Opinión

No tenemos amor

No obstante, en serena armonía de conciencia expreso mi opinión acerca de lo que se asume como el vehículo perfecto que conduce al estado superior de felicidad.
lunes, 24 junio 2024

Lo que se diga contra el concepto culturalmente aceptado del amor siempre va a resultar difícil y riesgoso debido a que el llamado sentimiento rector por excelencia de la humanidad, pareciera estar blindado contra toda opinión contraria; nada extraño estando frente al llamado eje transversal que todo lo puede, el que nos lleva al afecto, a la familia, a la defensa contra el sufrimiento y cuánto más.

De verdad que no es fácil hacerlo, así como no es sencillo establecer por ejemplo en qué países sus habitantes lo practican con mayor o menor intensidad, aunque en estos tiempos de avances tecnológicos siempre habrá quienes se aventuren a calcularlo mediante parámetros religiosos o culturales, y saquen sus conclusiones como quien se saca el pañuelo del bolsillo.

No obstante, en serena armonía de conciencia expreso mi opinión acerca de lo que se asume como el vehículo perfecto que conduce al estado superior de felicidad.

De acuerdo, el amor existe, y de hecho amamos, pero no tenemos amor. Lo que sucede es que no lo hacemos de manera consistente, es decir, lo practicamos de manera intermitente e incompleta, como si tomáramos una norma jurídica y le diéramos cumplimiento de manera temporal, interrumpida, o peor, a capricho, incluso aun cuando conceptuamos y aceptamos al amor como el sentimiento supremo, su ejercicio nunca llega a ser completo, acaso por que los sujetos activos de esta regla de vida somos seres imperfectos que constantemente caminamos sobre la cuerda floja de los desencuentros, la inarmonía y los desafectos, materia prima del odio que con sobrada frecuencia conduce a la guerra.

Es por eso que aunque sepamos (o creamos saber) qué es, no tenemos amor, sobre lo cual se ha dicho algo -lapidario diría yo- que no amerita comentario, y es que “si los padres amaran constantemente a sus hijos, el mundo hablaría por ellos reflejando paz” (Krishnamurti), pero el diario acontecer en este mundo nos muestra todo lo contrario.

El contexto de guerras, injusticias, crímenes y violencia de todo tipo que impera en la total redondez del globo habla por sí solo, y hace que para la mayoría no quede más que aferrarse a las creencias religiosas, atrapados en una sociedad planetaria que realmente funciona a contracorriente del amor, es decir, de lo que ella misma considera la principal fuente de paz.

No es agradable llegar a esta conclusión, sin embargo lo hago trayendo a la mesa la religión y los argumentos de la psicología y demás ciencias conque la humanidad se estudia a sí misma, de donde resulta que nos parecemos más a seres cargados con toneladas de erudición pero sin un gramo de sabiduría, individuos que llamamos amor a algo que en realidad pudiera no ser más que una forma de ocultar múltiples verdades, y de satisfacer las necesidades propias, con poco o nada que ofrecer a las de los demás.

Me pregunto si es por eso que lo mencionamos tanto, como en una especie de concierto colectivo que brota de una orquesta discordante en nombre del que vino con la misión de salvarnos y se le convirtió en una tarea eterna para todos los siglos por venir.

No es grato –reitero- opinar de esta manera sobre un sentimiento tan definitorio para la humanidad; quizás sea una actitud pesimista, lo acepto, pero también lo podemos tomar como un punto de partida para cambiar desde la humildad perdida, porque la luz que la evidencia arroja sobre sus letras me hace pensar que ciertamente sabemos qué es, pero no, no tenemos amor.

José Viznel Álvarez Pérez

viznel@hotmail.com

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