Los Silos se convirtió en una morgue a cielo abierto
Médicos forenses con batas y gorros azules caminan entre decenas de bolsas mortuorias apiladas en el suelo en una improvisada morgue instalada en el puerto de La Guaira, la zona más devastadas por los terremotos de hace cinco días en Venezuela y donde sigue extrayendo cuerpos de los escombros de los edificios colapsados.
Algunos cuerpos ya están en ataúdes de madera, también sobre el piso. Cerca del toldo blanco donde se centra la operación, hay un centenar de urnas vacías a un costado y escombros al otro, constataron periodistas de la AFP.
El último balance es de poco más de 1.900 muertos, pero la cifra sigue en aumento y los forenses están desbordados. En los primeros días, los heridos y cadáveres fueron enviados a hospitales de la zona, pero las morgues de los centros de salud rápidamente colapsaron.
Una larga espera para identificar cuerpos
“Mi familia está ahí, me dicen que ahí están mi hermana y sus hijos, pues, y los hijos de mi hermano, el que sobrevivió”, dice Wilker Molalla, de 25 años, mientras espera que lo llamen para eventualmente identificar los cuerpos.
Esta familia vivía en un barrio de esa localidad. Eran 11 personas: solo Molalla y su hermano se salvaron porque estaban trabajando.
La espera en el puerto es larga. Los familiares aguardan en fila hasta poder entrar y reconocer a sus seres queridos o recibir sus cadáveres. Muchos llevan en las manos ramos de flores rojas, amarillas, blancas y fucsia.
Critican la falta de personal para atender la emergencia, una queja que se suma a las muchas sobre el manejo de la emergencia.
La búsqueda entre los escombros se hace, en la mayoría de los casos, sin ayuda de las autoridades.
“La reconocí por el anillo”
Los médicos y técnicos forenses trabajan al aire libre con los cadáveres bajo las lonas sostenidas con cuatro varas. Algunos de los cuerpos están cubiertos con cal, un procedimiento que algunos expertos estiman innecesario.
En el puerto de La Guaira entregan certificados de defunción y autorizaciones para la cremación. Allí también llega un camión identificado como “Unidad Especial de Desechos Hospitalarios” para llevarse los residuos de las autopsias.
“Yo vine ayer y caminé todo y caminé todo, y caminé todo, y no conseguí a mi hija”, expresa desolado Antony Marcano, un cocinero de 41 años.
“Hoy vine con más calma y gracias a Dios la conseguí, la identifiqué”, añadió. “La reconocí por el anillo que yo le regalé.”
Marcano participó en la recuperación del cuerpo, que explica estaba irreconocible. La ropa y el anillo ayudaron en la identificación.
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