Hablemos hoy de: Apresurar el tiempo
Sí, desde hace un tiempo importante la gente vive apresurada sintiendo que el tiempo se escapa, que no le alcanza, que necesita de mucho más, y esto es una realidad inventada e impulsada por la dinámica y la rutina actual. La sobrecarga de compromisos, los multitrabajos en busca de una mejor posición económica, la familia, y la presión social, entre otras, generan ansiedad, insomnio, estrés, y reduce el tiempo para vivir la vida de calidad, pues se traduce en una menor capacidad para disfrutar de los placeres que brinda el universo.
Y, si colocamos en la balanza la vida acelerada y la vida normal, nos daremos cuenta que la primera tiene sus beneficios para quienes solo piensan en producir, pero esto solo les generará buenos resultados, cuando lo manejen desde la conciencia en equilibrio, de lo contrario las consecuencias serán muy negativas afectando la salud física y mental. La segunda es la manera óptima para vivir.
Cuando alguien dice que el tiempo pasa sin pedir permiso, solo está hablando de la velocidad, la rapidez, y de la manera casi invisible en que pasa la vida. Y, si analizamos con objetividad, nos daremos cuenta que es una realidad inocultable, los hijos crecen casi sin que nos demos cuenta, la edad nos cae encima de una manera muy rápida, de repente recibimos la carta de cese de funciones por el tiempo de servicio, en un pequeño descuido ya nos llaman abuelos y es en ese momento cuando nos vemos al espejo y nos damos cuenta que alguien pintó nuestro cabello con cintas de plata que tal vez no habíamos querido ver.
Y es el momento de reflexionar, de ver hacia dentro, de revisar lo que hemos hecho y cuánto nos falta por hacer, de mejorar las relaciones con el señor tiempo, de valorar cada segundo del presente, de no dejar nada para más tarde, de no permitir que las cosas se marchen al recuerdo sin haberlas disfrutado, de adelantarnos al tiempo antes que los hechos sucedan, y como el tiempo no nos da tregua, pues caminemos junto a él sin darle muchas oportunidades que nos atropelle y nos deje atrás por estar dormidos.
El tiempo nos invita a cambiar, a prestarle atención a los detalles por muy pequeños que sean, a no posponer las cosas, a aceptar que las etapas y los ciclos se cierran, que todos pasamos de plano en cualquier momento, que el presente es lo que más debemos valorar, y que somos nosotros los que debemos poner en orden nuestra vida y a qué velocidad la queremos vivir.
Pues sí, es muy cierto que muchas personas se dejan arroyar por la dinámica del mundo, viven en un apuro constante, permiten que la sociedad los condicione, asumen demasiados compromisos, las ansias por el dinero los mantiene presos en una mentalidad de productividad, son víctimas del estrés, y muchas veces no encuentran la manera de salir del atolladero, porque han llegado a sentir que este mundo simplemente es así y hay que aceptarlo.
Pero nada más falso que eso, Dios y el universo nos dan absolutamente todo para que seamos felices, para que aprendamos a vivir en armonía, para que no nos falten las cosas pues tenemos la capacidad para procurar lo que necesitamos, para unirnos y construir buenos caminos, para disfrutar de tantos placeres que existen, para dar gracias por cada amanecer, por respirar, ver, sentir, tocar, y formar parte de un proyecto hermoso que fue creado para todos llamado vida.
El tiempo pasa sin pedir permiso, pero debemos dar gracias porque siempre nos deja obsequios maravillosos, días grandes, experiencias únicas, y lecciones que nos acompañarán en nuestra travesía por el mundo real, hasta el final de nuestros días. Infinitamente agradecido.
Nunca te detengas, sigue adelante siempre.
Sabes ¿qué es la Grafología?
Una técnica para interpretar la escritura a mano.
