Opinión

Lenguaje y violencia

Lecturas de papel.
Juan GUERRERO
miércoles, 09 octubre 2019

El entorno idiomático donde el venezolano de este siglo se desenvuelve es cada día más grotesco, incoherente, soez y vulgar. Son estas y otras más, las características que distinguen a todo régimen totalitario, que como el chavizta-socialista impera en Venezuela.

El lenguaje del venezolano de estos tiempos en su generalidad está siendo sustituido por la vulgaridad de quien habita en las catacumbas de la obscenidad. Es que el lenguaje que portamos refiere al sistema ideológico-político que representamos. Porque el lenguaje del totalitarismo ciertamente, constituido desde la arbitrariedad, conlleva un discurso aberrante que asume la violencia, tanto de la palabra escrita como aquella oral, para establecer la verdad única que debe ser obedecida y temida.

Por eso el lenguaje del totalitarismo jamás construirá ciudadanía ni ciudadanos libres para vivir y convivir en una sociedad democrática. Sólo es capaz de permitir que el ser humano habite espacios controlados, como campos de concentración donde el lenguaje es referente de actos de sobrevivencia.

El venezolano está conviviendo desde hace poco más de 25 años con un lenguaje que le es hostil y desnaturaliza sus actos de habla en su propia cotidianidad. El neo lenguaje del totalitarismo progresivamente ha ido imponiendo usos y costumbres de lo soez, vulgar y chabacano, tanto en el idioma como en gestos, entonación y gesticulación, en niños, jóvenes y adultos.

El hablante venezolano es un homofoneticus encarcelado en la banalización de un lenguaje que lo niega como ciudadano. Una caricatura que desvirtúa la tradición, principios y valores y le impide acceder, tanto a los instrumentos de reflexión del saber como la posibilidad para librarse de ese encadenamiento.

El entorno idiomático del venezolano no es el más favorable. Desde cualquier ángulo donde el venezolano se pueda desenvolver, está expuesto a la degradación idiomática. Esta fractura del idioma no está focalizada solo en los estratos sociales más bajos, C-D, se observa en todas partes. Desde profesionales de las ciencias médicas, docentes universitarios, artistas, deportistas, hasta periodistas, y demás habitantes de la comarca nacional.

Como hemos escrito antes, la fractura idiomática comporta el quiebre de valores y supone la instalación de otros principios que son parte de ese canibalismo idiomático que se llama régimen totalitario chavizta-socialista.

Son actitudes, aptitudes, maneras y formas de comportamiento que asumen, tanto quienes directamente apoyan políticamente dicho régimen, como muchísimos opositores que lo adversan. Estamos hablando de una epidemia de vulgarización de los actos de habla en el venezolano.

Sea por descuido, por ruptura de los procesos de comprensión y crítica en la lectura-escritura y su pragmática. Sea porque ha sido un plan desarrollado a propósito para impulsar proyectos de dominación sobre la población. Lo cierto es que la sociedad venezolana está presentando en la actualidad un peligro evidente de desarticulación en su base cultural, como consecuencia de su quiebre idiomático. Esto si bien no hará desaparecer a nuestro idioma, en lo inmediato sí le presenta como realidad impuesta que trastoca el cultivo del ser nacional, en sus valores y principios que han sido transmitidos ancestralmente.

Y es que la carga de violencia que prevalece en el usuario del español venezolano, rige como característica, sea usada como defensa a su condición humana, sea para agredir al semejante.
La agresividad en el lenguaje es un referente importante que se observa en el hablante. Tanto en el uso de la obscenidad como lo soez para comunicarse. Si bien puede comprenderse esta característica, por la violencia imperante que viene marcada desde el mismo Estado a través de su dirigencia política e institucional en general, no podemos justificar ni menos aceptar tanta afrenta contra nuestra lengua nacional.
Es lastimoso, doloroso que nuestro propio entorno familiar, profesional, de amistades y conocidos esté penetrado por el lenguaje violento, agresivo y denigrante, que humilla y degrada la condición humana.

Porque la agresividad en el uso del lenguaje, la carga de violencia implícita en la comunicación, sea verbal o no verbal, gestos y modismos, denotan a un hablante que habita un universo idiomático medianamente comprensible. Ese usuario idiomático ni es ciudadano ni mucho menos defensor real de una vida marcada por valores y principios democráticos.
Esa es la lógica idiomática de vulgarización y barbarismo del neo lenguaje del totalitarismo que siempre busca controlar, rebautizando con terminología seudo científica, lo que ya ha sido nombrado y asumido como valor en el lenguaje nacional.

Volver al rigor idiomático, su tradición de valores y principios, será el camino para establecer un sistema de vida democrática donde el individuo asuma, como ciudadano y hablante del español venezolano, la responsabilidad de defensa de su destino cultural.

@camilodeasis1

 

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