Opinión

País rico, gente pobre

Esa es la verdadera riqueza, la producida por el hombre, que finalmente, deberá irá a manos del pueblo en la forma de dignos salarios, escuelas, salud, carreteras, puentes, seguridad personal y protección de nuestras fronteras.
jueves, 22 julio 2021

Quizás, por esa razón, el venezolano, ante tanta bonanza, sintió que su contribución para la creación de riqueza, podía ser meramente marginal. ¡Craso error!

La riqueza debe ser gestada por el hombre con su emprendimiento, genio, creatividad, carácter innovador y, sobre todo, con arduo y tesonero trabajo; debe, adicionalmente, complementar estos talentos, con importantes cantidades de capital, a ser utilizado juiciosa y honestamente.

Como se sabe, esas materias primas, en su conjunto, deben ser «domadas» y convertidas en bienes y servicios, por manos forjadoras y hábiles, para servir al bienestar colectivo. Esa es la verdadera riqueza, la producida por el hombre, que finalmente, deberá irá a manos del pueblo en la forma de dignos salarios, escuelas, salud, carreteras, puentes, seguridad personal y protección de nuestras fronteras.

Eso quiere decir que mientras más valor agregado le demos a nuestras materias primas, mayores beneficios obtendremos para el país y su gente.

Es por ello que, de nuestra nación, no debería volver a salir un gramo más de materias primas, sin algún grado de transformación o valor agregado. ¡Ya basta de seguir siendo tercermundista! Ya basta también, que todas esas instituciones que esculpieron algunos grandes estadistas que nos precedieron, hombres inteligentes y con visión, estén piloteadas hoy en día por funcionarios mediocres, sin coraje ni entendimiento del rol que les corresponde ejercer en la historia, para devolverle al país y a su gente, la vitalidad y energía perdida.

Esa pasividad deja pasar el más valioso de todos los recursos, el tiempo, sin contribuir con el esencial desarrollo de la nación.

Veamos algunos casos:  Fedecámaras. Esa es una asociación de personas, con recursos, que tienen la responsabilidad de producir bienes y servicios para satisfacción de sus clientes. Esta es una máxima empresarial de obligatorio cumplimiento. Pues hagámoslo, aun teniendo que desafiar controles arbitrarios, restricciones e incluso, abusivas acciones del Estado. Hay muchas formas de lucha y ellas deben ser todas emprendidas, menos las deshonestas. 

Hay un gran ejemplo a seguir: Las empresas del Grupo Polar, que enfrentaron mil escollos y casi los superaron todos. También los sindicatos tienen una responsabilidad social de trascendencia. Ellos, cuando hay empleo, deben luchar para mantenerlos en buenos términos y cuando no los hay, como ahora, deben contribuir a su búsqueda; para ello deben buscar y encontrar soluciones, conjuntamente con Fedecámaras, el propio Estado y la sociedad en su conjunto; el sustento de la familia, da estabilidad al hogar, pero también a la gran comunidad.

Para esto se instituyó este movimiento de lucha social; para buscar soluciones viables, dignas, inteligentes. Y hay que encontrarlas incluso, a través del diálogo, en primer término, y del conflicto, en última instancia. La subsistencia digna de un hogar, es un derecho por el cual hay que luchar con toda la fuerza posible. En el mundo, hay muchas fuentes de inspiración y patrones de referencias que podemos emular.

Están también los Colegios Profesionales. A ellos les han dado todo: educación a sus miembros; una formación superior, costosa y gratuita; instrumentos legales para constituirse en asociaciones profesionales; en la mayoría de los casos, hasta locales y mobiliarios. Hace ya tiempo que estos profesionales han debido iniciar la revolución del conocimiento y presentarle a la sociedad, a esa comisión tripartita natural (gobierno, Fedecámaras y Sindicatos), todos inactivos, importantes proyectos para reactivar y/o continuar con el desarrollo del país.

Claro, la queja escuchada es: «el gobierno no quiere, no tiene, no puede” …etc. ¿Todo tiene que hacerlo el gobierno? ¿Y para que existe esta organización de gente visionaria y bien formada? ¿No es acaso, para buscar soluciones, incluso con el conflicto? Estos son momentos de perseverante lucha, activa, inteligente, constante; se trata de levantar la patria, su economía, su industria y comercio; es momento de revivir a la nación y esa responsabilidad nos corresponde a todos aquellos que tuvimos, con privilegios naturales, la oportunidad de otear más lejos.

La Iglesia: esta es otra institución con profunda responsabilidad social. Es una institución cargada de experiencias y sabiduría, pero sobremanera, un gran poder de convencimiento. Creo que hace falta diseminar más el mensaje de que debemos cambiar; es fundamental iniciar la conquista de la libertad a como dé lugar; ese será nuestro último bastión.

Los Partidos políticos. Esos que, en otros tiempos, lucharon en la clandestinidad contra una dictadura criminal, difundiendo y convenciendo a todo un país, de las ideas de democracia, libertad y justicia; en el fragor de esa lucha, muchos fueron los líderes que cayeron, presos y torturado unos, y asesinados otros; muchos tuvieron que emigrar, con la Seguridad Nacional en los talones.

Recuperada la patria en 1958, esos líderes fueron capaces de pactar para establecer un sistema democrático duradero y estable, que, por muchos años, dio bienestar y prosperidad a todo un pueblo.

En esta nueva etapa de la Nación, 1998 a la fecha, la lucha contra un Chafardote autoritario y gritón, también ha sido constante y a veces cruenta. Muchos jóvenes fueron vilmente asesinados, encarcelados y torturados también. Hubo marchas dignas, monumentales, paradas, plantones, paros y protestas por doquier, hasta de militares de alta jerarquía; y aunque muchos de estos eventos fueron encabezados por líderes políticos, la mayoría fueron jóvenes estudiantes, profesionales y hasta alguno que otro líder obrero.

El deterioro de la dirección política de hoy,  ha llegado al extremo de convertirse en  un «saco de gatos» tratando, cada uno de ellos, de obtener «la mayor tajada posible». La mano del régimen ha contribuido a dividir y corromper a muchos hombres, creando, entre la población, desazón, desesperanza y mucho temor; temor por no poder recuperar la libertad, por no verle el fin a esta miserable y ridícula economía; por no poder ver el fin de tanta inflación que mata de hambre a las familias; por no poder ver la recuperación del empleo; por el temor continuo al estado de inseguridad que se vive en el país, con tantas bandas armadas que deambulan y asaltan en carreteras, urbanizaciones y fincas; por no tener servicios como luz, agua, gas y gasolina; una vergüenza en el país petrolero más importante del mundo.

Estos nuevos fantoches de la reciente política, no se dan cuenta que, si no nos unimos, jamás podremos reconquistar la democracia; nunca más podremos convencer al pueblo que la democracia es la solución a los múltiples problemas que aquejan al país; problemas todos agravados por un autoritarismo sin freno, miope y sin compromiso con el pueblo.

Quiero resumir diciendo que Venezuela tuvo grandes hombres que la concibieron y dotaron con sólidas y sobrias instituciones; ellas y quienes las dirigieron, por muchos años, mantuvieron un Estado próspero, hicieron del nuestro, un pueblo culto e instauraron un régimen de libertades, ejemplo en el hemisferio americano.

Sin embargo, la descomposición política y social de los últimos veintiún años, esa, que corrompió y destrozó valores, está causando serias dudas sobre cuándo podremos volver a vivir en libertad, porque esos que debieron ser líderes de Fedecámaras o de los sindicatos, o de los Colegios Profesionales y particularmente, de los partidos políticos, todos nos fallaron estrepitosamente.

Un país rico, convertido en guiñapos, sólo porque sus clases dirigentes, nunca estuvieron a la altura de los grandes retos.

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