Opinión

Industria y desarrollo en Venezuela

"El petróleo fue para Venezuela, el factor principal que catapultó su desarrollo".
jueves, 26 noviembre 2020

La economía es una de las ciencias sociales más importantes de la actividad humana.

Consta de tres sectores; el primario, tiene que ver con la extracción de materias primas; a él pertenecen, la agricultura, la ganadería, la pesca, y la minería.

El sector secundario o industrial, consiste en procesar las materias primas para convertirlas en productos semielaborados o elaborados; y el terciario, es aquel al cual pertenecen las finanzas, el turismo, el comercio, las comunicaciones y el transporte. Este último es el sector económico que siempre generó la mayor cantidad de empleos.

Esta clasificación que los expertos hacen de la economía, nos obliga a efectuar algunos comentarios pertinentes.

Venezuela fue, tradicionalmente, un país agrícola. Nuestros ingresos nacionales dependían fundamentalmente, del café y del cacao. Estos rubros generaban una renta menguada. Ella no era suficiente para desarrollar infraestructuras modernas y mucho menos, industrializar el país. Por esa época, hasta la administración pública, tenía visos de extrema pobreza.

El descubrimiento del primer yacimiento, el Zumaque I, da inicio a la era petrolera venezolana. Eso fue un 31 de julio de 1914. Con este hallazgo, comienza la transformación del país.

Años después, también se descubriría yacimientos de mineral de hierro, en El Pao (Florero) y en Cerro Bolívar (La Pandura), ambos en el estado Bolívar. Estos comenzaron a explotarse a mitad del siglo XX. Los ingresos por ellos generados, contribuyeron igualmente, con el erario público.

El petróleo fue para Venezuela, el factor fundamental que catapultó su desarrollo. El valor de dicho petróleo, en esos tiempos, tuvo un componente estratégico, por cuanto el mismo comenzó a colocarse en el mercado, cuando muchos países del mundo se encontraban en un franco y acelerado proceso de desarrollo industrial.

Eran momentos de mucha demanda de hidrocarburos. Coincide también este incremento de la explotación de nuestro petróleo, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y poco después, con la guerra de Indochina y Vietnam.

Estos sucesos bélicos, no solo multiplicaban el consumo de enormes volúmenes de combustibles, sino que alienaba recursos para la búsqueda de fuentes alternativas.

Los ingresos del país, a partir de los años 30 y 40, crecieron aceleradamente, y de la mano de ellos, nuestra economía. Por esa época, solo el Estado era el tenedor de grandes capitales; ello, producto de una generosa renta petrolera y minera.

La «clase pudiente» nacional o sector privado, por su parte, estaba constituida por unos pocos hacendados, pequeños comerciantes y algunos tímidos emprendedores, que se iniciaban como industriales.

Durante esos años, el país tuvo gobiernos de distintas tendencias y diferentes concepciones ideológicas; autoritarios unos, y democráticos otros; sin embargo, todos tomaron la misma senda: invertir los recursos del petróleo en obras públicas, que incluía viviendas, escuelas, hospitales, carreteras, acueductos, y hasta represas hidráulicas, para el consumo doméstico, agua para riego y otras para la producción de energía eléctrica.

También, el Estado invirtió importantes cantidades de recursos en agricultura y ganadería (sector primario), y en sectores de producción de acero y aluminio (sector secundario); de igual forma, en telecomunicaciones, transporte y turismo (sector terciario).

Lo hicieron los Perezjimenistas, los adecos y los copeyanos también. Paradójicamente, el gobierno que dispuso de la mayor cantidad de recursos financieros en toda la historia de nuestro país, fue el del Psuv, o oficialismo del Siglo XXI.

Hoy, con asombro y desdén, podemos decir, que fue el que menos invirtió en obras de interés público; y de las relativamente pocas que se iniciaron, la mayoría quedaron inconclusas.

En resumen, podemos decir que el Estado, desde 1940 hasta 1999, cumplió un rol de suprema importancia y trascendencia en el desarrollo integral de la nación. Se atendió generosamente a los sectores primarios, secundarios y terciarios de la economía.

Los bienes producidos en fábricas o plantas como las de Sidor, Alcasa, Venalum, Edelca, las cementeras, las refinerías productoras de combustibles y lubricantes, todos sirvieron para satisfacer necesidades importantes de distintos sectores.

Quienes mayormente demandaron productos y servicios de ellos, fueron industrias como la de la construcción, alimentos y bebidas, del transporte y del plástico también.

El desarrollo del sector primario (minería), sin embargo, no fue más promisorio, porque en Venezuela, la mayor parte de las riquezas que están en el subsuelo, conforme a la Constitución, deben ser explotadas por el Estado.

El sector secundario de la economía, tanto el público como el privado, experimentaron un auge vertiginoso. Se construyeron fábricas de todo tipo, por todo el país.

Esta política fue la que hizo grande a Pdvsa, a la CVG y a varias Corporaciones regionales; y con el crecimiento del sector público, también creció la economía y la demanda aumentó, haciendo posible el desarrollo de un sector privado dinámico y próspero.

Lo hizo en las áreas de tabaco, bebidas y alimentos, metalmecánico, automotriz, farmacéuticos, textiles, del calzado y otros. Fueron inversiones eficientes, algunas con tecnologías de punta, pero todas, respondiendo a las demandas de un mercado cada día más exigente.

Es cierto que hubo gran empeño político por desarrollar el país y también lo hubo por parte del sector privado, quienes marchaban de la mano para engrandecer a la nación.

Hubo decisiones del Estado que perfeccionaron nuestro modelo económico. La privatización de Cantv y Sidor, fueron decisiones acertadas y exitosas; se tiene la idea de que por ese camino, íbamos marcando senderos de prosperidad para el país y para el ciudadano también.

Hubo, igualmente, decisiones erradas, como la nacionalización del hierro y del petróleo; pero con seguridad, el tiempo nos habría permitido la enmienda.

La Venezuela de hoy, sin embargo, es la cara oscura de la Luna. Tenemos que presentar un sector primario, con una agricultura devastada. No hay abonos y las semillas, al igual que los pesticidas, son costosos y escasos. La maquinaria agrícola está diezmada y su mantenimiento o sustitución, es prohibitivo por sus elevados costos y falta de oferta. No hay incentivos para la cría de ganado vacuno o porcino; la regulación de los precios de la carne, hace imposible su producción.

El sector secundario, propiedad del Estado, incluido aquel que fue expropiado o confiscado en sesiones públicas vejatorias, ha sido igualmente semidestruido y su capacidad de producción, en promedio, no alcanza 5 %.

Por otro lado, el privado, apenas opera a un 20% de su capacidad instalada; hay múltiples razones: disminución de la demanda por falta de poder adquisitivo del pueblo, o disminución de la oferta por la incapacidad de producir debido a la carencia de materias primas.

El sector terciario, ha sido disminuido y hasta llevado a la bancarrota; el transporte público está paralizado en un 80 % debido a la falta de combustible; los repuestos, por su parte, son muy escasos.

La banca está atravesando por el peor momento de su historia. No hay liquidez, la hiperinflación es galopante y no hay posibilidades de otorgar crédito alguno. Ciertos bancos han reducido drásticamente sus nóminas de personal y cerrado muchas de sus agencias.

El Turismo es inexistente. La falta de libre convertibilidad de la moneda, la pandemia, la hiperinflación, la inseguridad y la carencia de combustible, la volvieron invisible. Las comunicaciones son altamente ineficientes. Lo que la nación tardó sesenta años en construir, este régimen lo abatió en menos de una década.

De esta destrucción, también son víctimas, el teatro, el cine, los servicios públicos, la salud, la educación, la cultura y hasta los buenos modales. A pesar de ello, la esperanza nace todos los días, en cada venezolano de bien; florece en cada corazón y se hace presente en toda la nación.

Es el sueño de volver a reconstruir este país y de hacerlo más grande y mejor. La experiencia nos donó una nueva brújula, más sabia y con nuevos valores; también heredamos los sueños, la determinación, la cual nos insufla fuerza y conciencia para reorientar el camino que tenemos por recorrer.

Solo espero vivir un poco más para ver la materialización de tantos planes.

«En 1934 Venezuela tenía 3,4 millones de habitantes y producía 399.000 barriles diarios de petróleo. Hoy producimos esa misma cantidad pero tenemos 30 millones de habitantes».
José Toro Hardy.

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