Hablemos hoy de: Un momento de paz y espiritualidad
Tal vez si los seres humanos nos diéramos el permiso de regalarle a nuestra vida un espacio de paz y espiritualidad, la sociedad del mundo sería diferente. Habría un paréntesis entre el estrés y la tranquilidad, y nos obsequiaríamos momentos maravillosos que alimentarían el alma y el espíritu, y nos mostrarían cuán grande puede ser la paz interior cuando nos permitimos vernos hacia dentro.
La espiritualidad es hermosa, y en un momento absolutamente consciente podemos conectarnos con lo más profundo del universo, con lo divino, lo natural, y cultivar a la vez, la paz interna y el agradecimiento hacia todo lo que recibimos cada día. Invirtiendo un tiempo corto de concentración y meditación, de un silencio absoluto coordinado con nuestra respiración, y la mente ubicada con claridad en el espacio físico que ocupamos en ese especial momento, seguro alcanzaremos ese maravilloso estado.
Podemos disfrutar de un momento de espiritualidad, haciendo una pausa consciente que nos permita establecer una conexión con lo divino (Dios), la naturaleza, el universo, nuestro interior, el agradecimiento por estar y por formar parte de esta maravillosa aventura llamada vida, todo a través de la oración con fe, ejercicios de meditación, de respiración y en profundo silencio, conectándonos con el espacio y el tiempo.
El resultado de este regalo que nos podemos hacer en diferentes momentos de nuestra vida, nos puede llevar a reencontrarnos con nosotros mismos y generar una sensación maravillosa que nos permite ver la magnitud de nuestra vida y de todo lo hermoso que nos rodea.
Puede ser tan hermoso como el sentimiento que se despierta en nosotros cuando estamos frente a la imagen de Jesús, y mirándolo a los ojos, recibimos la extraordinaria energía que irradia en el espacio desde su Ser.
La espiritualidad nos ayuda a reconectar con algo que es más grande que nuestra identidad.
Y, una vez que se establece esa conexión, podemos encontrar la paz que es un estado de armonía, tranquilidad, sosiego, sin conflictos ni preocupaciones, además de estabilidad y seguridad que nos permite estar en equilibrio y libertad.
Cuando nos conectamos con la espiritualidad somos capaces de generar respuestas muy positivas hacia nuestro entorno. Y cuando la conectamos con la paz, nos convertimos en seres de bien que solo puede establecer relaciones asertivas, de igualdad, equilibrio y en perfecta armonía con el deber ser de la vida.
Y aunque pareciera que a muchos no les gusta vivir en paz, el denominador común nos indica que el estado óptimo deseado por el ser humano, es precisamente vivir en paz.
Nada mejor, que en estos tiempos de dificultades, de nubes oscuras en el espacio, de conflictos mundiales, de pobreza espiritual, mental y social, nos regaláramos una profunda reflexión sobre lo que estamos haciendo y hacia dónde se dirige la humanidad por este camino. Seguramente los resultados generarán una profunda reflexión y nos hará despertar, porque aún estamos a tiempo de salvar al mundo y al ser humano.
Solo debemos hacer el ejercicio de vernos y ver a los demás como seres espirituales, emocionales y de bien.
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Trisomía 21
