Opinión

Jesús Ponce, la grandeza silenciosa de buen referente

Quienes tuvieron el privilegio de verlo competir recuerdan a un jugador completo, disciplinado y generoso con el colectivo.
José Cedeño
domingo, 26 julio 2026

En el deporte, como en la vida, existen jugadores que no necesitan levantar la voz para hacerse inmensas, ya que son hombres cuya historia se escribe con trabajo, sacrificio y una fidelidad inquebrantable a los valores que dignifican la competencia. Jesús Ponce pertenece a esa estirpe de deportistas que entendieron que el verdadero prestigio no se conquista con palabras, sino con hechos. Desde sus primeros pasos en el Club Deportivo Los Sabanales comenzó a forjar un camino de esfuerzo que, con el paso de los años, lo convertiría en uno de los nombres más respetados del fútbol de salón en el estado Bolívar y en un digno representante del deporte venezolano.

Quienes tuvieron el privilegio de verlo competir recuerdan a un jugador completo, disciplinado y generoso con el colectivo. Su mayor virtud nunca fue ocupar los titulares, sino convertirse en ese compañero confiable que siempre respondía cuando el equipo más lo necesitaba. Compartió el rectángulo de juego con grandes exponentes de su generación, pero jamás fue un simple acompañante de lujo. Él también escribió su propia historia, porque el respeto de los rivales y la admiración de la afición solo se alcanzan cuando el talento camina de la mano con la humildad. Esa fue, precisamente, la marca que distinguió toda su carrera como jugador de futbol de salón.

Ciudad Guayana disfrutó durante muchos años de la calidad de un jugador que hizo de cada campeonato una demostración de compromiso y amor por la camiseta. Sin embargo, su historia estaba destinada a trascender las fronteras regionales. Representando al estado Bolívar en competencias nacionales, Jesús Ponce llevó consigo algo más importante que un uniforme, llevó el orgullo de una tierra acostumbrada a formar atletas de carácter. En cada torneo dejó el nombre de su estado en alto, convencido de que defender unos colores es también defender la identidad y los sueños de un pueblo entero.

El profesionalismo también reconoció su talento cuando vistió los colores de Caciques de Monagas, aquella etapa confirmó que su calidad estaba preparada para competir en escenarios de mayor exigencia, donde cada partido pone a prueba el carácter de los verdaderos deportistas. En Monagas no solo dejó buenas actuaciones; dejó amigos, respeto y el recuerdo imborrable de un jugador que entendía que la grandeza no consiste únicamente en ganar, sino en la forma honorable de competir. Esa huella permanece viva porque los buenos atletas son admirados, pero los buenos seres humanos nunca son olvidados.

Hoy, cuando el tiempo invita a mirar hacia atrás para reconocer a quienes ayudaron a construir la historia del fútbol de salón venezolano, el nombre de Jesús Ponce aparece con absoluta justicia entre esos protagonistas que dignificaron este deporte. Su legado trasciende los campeonatos y las estadísticas, porque las cifras envejecen, mientras los ejemplos permanecen. Las nuevas generaciones necesitan conocer historias como la suya para comprender que el éxito no siempre hace ruido y que las carreras más valiosas son aquellas que dejan enseñanzas. Al final, los partidos terminan, los aplausos se apagan y los trofeos encuentran un lugar en una vitrina; pero los referentes auténticos, esos que honran el deporte con su conducta y su entrega, permanecen para siempre en la memoria de quienes aman esta disciplina, así es Jesús Ponce. Queridas lectoras y lectores, hasta la próxima, con el favor de Dios. Para contactos: @Joseceden o Facebook / José E Cedeño Gonzalez (El hijo mayor de Otilia Gonzalez).

 

Ten la información al instante en tu celular. Únete al grupo de Diario Primicia en WhatsApp a través del siguiente linkhttps://chat.whatsapp.com/KmIu177vtD1K9KnLMwoNgo

También estamos en Telegram como @DiarioPrimicia, únete aquí:https://t.me/diarioprimicia

Lea También:
error: