Opinión

Hablemos hoy de: Un Sueño

"Las calles estaban impecables de limpio, tenían sistemas de contenedores para clasificar los desechos y mostraban el horario en el que pasarían los camiones recolectores para retirarlos".
martes, 06 agosto 2019

Caminaba bajo un extraño sentimiento de dicha, alegría, satisfacción, emoción. Era una mezcla de sentimientos que tal vez tenía algún tiempo que no sentía de esa bonita manera, esas emociones que alegran el espíritu y nos llena de esperanza, que nos invita a ver la vida de una forma más humana, que hace que los sentimientos más hermosos que podemos demostrar los seres humanos, se muestren sin restricciones de ningún tipo, en otras palabras, que nos deja ser lo que somos tanto por dentro como por fuera.

En ese momento, sentí que nos podíamos mostrar como verdaderos seres humanos agradecidos con Dios por permitirnos volver a vivir nuestra esencia desde el corazón.

En el sueño me paseaba por una ciudad en la que las personas tenían un comportamiento un tanto extraño, pues era muy correcto como para ser verdad. Sí, realmente la gente respetaba las normas de convivencia ciudadana de una manera natural, uno que otro loco en el camino pero nada fuera de lo normal, incluso pienso que formaba parte de la armonía en la que se desenvolvía el momento.

La cortesía se manifestaba en todos, cediendo el paso, abriendo la puerta a damas, niños, abuelos, incluso a caballeros pues era simplemente un gesto de amabilidad, respetando el paso en los semáforos, cediendo el puesto en el transporte público a otros que lo necesitaban más, nadie lanzaba desperdicios al suelo, nadie caminaba de forma atropellada, todo era armonía y fluidez que hacía que el aire que se respiraba, se sintiera limpio, fresco, y con aroma de libertad.

Pero eso no era todo, en mi recorrido también pude observar que los servicios en esa ciudad funcionaban de manera perfecta.

Las calles estaban impecables de limpio, tenían sistemas de contenedores para clasificar los desechos y mostraban el horario en el que pasarían los camiones recolectores para retirarlos. En algunos sitios estratégicos de la ciudad, había locales dispuestos para la recolección de desechos peligrosos como las pilas y baterías, incluyendo la de los celulares. Todo esto porque existían programas de educación ambiental que informaban a los ciudadanos la importancia de conservar el ambiente y el establecimiento de una relación armónica entre el hombre y la naturaleza.

Las calles tenían su respectivo rayado con pintura impecable, los semáforos eran de los que llaman inteligentes que permiten armonizar un poco el tránsito de vehículos, los policías viales vestían de manera elegante sus uniformes y el trato que generaban era merecedor del respeto de todos. Los sistemas de agua potable de la ciudad eran de tecnología actualizada ya que se podía tomar agua directa del chorro pues era de una pureza extraordinaria.

La energía eléctrica funcionaba de maravilla y todo el sistema era subterráneo, las calles, locales comerciales y edificios estaban tan alumbrados que se podría ver desde el espacio, todo esto eran signos de desarrollo.

La gente caminaba por las calles con libertad y soltura, algunas reuniones de encuentros casuales, se comunicaban tranquilamente a través de sus teléfonos móviles y la dinámica que se observaba era la de una gran ciudad. No había inseguridad.

Era algo maravilloso, pues el nivel cultural había crecido tanto que la gente trataba de manera natural a las personas con discapacidad y respetaban los puestos de estacionamiento marcados con el logo mundial de discapacidad. En los rostros de todos se podía observar frescura, calma y sosiego. En pocas palabras, la gente estaba viviendo y caminaban al ritmo de la vida con tranquilidad y hacia su destino el cual prometía por lo natural de sus rostros, ser muy positivo y conducirlos en la ruta de la felicidad. O mejor dicho, cada quien era feliz a su estilo.
Otra cosa que me llamó la atención fue la forma como me atendió un empleado público en una oficina del estado. Quedé muy sorprendido porque su amabilidad era increíble, incluso la oficina era sumamente bonita, con colores que invitaban al descanso y hacían un juego interesante con la forma tan educada que actuaba el personal. Resolvieron el trámite de manera inmediata y me entregaron el documento con un siempre a la orden. Por supuesto agradecí su amabilidad y el excelente servicio prestado.

Pero mi recorrido continuaba, y en este momento les comento que uno de los aspectos que más me llamó la atención fue ver a una ciudad humanizada en la cual nadie tenía derecho a mostrar un comportamiento inadecuado.

Sus locales estaban llenos de personas compartiendo momentos gratos, las sonrisas se dibujaban en el rostro de todos, la dinámica de la ciudad caminaba al ritmo de la música, del ruido de los vehículos, de la gente, del ambiente y todo confluía, en una forma maravillosa de ver la vida de manera objetiva y acorde con la dinámica que mueve a las grandes ciudades.

Todo esto era el resultado de largas jornadas laborales que hacían que las empresas, industrias, comercios, organismos e instituciones tanto públicas como privadas, funcionaran de manera óptima, con personal altamente calificado, con eficacia y eficiencia para que sus procesos pudieran generar el rendimiento esperado y así, lograr las metas de producción propuestas bajo esquemas altamente competitivos y con estándares que los posicionaran entre las mejores del mundo.

De esta forma también podían pagar a su personal sueldos y salarios respetables que les permitiera tener calidad de vida junto a sus familias.

De una manera directa, todo esto contribuía a tener ciudadanos comprometidos no solo en el ámbito laboral, sino en el contexto social y con un comportamiento más humano que traería como resultado, ciudades armónicas y humanizadas.

Una de sus mejores aspectos era su sistema educativo, óptimo y eficiente.

Y mi sueño concluye cuando abrí los ojos y me di cuenta que esa ciudad se llama Venezuela, y me dije, mi sueño puede hacerse realidad, solo nos hace falta desarrollar nuestra conciencia, tomar los mejores ejemplos que existen sin el temor de pensar que no seremos originales al hacerlo, debemos recordar que una de las premisas de la vida es que debemos tomar lo bueno de los buenos y de los malos, simplemente nada. Juntos podemos lograrlo.

Tenemos todo para hacerlo realidad, la mayor fortaleza que tiene nuestro país es su gente, joven, alegre, inteligente, buena, dinámica, creativa, original, humana, solidaria, y en general y lo mejor, que por nuestras venas corre venezolanidad.

 

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