Opinión

¿Necesitamos a un Bukele?   

Sería mucho más grato dibujar un país en el cual los criadores y agricultores, por ejemplo, pudieran levantar prósperos rebaños de vacunos, caprinos y porcinos, con la absoluta seguridad de que no serían asediados por maleantes, ni maltratados por miembro de cuerpo de seguridad alguno.  
jueves, 23 junio 2022

¿Se necesita un Bukele en Venezuela? Por supuesto que sí, lo requerimos con urgencia.

Es necesario abatir las más de mil quinientas pandillas o grupos de delincuentes, de diferentes tipos, que, en todo el país, azotan a la población. Y por abatir, quiero decir, hacer justicia verdadera; hostigar, sitiar y detener a esos delincuentes, para luego, llevarlos a los tribunales y de allí, a las cárceles.

Son esos grupos de pillos, gente de mal vivir, esos que violentan la privacidad de las viviendas para choricear, violar y hasta asesinar; los que, con impunidad, se dedican al abigeato.

Son los temibles azotes de fincas, los que aterrorizan el campo; los que por hurtar el fruto del cafeto, aún sin madurar, nos privan de poder saborear un sabroso «marrón».

También están las bandas  que se dedican a robar carros y componentes automotrices, como neumáticos, baterías, espejos y emblemas; o los poderosos y temibles narcotraficantes, unos más encumbrados que otros, cuyas redes se extienden por toda la nación, ocupando pueblos enteros, en los que la autoridad no ejerce su función; estos narcos, utilizan grupos armados, quienes, de la mano de avanzadas tecnologías en materia de transporte, complejas transacciones financieras y de avanzados sistemas de comunicaciones, envenenan al mundo con su «polvito blanco».

Hay también sofisticados grupos de estafadores y delincuentes de cuello blanco, deambulando por clubes y casinos cinco estrellas.

Están los aterradores guerrilleros, unos denominados Tancol y otros, Tanvenecos, o simplemente, guerrilleros que tanto los medios, como el propio gobierno, prefieren callar; algunos, no son más que bandas armadas, gamberros buscando lucrarse.

Están los del ELN (distintos de los Tancol, pues los primeros son «amigos» y los otros, no); por cierto, que a este ELN nadie lo menciona y mucho menos, se les persigue; son aquellos que paulatinamente, van tomando el país desde las fronteras hacia el centro.

De igual manera, están los aborrecibles pero temidos, colectivos del gobierno, formados como brigadas de choque para contrarrestar cualquier manifestación política adversa al mismo.

Alguno de éstos, como lo fue el Koki y su grupo, son bandas que alteran la tranquilidad de los barrios, atentan contra la seguridad personal y que se erigen como una terrible amenaza contra la oposición, o como en el caso del Koki, enfrenta al gobierno, cuando se les «voltea».

Para combatir ese vasto universo de delincuentes y criminales, muchos de ellos, muy bien organizados y mejor armados, el Estado dispone de algunos  cuerpos de seguridad, como son la Policía Nacional Bolivariana, la Guardia Nacional Bolivariana, el Cicpc, el Dgcim, etc…, todos muy mal pagados, mal equipados (sin modernos sistemas de comunicaciones, vehículos, armas y municiones, uniformes, adecuadas sedes, etc.) y sobre manera, muy mal formados (unos peores que otros);  también tenemos un Poder Judicial, lamentablemente, nariceado por el Ejecutivo Nacional y sin autonomía para actuar libremente.

Es muy lamentable tener que describir una triste realidad como esta. Sería mucho más grato dibujar un país en el cual, los criadores y agricultores, por ejemplo, pudieran levantar prósperos rebaños de ganado vacuno, caprino y porcino, entre otros, con la absoluta seguridad de que no serían asediados por el hampa o maltratados por miembro de cuerpo de seguridad alguno.

Estaría mucho mejor, relatar la historia de un país donde se hace innecesario retirar la llave del arranque de un automóvil, o de la puerta de la casa.

Qué más quisiera el ciudadano, sino tener la certeza de que su hijo no será tentado a consumir drogas en la escuela, o que podrá circular libremente por las carreteras del país, con la absoluta certeza de que no será detenido por ningún bandido, mediante barreras, o por alcabala alguna para ser matraqueado.

Si de soñar se trata, quisiéramos hacerlo imaginándonos que ese tema de las guerrillas o bandas armadas o invasores solapados, es asunto de otros países, pues el nuestro, debido a una floreciente economía y mayor nivel de igualdad y justicia, está exento de ello.

Ahora bien, regresando al título de este artículo: ¿Se necesita un Bukele en Venezuela?

PD: Desde esta columna, debo felicitar al Diario Primicia por su exitosa campaña de «Pon de tu parte».
Queremos contribuir hoy con: «Cruce la calle por los pasos peatonales y solo cuando lo permita el semáforo correspondiente».

CE.mgarciat84@gmail.com

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