políticas dictadas originariamente, por los propios trabajadores, y es así como un sindicato podrá politizarse, más no partidizarse.

Es obvio que en el pasado, se fraguó una politizacion de la mayoría de los sindicato, para obtener prebendas del Estado, sin embargo, lucharemos para que no vuelva a ocurrir; el precio a pagar es muy alto. Hay quienes, en el seno del trabajo, por eso de mezclar sindicalismo con política, todavía dicen: “Así es que se gobierna; leales siempre y traidores nunca”.

Estos eslogan son invocados por la ignorancia, el fanatismo político y la traición a la clase trabajadora; son los miopes, los equivocados, que llevan las políticas del partido al ámbito laboral.

¿Qué propone, como sindicato, para sacar adelante las empresas de Guayana?

Lo primero que debe hacerse, es recurrirse a la conciencia colectiva, la de la gente; y sospecho, que ella, claramente nos dirá que con este régimen, no será posible reestructurar la CVG, ni reconstruir las empresas de Guayana, así como tampoco, las del país. Se hace imperativo sustituir esta forma de mal gobierno, por uno de transición, que organice todo los poderes del Estado Venezolano; uno en el cual se cumpla cabalmente la Constitución y las leyes.

Logrado este primer objetivo, puedo garantizar que la clase trabajadora, apoyará el camino institucional y sus buenas obras; debe también entenderse, que a diferencia del pasado, ante posibles desviaciones, levantaremos nuestras voces.

Nuestra actitud será constructiva y puntal fundamental para el nuevo desarrollo, con el aporte de nuestro trabajo, en la reedificación del país, lo cual haremos con energía y entusiasmo.Aunque también nos comprometemos a realizar un gran esfuerzo individual y colectivo para la reconstrucción nacional, a cambio, esta vez, exijimos respeto total a nuestros derechos y al de todos los venezolanos.

Nunca más volveremos a dejarnos dividir, y mucho menos, humillar. Dios Bendiga a VENEZUELA.¡Cuando el justo Gobierna, el pueblo se Alegra!

Entrevista realizada por Manuel García Tamayo

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