Renacimiento del aluminio y resurgimiento de nuevos polos de desarrollo
Venezuela, que alguna vez fue un referente mundial en la producción de aluminio, enfrenta hoy una realidad contrastante.
Nuestra capacidad instalada de 412.000 toneladas anuales de aluminio primario (Venalum), languidece, operando apenas entre 5 % y 15 %.
Las restricciones son el suministro de energía y la alta rotación de personal capacitado y directivos que opacaron la que otrora fuera “La Gran Planta”.
Sin embargo, el potencial del país sigue intacto: poseemos gigantescas reservas probadas de bauxita y estimaciones que superan los mil millones de toneladas tan solo en el oeste del estado Bolívar, en la zona de Los Pijiguaos, tierra que también alberga casiterita, como hemos analizado anteriormente.
Ante esta inmensa riqueza, se impone una visión audaz: la construcción de nuevas plantas reductoras con capacidad de hasta dos (2) millones de toneladas de aluminio primario.
Este salto importante requiere, en paralelo, una refinadora que produzca 4,5 a 5 millones de toneladas de alúmina para surtir a las reductoras.
Para alimentar este complejo industrial, es imperativo igualmente, retomar los proyectos hidroeléctricos planificados aguas arriba de los ríos Caroní y Paragua. Construyendo al menos dos de estas plantas, obtendríamos los 4.500 MW de la necesaria energía.
Además, este desarrollo exige invertir en una planta de soda cáustica, en la misma zona, utilizando la abundante materia prima de Araya (sal), estado Sucre.
¿Por qué establecer este nuevo polo de desarrollo en el eje Caicara-Los Pijiguaos y no ampliar en Ciudad Guayana? La respuesta yace en la lógica operativa y ambiental. Transportar la bauxita en gabarras desde la mina, es un proceso costoso y accidentado, agravado por el hecho de que el río Orinoco, en determinado tramo, solo es navegable durante ocho meses al año.
Ampliar la capacidad a dos millones de toneladas en Ciudad Guayana, requeriría cinco veces más bauxita, lo que colapsaría por completo el sistema de transporte fluvial.
Aún más crítico es el factor ecológico. Multiplicar cinco veces la producción de lodos rojos, un subproducto altamente contaminante, es inaceptable.
Las actuales lagunas de Bauxilum ya no tienen mucha más capacidad de albergue, a menos que se plantee el desalojo de urbanizaciones cercanas como Cambalache (hoy Brisas del Orinoco).
Bajo esta premisa, es pertinente aclarar que esta visión expansiva no supone el cese abrupto del parque industrial actual; las instalaciones existentes en Ciudad Guayana continuarán su ritmo de producción hasta el término natural de su vida útil, o bien, hasta que sus eventuales propietarios privados determinen una nueva ruta estratégica.
Trasladar el nuevo procesamiento al pie de la mina resuelve estos cuellos de botella y transformaría una zona históricamente semiabandonada. Se proyecta que estas actividades generarían unos 12.000 empleos directos y no menos de 40.000 indirectos. P
ara albergar a esta nueva población, se hace imperativa la expansión y/o fundación de ciudades nuevas o la ampliación de Caicara y Los Pijiguaos.
Estas podrían nacer como ciudades enteramente planificadas para unos 200.000 habitantes, reviviendo el exitoso espíritu fundacional que alguna vez creó a Ciudad Guayana. Es el momento de repensar nuestra industria hacia un modelo lógico, descentralizado y sostenible.
Nota N° 1 del Autor: Esta no es una idea nueva, pero debemos, recurrentemente, refrescarla.
Nota N° 2 del Autor: Muy extraño el comportamiento del presidente Trump, comprando Diésel a Rusia, gran amigo y aliado de Irán, de Corea del Norte y de China. Por cierto: ¡En Venezuela queremos elecciones ya!!!
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