Opinión

La cancha es el país y el equipo somos todos

Conviene recordar que el deporte nunca ha sido únicamente una competencia o un espectáculo, ya que también constituye una herramienta para fortalecer la salud emocional.
José Cedeño
domingo, 05 julio 2026

El pasado 24 de junio la naturaleza cambió las reglas del juego en un abrir y cerrar de ojos, cuando el doble terremoto que sacudió a la Gran Caracas y la zona central del país nos recordó que la seguridad puede desvanecerse en cuestión de segundos y que ninguna planificación es suficiente frente a la fuerza de un fenómeno natural, dejando al descubierto no solo edificaciones afectadas y comunidades en alerta, sino también emociones profundamente golpeadas que hoy buscan recuperar la tranquilidad. En el deporte aprendemos que los momentos más difíciles no son aquellos en los que el marcador está en contra, sino aquellos en los que el equipo olvida que solo la unión permite cambiar el rumbo del encuentro, razón por la cual esta realidad nos invita a comprender que la cancha dejó de ser un espacio deportivo para convertirse en Venezuela y que el uniforme lo llevamos todos.

Los grandes equipos no son recordados únicamente por los campeonatos que conquistaron, sino por la manera en que respondieron cuando parecían no existir razones para creer en la victoria, porque es precisamente en la dificultad donde aparecen el liderazgo, la solidaridad y la confianza mutua que distinguen a quienes entienden que el éxito nunca pertenece a una sola persona. Eso mismo hemos observado durante los últimos días, mientras rescatistas trabajan sin descanso, vecinos se organizan para ayudar a quienes más lo necesitan, voluntarios multiplican esfuerzos en los centros de acopio y ciudadanos anónimos ofrecen tiempo, alimentos, abrigo y esperanza, demostrando que aún en medio de la incertidumbre existe un país dispuesto a levantarse con la fuerza que solo produce el trabajo compartido.

Sin embargo, el partido más importante no solo desarrolla entre escombros ni en los lugares donde trabajan los equipos de emergencia, sino además en el mundo emocional de nuestros niños, quienes muchas veces no encuentran palabras para expresar el miedo que les dejó el movimiento de la tierra y continúan viviendo con la incertidumbre de que todo pueda volver a repetirse. Es precisamente allí donde el deporte adquiere un valor extraordinario, porque cada juego organizado, cada carrera, cada lanzamiento, cada dinámica recreativa y cada espacio de encuentro representan mucho más que una actividad física, convirtiéndose en una oportunidad para que los pequeños vuelvan a sonreír, recuperen la confianza en quienes los rodean y descubran que también es posible volver a sentirse seguros después de haber vivido una experiencia tan impactante.

Conviene recordar que el deporte nunca ha sido únicamente una competencia o un espectáculo, ya que también constituye una herramienta para fortalecer la salud emocional, reconstruir vínculos sociales y devolver la esperanza cuando las circunstancias parecen imponerse sobre el ánimo colectivo. Un balón compartido entre varios niños, una jornada recreativa en una escuela, una actividad organizada en una plaza o un entrenamiento adaptado dentro de un refugio pueden convertirse en el mejor camino para disminuir la tensión, aliviar el estrés, favorecer la convivencia y ayudar a que muchas familias recuperen paso a paso la sensación de normalidad que el terremoto les arrebató, porque el movimiento del cuerpo también fortalece el espíritu y devuelve la confianza para seguir adelante.

Hoy el llamado va dirigido a toda la comunidad deportiva venezolana, desde dirigentes y entrenadores hasta atletas, clubes, asociaciones y aficionados, para que las instalaciones que se encuentren en condiciones seguras no solo sirvan como espacios para entrenar, sino también como lugares de encuentro, solidaridad y bienestar emocional donde nuestros niños y sus familias puedan reencontrarse con la esperanza. La reconstrucción de un país comienza mucho antes de reparar carreteras, viviendas o edificios, porque empieza cuando fortalecemos el corazón de su gente y entendemos que nadie supera una crisis caminando en solitario. La acción de este tiempo consiste en acompañar al caído, multiplicar los gestos de solidaridad y demostrar que, aunque la tierra se haya movido bajo nuestros pies, cuando la cancha es el país y el equipo somos todos siempre existirá una oportunidad para levantarnos y seguir jugando por Venezuela. Hasta la próxima, con el favor de Dios. Para contactos: @Joseceden o Facebook / José E Cedeño Gonzalez (El hijo mayor de Otilia Gonzalez).

 

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