Opinión

El TSJ que necesitamos

“Debe procurarse al extremo que tanto las Autoridades del CNE y del TSJ seleccionadas, no representen intereses políticos partidistas, esto es, simplemente cumplir con la Constitución, la cual establece como requisito indispensable para la conformación de esos poderes, la inexistencia de afiliación política de sus miembros”.
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lunes, 03 agosto 2026

Escribo estas líneas en vísperas a la primera mesa de diálogo entre el interinato y la oposición luego de los sucesos del 3 de Enero, como ha de esperarse dicha reunión ha generado altas expectativas en la sociedad venezolana, aunque también se mira desde un sector con cierto escepticismo, que nace de la historia negativa donde se han inscrito las anteriores ediciones de estos mecanismos.

Existe un elemento diferenciador esta vez, ya que a todas luces el oficialismo acude con poco margen de discrecionalidad derivado de la presión que ejerce Washington, lo que podría ser al menos un factor real que haga posible, no sólo llegar a los necesarios acuerdos para la transición, sino también al cumplimiento efectivo de lo acordado, sin que luego se burle el compromiso como bien ha ocurrido en el pasado.

Dentro de los puntos a tratar se encuentra la conformación de los comités de postulación para la escogencia de los Rectores del CNE y los Magistrados que compondrán las distintas Salas del TSJ, siendo estos últimos los que considero, la base fundamental para la urgente reinstitucionalización democrática, ya que es la institución del Juez y no otra, quien posee las facultades necesarias para mantener el equilibrio entre el Poder del Estado y la Ciudadanía, o el hito que separa el orden de la barbarie.

Esta nueva ilusión ha permitido recrearme una lista de los más básicos elementos, que han de producirse para que estos eventuales retos alcancen la satisfacción de sus objetivos honestos, y como siempre lo he expresado, esto no debe tomarse como una receta infalible, sino más bien como una modesta contribución desde la gesta ciudadana para la reconstrucción nacional que clama el país.

La Política nos trajo a estos destinos y es a través de ella que definitivamente lograremos cambiarlos, pero esta vez la Política, o más bien los políticos, deben aceptar sus errores con hidalguía y a partir de ese reconocimiento, comenzar a desmontar el monstruoso estado que han creado, algunos con más otros con menos responsabilidad pero responsables todos al final.

El primer elemento de esa lista de prioridades básicas recreada, pienso que ha de colocarse como requisito ineludible de cualquier acuerdo, que debe procurarse al extremo que tanto las Autoridades del CNE y del TSJ seleccionadas, no representen intereses políticos partidistas, esto es, simplemente cumplir con la Constitución, la cual establece como requisito indispensable para la conformación de esos poderes, la inexistencia de afiliación política de sus miembros.

El Poder Político debe retornarse a su cauce original, debiendo en consecuencia ordenarse de inmediato la reducción a cero de activistas políticos dentro de los poderes, salvo el Legislativo el cual es el lugar natural de convivencia de la política partidista, la orden debe ser clara, fuera la política de los Poderes Públicos del Estado, mucho más de los entes electoral y judicial, más que demostrado que el control político de estos resultó altamente nocivo para toda la nación, ya no debe tratarse de la repartición de cargos, debe por primigenia vez escogerse a ciudadanos probos, honestos, calificados, decentes, profesionales y sin prontuario político, que los hay y por miles.

Como segundo elemento y luego de logrado ese primer objetivo se debe, aunque parezca increíble y paradójicamente sea el primer deber de toda autoridad pública, cumplir y hacer cumplir la ley, el más jurado y el menos cumplido, la ley debe volver a tener consecuencia, tanto para el que la cumple como para el que la incumple, hay que erradicar el favorecimiento selectivo, todos somos iguales ante la ley, y para que esto sea posible debe ordenarse la devolución de la independencia y autonomía del cargo, del que fueron despojados miles de jueces y fiscales a nivel nacional, no hay espacio ya para la manipulación política de juicios, el estado de derecho ha de ser resucitado y resguardado a toda costa.

El tercer elemento ha de ser entonces la dignificación de los operadores públicos, ningún poder funciona desde la miseria, y no es por justificar la corrupción pero los sueldos y salarios de hambre son la puerta de entrada y bienvenida a ésta, la recomposición ha de ser integral, tomando el elemento humano como primordial, instituciones sanas nacen de funcionarios sanos en el más amplio sentido de esta palabra, un funcionario que tiene cubiertas todas necesidades y a total satisfacción, será alguien dedicado, comprometido y concentrado con su labor, lo que repercutirá indudablemente en una gestión confiable y de calidad.

El Tribunal Supremo de Justicia se erige como las más alta Tribuna desde donde se ejerce la supervigilancia de la Constitución, no como simple intérprete de ésta sino como mecanismo efectivo para hacerla posible, incluso cuando el Estado y su poder intenten impedirlo, por tanto debe volverse a la concepción histórica en la que una Sentencia vuelva a tener más poder que un arma, que una orden militar o una instrucción política, justo allí comenzará la verdadera reanimación de la Democracia.

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