El futsal vuelve a reunir a sus glorias
Antes de los días de Navidad de 2025, el timbre de alerta de mi teléfono celular interrumpió la rutina cotidiana. Al tomarlo entre mis manos, observé en la pantalla un nombre que no pasa desapercibido para quienes conocen la historia del fútbol de salón en el estado Bolívar: Carlos Medina. Tras el saludo riguroso y fraterno, acompañado de la pregunta que siempre humaniza la conversación ¿Cómo estás?, ¿cómo está el hijo mayor de Otilia González? le confirmé que todo marchaba bien. Acto seguido, llegó el motivo de la llamada: una invitación sincera y cargada de simbolismo al encuentro de fin de año de las Glorias del Fútbol de Salón del estado Bolívar. La respuesta fue inmediata y sin titubeos: “Sí asistiré, cuenta conmigo le manifesté”.
El encuentro tuvo como epicentro Puerto Ordaz y se llevó a cabo el 27 de diciembre de 2025, a partir de las 10:00 de la mañana, en las instalaciones del Gimnasio Hermanas González. Desde tempranas horas, el recinto comenzó a llenarse no solo de jugadores, sino también de familiares, amigos y amantes del fútbol de salón, quienes acudieron movidos por la nostalgia, el respeto y el amor por este deporte que tantas alegrías ha dado a la región. Dirigentes y salonistas, activos y retirados, se reencontraron en un ambiente donde la competencia fue secundaria y el abrazo tuvo protagonismo.
La alta participación hizo necesario organizar dos encuentros deportivos, ambos disfrutados a plenitud. Más allá del marcador, lo verdaderamente valioso ocurrió en los márgenes de la cancha. Las anécdotas no dejaban de contarse y los protagonistas disfrutaban reviviendo episodios que forman parte de la memoria colectiva del fútbol de salón guayanés. Se evocaron juegos memorables protagonizados por quintetos históricos como Los Sabanales, Doña Bárbara, Ecuador (UD-103), La Esperanza, UD-145, UD-104, Hermanos Mesías, Combinación Espacial, Deportivo 17, José Gregorio Hernández y Deportivo Ventuari, Deportivo Los Monos, entre otros. Cada nombre mencionado despertaba sonrisas, respeto y admiración, confirmando que estas historias siguen vivas en quienes las protagonizaron y en quienes hoy las recuerdan con orgullo.
Fue significativo observar la presencia de salonistas de la ciudad y de otros que hoy residen fuera del estado Bolívar, quienes no dudaron en regresar para honrar este espacio de reencuentro. Su asistencia enalteció el evento y confirmó que la identidad del fútbol de salón guayanés trasciende fronteras geográficas y temporales. Allí quedó claro que el arraigo no se pierde con la distancia, y que el sentido de pertenencia se fortalece cuando la memoria convoca.
Es importante señalar que este no fue el único encuentro celebrado durante la temporada decembrina. También se realizaron actividades organizadas por el Club Doña Bárbara, el club Guaiparo y el Club Hermanos Mesías, este último suspendido debido a lo comprometido de la agenda de fin de año y a competencias previamente programadas. Sin embargo, lo verdaderamente relevante es que la familia del fútbol de salón guayanés logró congregarse, compartir y disfrutar de distintos espacios, reafirmando la cohesión y el espíritu de hermandad que caracteriza a esta disciplina.
En tiempos donde la inmediatez, la prisa y el individualismo parecen marcar la pauta, estos encuentros nos recuerdan que el verdadero triunfo no siempre se mide en goles ni en trofeos, la gran victoria está en volver a mirarnos a los ojos, en reconocernos como parte de una misma historia y en entender que el fútbol de salón sigue siendo un puente de unión, memoria y dignidad deportiva. Mientras existan espacios para el reencuentro, mientras las anécdotas sigan pasando de generación en generación y mientras el balón siga rodando con respeto y sentido de pertenencia, el fútbol de salón guayanés seguirá jugando su partido más importante: el de no olvidar de dónde viene y hacia dónde quiere ir. Queridos lectores, hasta la próxima, con el favor de Dios.
Para contactos: @Joseceden o Facebook / José E Cedeño Gonzalez (El hijo mayor de Otilia Gonzalez).
