Opinión

Hablemos hoy de: Cosas de la vida

Si como seres humanos servimos a los demás, el universo nos protegerá porque esa es una de las razones de la vida.
martes, 13 agosto 2019

Vivir no es fácil pero es el mayor regalo que nos da Dios.

Solo con un mensaje corto podrás decirle a quienes están en tu vida, que nunca los olvidarás. Porque recuerda que los mejores momentos que vivimos, los compartimos con nuestra familia y nuestros verdaderos amigos.

Tómate el tiempo para vivir, tómate el tiempo para enseñar a otros a vivir, porque a nuestro alrededor existe gente maravillosa que nos honra con su amor y amistad.
Nunca debemos olvidar que los mejores valores están dentro de cada uno de nosotros, por lo tanto debemos permitir que se muestren de manera natural pues son el motor que mueve nuestras vidas ya que ellos mostrarán nuestras acciones, las cuales a su vez, profundizarán nuestros valores. Debemos reconocerlos y practicarlos sin temor a confundirnos, o a la incertidumbre, ya que esta se puede transformar en miedos que a la larga afectará nuestra vida.

Si como seres humanos servimos a los demás, el universo nos protegerá porque esa es una de las razones de la vida. Por eso, no perdamos las oportunidades de ser y hacer felices a otros, pues nuestra vida puede ser efímera y el tiempo muy corto. No tenemos cómo adivinar por cuanto tiempo estaremos en este plano, por lo tanto vivamos el hoy, no nos descuidemos ni descuidemos a los nuestros, manifestemos con pasión los más hermosos sentimientos que tenemos y que queremos compartir con ellos.

Muchas veces la tristeza nos embarga, y la mayoría de las veces sucede por cuestiones pequeñas y sin mucho significado, o que tal vez ni siquiera han sucedido. Esto nos hace perder un tiempo precioso de nuestras vidas. En oportunidades nos lleva a hablar demasiado cuando lo justo es callar, y a callar cuando debemos manifestar nuestras opiniones.
En repetidas oportunidades dejamos de abrazar, besar, y expresarnos porque creemos que los demás nos juzgarán automáticamente. En ese momento dejamos de ser nosotros mismos, afectando nuestro nivel de autoestima.

Cuando por diversas razones nos debilitamos podemos llegar a ser injustos, nos quejamos porque creemos que necesitamos cosas sin darnos cuenta que tenemos suficiente. Somos capaces incluso de descargar sobre otros o a la vida misma esas culpas que sentimos. Incluso muchas veces nos castigamos consumiéndonos en el egoísmo al comparar nuestras vidas con la de otros que pensamos tiene más que nosotros. Si la comparáramos con la de los que tienen menos nos daríamos cuenta que el resultado sería lo contrario. Pero el tiempo pasa y no perdona, poco a poco nos hace ver cuántos errores hemos cometido y a la vez, cuánto hemos dejado de vivir. Es allí cuando debemos reflexionar y dirigir la mirada hacia atrás, hablar con el hombre del espejo, evaluar nuestra autoestima, revisar nuestros valores para poder tomar decisiones que nos permitan salir de la confusión.

Esto nos debe llevar a darnos cuenta que aún hay tiempo para reconstruir, para perdonar y pedir perdón, para dar amor, para respetarnos, para ver que somos parte importante en la vida de muchas personas y que debemos estar agradecidos por la extraordinaria oportunidad de estar en este plano llamado vida.

Cito un extracto del libro del Dalai Lama, El arte de vivir en el nuevo milenio:
“Así pues, el estado global del individuo en lo relativo al corazón y la mente, o al espíritu, o bien la motivación en el momento de realizar sus actos, es en términos generales la clave para determinar si ese acto es acorde con la ética. Y esto es bien fácil de entender cuando consideramos cómo resultan afectados nuestros actos cuando nos embargan pensamientos y emociones negativas y poderosas, como son el odio y la ira. En ese momento nuestra mente y nuestro corazón están envueltas en un tumulto, y esto no solo nos lleva a perder el sentido de la proporción y la perspectiva, sino que también, perderemos de vista el impacto más probable de nuestros actos sobre los demás” P. 40-41
Nunca es tarde, nunca se es demasiado viejo o demasiado joven para amar, para ser gentil, para agradar con palabras bonitas, para dar cariño, para ver la vida con alegría, para compartir, para disfrutar, para ser y demostrar que podemos estar en este plano, felices y agradecidos con Dios por permitirnos vivir esta hermosa aventura.

Practiquemos los valores y sembrémoslos en nuestros hijos que son el futuro de la humanidad. Aportemos para la construcción de sociedades justas y equilibradas.

Vivamos nuestra propia vida, vivamos el hoy con agradecimiento y Dios nunca se apartará de nosotros.

 

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